Corazón de mudanza (2010), de jaime santa olalla. presentación en la fnac.

Publicado el 09 mayo 2010 por Miguelmalaga

Nada es más grato que leer una novela (o un libro de cuentos) y sentarte al día siguiente a intercambiar impresiones con el autor. Yo he tenido la oportunidad de hacerlo dos veces esta semana (la primera con Juan Bonilla y la segunda con Jaime Santa-Olalla) y ambas experiencias han sido muy gratificantes y me han servido para acercarme un poco a la labor del escritor.
El libro de Jaime es de sencilla lectura, lo cual no quiere decir que carezca de profundidad en sus contenidos, con lo cual es de lo que dejan un poso, materia para reflexionar durante días, ya que los temas tratados en la novela tocan nuestras propias realidades vitales.
"Corazón de mudanza" comienza, tal como nos recordó Margarita Souvirón en su solvente presentación, en pleno proceso de cambio por parte de dos de sus protagonistas, que rompen con sus parejas para imbuirse de inmediato en el dolor que ello supone, pero también, y esto es lo importante, aprovechan las oportunidades que dicho cambio supone, tratando siempre de acercarse al ideal de felicidad, siempre tan deseable y escurridizo.
Con un proceso de preparación y escritura que le ha llevado los últimos cuatro años, Jaime Santa Olalla se ha inspirado a partes iguales en sus experiencias personales y en su imaginación para entregar una historia de sentimientos propios de cualquier época o lugar, pero que él sitúa en la Málaga actual.
Si hubiera que ponerle un pero a la novela, sería la visión idealizada de una ciudad como Málaga, tan llena de contradicciones, claro que en ningún momento esta ha sido la intención del autor, que quiere centrarse en los aspectos más íntimos de la trama. Los personajes en general gozan de la suficiente solvencia económica como para centrarse exclusivamente en sus conflictos sentimentales, familiares o incluso de salud. En todo caso, su próxima novela parece que reflejará realidades menos agradables de nuestra querida ciudad.
Una novela muy solvente, que al final es, entre otras muchas cosas, un homenaje al refugio que ofrecen la familia y los amigos ante los reveses de la existencia.