Consejos para un lío de faldas. Dos postres son multitud

Publicado el 25 abril 2014 por Javier De Lara @FValentis

La entrada anterior a esta historia la puedes encontrar pinchando aquí. Y también puedes ir al lugar donde comenzó todo, pinchando aquí.
***
A pesar de Álvaro no se tomó demasiado bien la revelación sobre la identidad de Catwoman, conseguí que se serenase. Al fin y al cabo, la culpa de lo ocurrido, si se pensaba fríamente, no era de nadie. Una serie de desdichadas y alcohólicas coincidencias habían desembocado en aquella historia, sin que nadie lo pretendiera. Conseguí también desviar su atención hacia Alonso, diciendo que estaba metido en unos de sus líos y que por eso le habíamos llamado, para ver qué opinaba.
Nos costó unos minutos y dos cervezas ponerle completamente al día. Para entonces ya estábamos algo más que contentos los tres y Alonso, dejándose llevar por la euforia nos confesó:
-Creo que la quiero.-Joder Alonso, que la has visto tres veces... -dije yo, rascándome la cabeza incrédulo.-Está buena ¿no? -dijo Álvaro, siendo tan práctico como siempre-. Yo te aconsejo que tengas cuidado, tiene pinta de que está compinchada con la hermana para joderte. Yo no me fiaría.-Bueno, no tengo claro que -dije yo, excéptico.-Que sí, que todo, por lo que me habéis contado, es muy raro -afirmó Álvaro, que siempre tendía a pensar que todo lo que ocurría era parte de una conjura cósmica.-Bueno, dejadme que os cuente al menos qué ocurrió en la cena que hicimos antes de que me fuera de viaje ¿no? -nos interrumpió Alonso.-No será un relato porno ¿no? -le preguntó Álvaro.-No, más bien de terror.Dos postres son multitud
Alonso no sabía cocinar. Eso era una verdad innegociable. Ni un huevo frito. Su relación más cercana con la cocina era levantar el teléfono para llamar a Telepizza. Sin embargo, había quedado con Lorena en que la invitaba a cenar en casa. Estuvo repasando varios manuales de cocina y leyendo en Internet todo el día, instruyéndose y preparándose para preparar una cena espectacular que asombrara a su invitada, hasta que por fin decidió ir a El Corte Inglés y comprar comida para llevar. Después podía meterla en una olla y decir que la había hecho él.
Estaba dando vueltas por el salón de su casa, pensando si pelar el plátano, por si las moscas, cuando de repente recibió una llamada de Lorena. -¡Hola chiqui! -dijo ella, alegre.-¿"Chiqui"? ¿Cómo que "chiqui"? -preguntó Alonso- ¿Quién es "chiqui"?-Pues tú, tonto -dijo Lorena-Emmmm, ¡no me gusta que me llamen chiqui! -dijo, Alonso, tratando de poner tono autoritario.-Ya te acostumbrarás.-Grñlsd...-Bueno, chiqui, déjate de bobadas. Te llamaba por si te apetece quedar un poco antes de cenar y dar un paseo. Además, así cenamos un poquito antes que tengo que quedar con mis amigas para salir después de cenar.
-Emmm, bueno, vale -dijo Alonso, masticando la propuesta de Loreno con cierto fastidio. ¿Había quedado después de cenar? ¿Eso significa que ella no tenía interés en...? No sabía si sentirse algo aliviado o herido en su amor propio.
-¿Me pasas a recoger por casa a eso de las siete, entonces?
-Sí, sí -dijo Alonso, que se estaba dando cuenta de que no pintaba mucho en la conversación.
-Genial, chiqui. El postre lo llevo yo ¿vale? Un besito.
Clic. Alonso se quedó con el móvil en la oreja unos segundos después de que Lorena colgara. Maldita niña.
Miró su reloj. Eran las seis. Si quería comprar la cena, ducharse, cambiarse e ir a recoger a Lorena iba a tener que darse prisa. Sorprendentemente, a las siete menos cinco ya estaba por los alrededores de la casa, conviene recordarlo, de su ex novia, haciendo tiempo para no llegar demasiado pronto.
Cuando eran las siete y cinco minutos, mandó un mensaje por whatsapp para informar que ya estaba en la calle de al lado y que bajara.
-Hola Alonso -le saludó una conocida voz a su espalda, haciendo que se le erizaran el vello del cuello. Se dio la vuelta, lentamente, sin creerse su mala suerte, pero sabiendo que era una posibilidad muy real que pudiera producirse aquel encuentro.
-¿Ho... Hola? -saludó a la madre de Lorena y de Ali, que llevaba las bolsas de la compra de la mano y lo miraba con una expresión extraña, que bailaba entre lo cordial y el recelo.
-¡Qué alegría verte, hijo! ¿Qué haces por aquí?
-Pues esperando a su hija menor, a ver si hay suerte y me la tiro esta noche -dijo la conciencia de Alonso.
-Pues... estaba yendo a casa de un amigo, que vive por aquí -dijo la boca de Alonso, de manera más prudente.
-Ah, qué bien -dijo sin entonación alguna la madre- ¿Cómo te va todo?
-Bueno... -Alonso sólo pensaba en la manera de conseguir que se fuera lo antes posible. No quería de ninguna manera provocar un encuentro materno-filial- bien, no me quejo, pero ahora, ando con algo de prisa, lo siento.
-No te preocupes, lo entiendo, corre. Adiós.
Alonso salió prácticamente corriendo, sin apenas despedirse. No había sido demasiado educado, pero en aquel momento no le importó. Le mandó otro mensaje a Lorena, quedando dos calles más lejos. Cuando se encontraron, al joven todavía le duraba el susto.
-Joder, no podemos volver a quedar aquí. Nos van a acabar pillando -le dijo a Lorena, nada más verla.
-Anda, no seas cobarde. No ha pasado nada ¿no? Mira, además, he traído el postre, como te prometí -dijo Lorena, enseñándole una bolsa con un tupper- es la tarta de queso de mi madre, que sé que te encanta.
-Al final voy a pensar que todo esto de que nos puedan pillar te da morbo.
Ella no contestó. Simplemente le cogió de la mano y sonrío.
Tras un bonito y romántico paseo, llegaron por fin a Casa de Alonso. Lorena debía pasear con mucho garbo, porque su acompañante estaba tan cachondo como un macaco. Ayudaba sin duda su escasísima falda y su pelo moreno cayendo en ondas sobre sus hombros casi desnudos.
-Vaya, veo que te has currado la cena -dijo ella, señalando las bolsas de El Corte Inglés depositadas sobre la encimera.
-Ups, bueno... -empezó a excusarse él, pero ella le hizo callar poniéndole el dedo índice en los labios.
-Shhhh. Da igual, prefiero pasar directamente al postre.
Lo que ocurrió después es que comieron y después cenaron. Fue bien. Razonablemente bien. Muy bien. Ella, como había prometido, se marchó tras haber compartido un trozo de tarta de queso, dándole un beso suave en los labios.
-Te echaré de menos -se escuchó Alonso diciéndole.
-Y yo a ti -le contestó ella. Pero mañana. Hoy me voy a pegar una buena fiesta con las zorras de mis amigas.
Pum. El portazo sonó tras ella, pero no como una despedida. Alonso se apoyó en la puerta, suspirando. Se iba a volver loco. ¿Qué estaba haciendo? ¿A dónde le iba a llevar todo aquello? Minutos después, sin haberse movido, sonó el timbre del portal, haciendo que se sobresaltara. ¿Se le habría olvidado algo a Lorena?
-¿Qué pasa contigo, quieres más? -contestó, con el tono más seductor que pudo.
-Depende -sonó una voz que hizo que se le encogieran los huevos como una almendra- ¿Qué es lo que ofreces?
Alonso apretó el interruptor para abrir el portal mecánicamente, sin pensar, aterrorizado.
-¿Ali? Oh. Lo siento, pasa, pasa...