VIERNES: El partido de rookies y sophomores ha llegado a un punto de no retorno, de imposible recuperación del evento a efectos del espectador. Parafraseando en modo negativo a un anuncio de la, hasta 2010, marca más valiosa del mundo (Coca-Cola, recién adelantada este año por Apple en esa clasificación), este partido no es ni para puristas, ni para iniciados, ni para pequeños amantes, ni para sacar conclusiones, ni para entretenerse. Un evento pensado en un primer momento para acercar a todo el mundo a jugadores recién llegados a la liga ha pasado a convertirse en un correcalles sin sentido donde determinados jugadores deciden asumir el protagonismo y anular toda opción de diversión más allá de algún mate bien trabajado. John Wall y DeMarcus Cousins, amigos que comparten pasado universitario en Kentucky y celos hacia la cada vez más creciente figura de Blake Griffin, decidieron aliarse y buscar un MVP compartido. Griffin, con poca presencia pensando en reservarse para el concurso de mates y el All-Star Game, apenas participó y dejo el terreno allanado para los antiguos Wildcats. Russell Westbrook y Michael Beasley son otros ejemplos de jugadores que decidieron que el protagonismo debía ser suyo y se cargaron el partido de los viernes. La NBA debe buscar algún tipo de solución para que este partido recupere algo de interés. De largo lo peor del fin de semana.
Respecto al Concurso de Habilidades poco más que añadir. Estaban los jugadores que todos hubiéramos pensado que estarían: Wall, Westbrook, Curry, Paul, Rose... sólo lamentar que no pudieran estar más nombres para ver ahí a Williams, Parker, Bledsoe, Evans o Jennings. En los triples concurso ramplón por culpa de quién elige a los participantes. Parece increíble que cuando preguntas a aficionados qué jugadores faltan en este concurso coincidan muchos nombres y aún así la NBA no parece darse cuenta. Que en un concurso de triples de la NBA falten Stephen Curry, J.J. Redick, Kyle Korver o Matt Bonner es irónico. Los nombres presentes no eran malos (salvo Durant), pero se podía mejorar ascendiendo 8 jugadores, entre ellos al menos tres de los cuatro antes mencionados. Las puntuaciones "salvables" de la final no deben esconder un concurso de lo peor que se ha visto en años. La suerte de este concurso es que es objetivo: el que mete más triples gana, sin votaciones. Sólo hay que llevar a los buenos.
Los mates mejoraron la imagen de los concursos hasta ese momento. Lástima que se produjeran demasiadas repeticiones de los mates y que algunos no se valoraran como es debido. Blake Griffin tenía sitio en la final aunque hubiera hecho dos mates de parado a dos manos, así que faltaba buscarle acompañante. DeRozan hizo el mejor mate del concurso y como tal se valoró (50), pero mereció más puntuación en el primero. Ibaka resultó original en su segundo mate (salvo en España) y pecó de confianza en el primero al pensar que el jurado valoraría más su mate desde el tiro libre que otros anteriores estando Julius Erving presente. Siendo un gran mate tampoco creo que mereciera muchos más de los 45 que le dieron: no es original y los ha habido mejores (Carter en 2000). McGee sorprendió muchísimo con sus tres primeros mates pero abandonó cuando Griffin terminó de montar su show. Griffin, el vencedor, ganó sorprendentemente. Y no es ironía, porque seguramente a muchos nos sorprendió que Griffin no realizara mejores mates. Su primero es buenísmo, pero el segundo y tercero no resultaron originales, aunque seguían siendo buenos. Después del coro Gospel y el "I Believe I can fly" llegó el coche y la decepción total. Griffin saltó por encima del capó y no por la parte más alta y la sensación fue de frialdad. Concurso con buenos mates que fue de menos a más.
DOMINGO: El partido de las estrellas mejoró lo ofrecido los dos días anteriores. Kobe Bryant y Lebron James pasan a la historia, el primero por igualar en cuatro premios de MVP a Bob Pettit como líderes de esta clasificación y el de los Heat por lograr el segundo triple-doble de la historia de este partido. El Oeste ganó con una buena actuación de Pau Gasol en la sombra y la sensación final de que en este tipo de partidos Lebron James podría ganar por sí solo. Bryant y Durant salieron a ganar el MVP, logrando el escolta de Lakers una renta de puntos en los tres primeros cuartos que le valieron el galardón por encima del alero, más decisivo cuando el partido se igualó. Curiosamente los peores minutos de partido fueron con Westbrook y Rose como bases, contrastando con el juego que realizaban ambos equipos cuando Williams/Paul y Rondo dirigían los ataques. Importante destacar que estemos posiblemente ante el último All-Star de jugadores legendarios como Tim Duncan, Kevin Garnett o Ray Allen, y que Greg Popovich mataría por tener a Gasol en su equipo. Russell Westbrook decidió que merecía ganar el MVP en su tierra y no se cortó un pelo en lanzar mandarinas a diestro y siniestro.
Por último, incomprensible la actitud de la cadena Cuatro de dividir la retransmisión respecto a la de Digital +. El viernes pude disfrutar del videochat de Canal + con Jacobo Rivero, José Ajero, Fran Fermoso, Dani Alarcón y Eduardo Téllez, con interacción con los espectadores y la impresión de estar viendo el evento con algunos amigos. Realmente agradable. Lo del sábado fue inaguantable. No quiero resaltar errores de narrador y comentaristas por respeto a la profesión y a motivos que desconozco por los cuales personas que no conocen la NBA realizan ese trabajo. Como bloguero y futuro periodista creo que la opinión personal se quedan de "pantallas" adentro (o en mi Timeline de Twitter). El domingo la cosa mejoró con Trecet, pero tanto narrador como Scariolo y Arlauckas aportaron muy poco a lo que concierne el evento: All-Star de la NBA 2011, nada de recuerdos de baloncesto FIBA de finales de los 80 y principios de los 90.
En resumen, no creo que tarde mucho en olvidar el All-Star Weekend de 2011. Ahora empezará lo bueno de la temporada NBA.