Revista Ciclismo

Contador se libera para ganar su tercer Tour de Francia

Por Toni_delgado @ToniDelgadoG
Contador se libera para ganar su tercer Tour de FranciaContador se libera en el podio de Pauillac - EFE.

La duda es un elemento torturador. Tortura pensar que estás dando lo máximo de ti y que puede que no sirva para nada. Tortura pensar que puedes acabar perdiendo un Tour del que ya eras ganador virtual. No era bueno lo que le decían por el pinganillo a Alberto Contador (Pinto, 1982): las referencias que le daban desde el coche del equipo eran alarmantes: en el primer punto de la contrarreloj perdía seis segundos con respecto a Andy Schleck, al que, por tanto, sólo superaba en dos segundos en la general. El agobio fue eterno para Contador, que incluso esprintó en los últimos metros porque, según aseguró, le habían dicho que continuaba teniendo esa ventaja tan microscópica. “Todavía no me hago a la idea. Ha sido una liberación. Lo he pasado muy mal”, balbuceó, todavía sin aliento y sabiéndose campeón, Contador, todavía superado por el impacto emocional como para darse cuenta de que por tercera vez en su carrera llegaría a París como maillot amarillo, que estaba a punto de ganar su tercer Tour, el cuarto más ajustado de la historia con 39 segundos de ventaja sobre su amigo Andy. Se abrazó a su consejero Alexander Vinoukurov y se descargó, casi tanto como subió al pódium, miró al cielo y extendió sus brazos de alivio, descanso, rabia y felicidad. Con los ojos vidriosos, a punto de exteriorizar del todo su emoción, Contador se quedó inmóvil. Sabía que había superado una situación límite.
Pese a que en sus declaraciones se había mostrado prudente recordando que Andy era campeón de Luxemburgo en contrarreloj y que la ventaja no era definitiva, el ciclista del Astana no pudo evitar pensar que era superior en dicha especialidad y que en el prólogo había cedido hasta 42 segundos. Contador no se imaginaba tener que regatear tanto con el cronómetro y menos que los miembros de su equipo no le dijeran las referencias reales. “He tenido una discusión con ellos”, confesó ya más relajado, pero sin bromear del todo. A Contador le perjudicó mucho el viento en contra, pero no sirve como excusa para que se quedase a un mundo (o dos) del ganador Fabian Cancellara, al que las malas lenguas (o los simples ineptos) acusan de llevar un motor en su bicicleta. El suizo, que ha ganado las tres citas contra el cronómetro del Tour, aventajó a Contador en 5m 43s y rodó en 51’2 km/h. Una cifra muy parecida a la que pedaleó el año pasado Contador para arrasar en la contrarreloj de Annecy. Esta vez su batalla era conservar el amarillo superando a Andy, al que pasado el tercer punto de los 52 kilómetros (Burdeos–Pauillac) le sacaba sólo seis segundos en la general. Una cifra que alcalzó los 20 a 10 kilómetros del final y que, curiosamente, se quedó en 39 segundos, los mismos que perdió el luxemburgués por su despiste con la cadena en Balès.
A partir del kilómetro cinco la contrarreloj se convirtió en una agonía, en una interminable agonía en la que llegó a ver sus sueños rotos y se imaginó las crónicas de la desgracia. No se esperaba sufrir tanto. Más asumido tenía Samuel Sánchez cuál iba a ser su papel. Sentado en el suelo y tras una reja, en una entrevista inédita en ciclismo –esperaba esperando al control médico–, Sánchez dijo para Televisión Española que era mejor perder el pódium por mucho que por poco. Segundo en la Vuelta a España de 2009 y oro olímpico en Pequín, el asturiano tenía 21 segundos de ventaja respecto a Denis Menchov antes de la crono y acabó perdiendo la tercera plaza a favor del ruso, que le sacó dos minutos clavados: “Ser cuarto en quedarse a las puertas de lo bonito y lo bonito es salir en la foto, pasar a la historia”. Aún más desolado estaba Andy, conciente de que había estado a un paso de ser el vencedor final de la prueba. Su reacción ante la prensa fue de entereza, de confianza ante un futuro mejor: “Volveré el año que viene volveré para ganar”. “Sé la mentalidad que tiene y me siento identificado con ella”, secundó Contador. Si no se tuercen las cosas y no despunta ningún otro corredor el Tour tiene un duelo fantástico para unos cuantos años.

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