Revista Cultura y Ocio

Cristóbal Colón, natural de Pontevedra – por R.P. Tomás Barreira

Por Fernando Alonso Conchouso @ColonGalego

Son evidentes las raices gallegas del Almirante

Por R. P. Tomás Barreira

Artículo descriptivo de la Toponimia coincidente entre los lugares descubiertos en el Nuevo Mundo (América) y los mismos accidentes geográficos en Galicia. publicado en 1953 en el número especial conmemorativo del centenarios del Faro de Vigo.

Contenido

  • 1 COLÓN GALLEGO
    • 1.1 Las naves
    • 1.2 El lenguaje
    • 1.3 Los nombres
    • 1.4 Exclusivismo pontevedrés
    • 1.5 Valoración de los argumentos Pontevedreses
  • 2 QUIEN FUE CRISTOBAL COLON
    • 2.1 La producción literaria sobre el Almirante
    • 2.2 Lunares de Colón
    • 2.3 La avaricia de Colón.
    • 2.4 Esclavista
    • 2.5 Mal gobernante
    • 2.6 El gallego
  • 3 NOMENCLATURA PONTEVEDRESA
    • 3.1 Ría de Vigo
    • 3.2 Ría de Pontevedra
    • 3.3 Nombres escogidos de La Coruña
    • 3.4 Nombres escogidos de Lugo
    • 3.5 Indicaciones aclaratorias sobre los nombres
  • 4 El R. P. Tomás Barreira
        • 4.0.0.1 About admin

COLÓN GALLEGO

La realidad y la historia del Almirante ofrecen un continuo contraste, harto mal disimu­lado en no pocas ocasiones. Consúltese la historia, y Co­lón es genovés; consúltense los hechos, y Colón es ponte­vedrés. He aquí unos cuantos datos para prueba:

Llega Colón como extranje­ro, natural de Génova, a la real corte de los soberanos de España; propone su proyecto a Fernando e Isabel, éstos lo aceptan, y entonces la reina reclama para sí la exclusiva de la empresa Fernando y Aragón se resignan a ser ex­cluidos, teniendo igual dere­cho que Castilla e Isabel. Es­te extranjerismo es inadmi­sible.

Hay una frase en su testamentó que no da lugar a ré­plica: “De Genova salí y en Génova nací,” Esta frase aparte de que contradice la conducta constante de Colón y su familia en silenciar el ori­gen del descubridor, es apó­crifa; como lo es el testamen­to en que intervienen los muer­tos como albaceas y escriba­mos,

No viene Colón de Génova viene de Tortosa. Se presen­ta a D. Fernando, su rey y na­tural señor, hombre político y no menos capacitados, tan­to él como su pueblo, para llevar adelante la empresa, co­mo la Reina y la Castilla de las doradas mieses. Aragón adelantó el dinero. No obs­tante todo lo dicho, la Reina reclamó para sí la exclusiva de la empresa y la consigue sin protesta de nadie. Sólo la Reina manda en Colón; luego Colón es súbdito de Isabel.

Fálta, además, en absoluto para el origen tortosino de Colón, el dialectismo catalán, falta la primera línea de al­gún documento que haga re­ferencia al descubridor torto- sinó y hasta- falta la relación en la crónica local del apoteósico recibimiento de Colón en Barcelona al llegar del pri­mer viaje.

El comercio hispano-americano quedó estancado en Cá­diz y Aragón se vió privado de un negocio en gran escala a pesar de que el derecho sería exclusivamente suyo si fuera tortosino. Por tanto, es inadmisible su origen tortosino.

Colón no podía ser más que de la España isabelina. ¿De qué parte? Que hablen los hechos ciertos y conocidos co­mo táles de la historia coloniana. Solo a ellos nos aten­dremos, pues son los únicos que nos pueden sacar del la­berinto.

S25C-113061915000_2Las naves

Nadie sabe de dónde es el primer Almirante de la Mar Océana, pero al ver que va Océana, pero al ver que va de capitana “La  Gallega”, de­dicada a Santa María la An­tigua, con Xan da Coxa, su dueño y maestre, asaltó a to­dos el pensamiento instinti­vo de que algo tenía que ver con los gallegos.

En el segundo viaje apare­ce de nuevo “La Gallega”, dis­tinta de la anterior dejada por Colón en América para forta­leza, – y fué la primera obra castrense americana hecha con madera de las “chouzas” pontevedresas.

En el cuarto viaje va un navío, “El Gallego”, propie­dad de Cerrajero, vecino de La Coruña. (O dicho con más propiedad. “O Cerralleiro”.)

Aunque no sea nave, no es­tará démás recordar que el Almirante hace mención de la Xsola La Gallega. Gasta. ¿Dón­de: está La Tortosina, La Ge- n oves a, La Saonesa? No fal­tó La Hispaniola.

S25C-113061915010_2El lenguaje

A este respecto dice Me- néhdez Pidal en su obra “El Lenguaje de Colón” (Colec­ción “Austral”, 1940), que “el lenguaje de Colón es decidi­damente aportuguesado”. Con­fieso francamente crue no en­contré ningún ejemplo de los puestos por este insigne au­tor en que se advierta el dialectismo portugués. En sus cartas, diarios y demás escri­tos suyos no hay rastro de dialectismo portugués, cata­lán, italiano ni de cualquiera nación que no sea España, o de cualquiera región que no sea Galicia.

Los nombres

Supera este argumento a todos los demás: por su ex­clusivismo relativo, pero ex­cepcional y pontevedrés; por apoyarse en fuentes de la má­xima garantía, como son ma­pas, trabajos concienzudos de autores nacionales y extran­jeros, escritos sin pensar pa­ra nada en el origen de Co­lón en cuanto a los nombres que ahora nos sirven de base como puede verse en Espasa Diccionario Hisp. Amer., Navarerte, e. “Historia del Al­mirante”, por su hijo Fer­nando. Merecen especial men­ción La Riega, “Colón espa­ñol”; Luciano Rey Sánchez “España, patria infalible de Colón”, y Enrique Zas, “Ga­licia, patria de Colón”, de­fensoras de la tesis pontevedresa.

La importancia de este ar­gumento la reconocen los ad­versarios de esta tesis, por el hecho repetido de cambiar y suprimir el nombre clásico en Galicia de “San Salvador” por el de “El Divino Salvador”.

Madoz, que vió alborear la tesis gallega cuando La Rie­ga jugaba al trompo, puso en su Dicc. Geográfico catorce localidades gallegas con el nombre de San Salvador, y doce para el resto de Españá La verdad es esta, nombre más o menos: 180 San Salva­dor para Galicia, 26 para As­turias y 12 para el resto.

Desde 1887 a 1889, en vís­peras del cuarto centenario se cambió en la archidiócesis de Santiago la nomenclatura de San Salvador por El Divi­no Salvador; se decía en la diócesis de Lugo, en 1943 San Salvador; hoy se dice El Divino Salvador. Si introdu­jeron el cambio para evitar redundancias teológico-gramaticales, conste que tan pleonástico es El Divino Sal­vador como San Salvador.

El cronista Herrera cam­bió el nombre de “La Galle­ga” por el de “Santa María”; se han hecho equilibrios y se ha variado la puntuación pa­ra hacer que la Isola La Ga­llega se convirtiera en la na­ve “La Gallega”. Bien poco era.

Si sólo un nombre infun­de respeto, que será un cen­tón que verá el lector en los planos de las rías de Ponte­vedra y Vigo. Y los que que­dan todavía en la costa pontevedresa, coruñesa y lucense.

Exclusivismo pontevedrés

En Colón lo internacional es hispano-portugués; lo na­cional, hispano; lo regional gallego; lo provincial, pontevedrés, y lo local, de Portosanto, barrio de Pontevedra en la capital.

Isla Saona es una dedica­ción a Saona, pero sólo una y no consta que Colón pusie­ra este nombre, aunque lo mencione. Isla Montserrat trae a la memoria el célebre monasterio de este nombre en Cataluña, pero según E. Zas se llamaba “Sta. María de la Mensera, y no Montserrat, co­mo han escrito algunos”. Guadalupe, Guadalquivir son nombres. aislados, que nada local significan.

Valoración de los argumentos Pontevedreses

Los nombres puestos por Colón en América, ciertamente unos y exclusivamente otros, muméricamente considerados, se descomponen así: unos 60 para la costa hispano-portuguesa, 1000 para las rías de Vigo y Pontevedra y otros 100 para el resto de la costa gallega.

Los nombres comunes sin más aditamento, nada prueban a favor de una localidad sobre otra, como ocurre con los existentes en la costa hispano-portuguesa, que todos se hallan en la costa gallega pero no se verifica igualmente la inversa.

Los de la costa gallega cuadriplican holgadamente los que se hallan dispersos en el resto de la costa ibérica; bastantes son exclusivos y es inútil buscarlos en otra parte del globo. Un día puso Colón en la Isla Tortuga estos tres nombres: Pta. Pierna, Punta Aguda y Punta Lanzada. Los tres se hallan en la costa gallega en línea recta y a igual distancia entre sí como los de América, con corta diferencia.  De los tres, el primero y el último son exclusivos de la costa gallega, y el segundo, a pesar de su vulgaridad, es casi exclusivo de Galicia.

Los nombres de las mencionadas rías están tan juntos y son de accidentes tan minúsculos con exclusión de los de verdadero relieve y con total exclusión de cualquiera otra ría que no sea gallega que da lugar a formular estas preguntas, a las cuales se debe contestar con lógica razonable:

¿Cómo conocía Collón tan detalladamente estos acciden­tes, ya que ningún marino co­noce hoy día todos estos de­talles, aunque sea natural de la localidad? ¿Cómo se interesó exclusi­vamente por estos accidentes? ¿Cómo prefirió lo descono­cido a lo conocido y sobresa­liente? No dijo río Lérez, ni Miño: dijo, en cambio, el Al­ba, río del Oro, río de los Tres Ríos; omitió islas Cíes Ons, etc.; pero dijo Isla de Ratas, San Bartolomé, Este­las o Estrellas.

La respuesta única y razo­nable, en mi modesto sentir es haciendo a Colón hijo de Portosanto, dedicado a la na­vegación desde niño; bien na­cido y sagaz en extremo, pues supo dejarnos por duplicado por lo menos, su partida de nacimiento sin que nadie se percatara de ello. Bastaría que adivinaran sus intencio­nes, para que no quedara un nombre de los puestos por él Oigamos a su hijo Fernan­do a propósito de los nombres dados por su padre. Intitula el primer capítulo de la “His­toria del Almirante” dictan­do: “De la patria, origen y nombre C. Colón”. Hablando de este título, dice:

“Considerando esto, me mo­ví a creer que, así como la mayor parte de sus cosas fue­ron obradas con algún miste­rio, así aquello que toca a la variedad de tal nombre y ape­llido no ocurrió sin misterio.”

Podríamos aducir como ejem­plo muchos nombres que no sin causa oculta fueron pues­tos como indicio del efecto aue había de suceder.” Dice “muchos nombres”, “como in­dicio”, no como prueba clara “del efecto que había de su­ceder”, y que a los cuatro si­glos bien corridos vemos que está sucediendo: el descubri­miento de su origen.

Añade Don Fernando: “Si tomamos en consideración el apellido de sus mayores, di­remos que verdaderamente fué Colombo o Paloma en cuanto llevó la gracia del Es­píritu Santo a aquel Nuevo Mun­do. Para Don Fernando su padre se llamó Colombo “en cuanto llevó la gracia al N. Mundo”, no en cuanto lo heredó de sus mayores.”

“La variedad de tal… ape­llido” para mí no tiene más razonable explicación que es­ta; había en Pontevedra un apellido muy parecido al ape­llido Colón, pero mal sonan­te, como puede verse aún hoy en ciertas sepulturas de San­ta María, en la cual se con­servan recuerdos de los Co­lones, y uno expresamente del Almirante.

Si este fué su apellido pri­mitivo es obvio que tuvo que limarlo. Cierto que no se con­serva tal apellido y no es pro­bable que la desaparición se deba a cambio o supresión sino a limadura. La misma manera discreta de Don Fer­nando da a entender que al­go intrínseco encerraba y de­bía hacerse desaparecer. Co­llazo debe de venir de ese des­aparecido apellido.

En Italia no se conoce el apellido Colón y de los docu­mentos oficiales se saca aue el Almirante se apellidaba Colón y por tal quiso hacer­se pasar.

Al final va la lista de nom­bres puestos en América por Colón y con su correspon­diente, localizado en los pla­nos de las rías de Vigo y Pon­tevedra. A los nombres se añaden los monumentos de la capital pontevedresa, refuer­zo no pequeño y exclusivo de la tesis pontevedresa que ve­nimos defendiendo.

QUIEN FUE CRISTOBAL COLON


La producción literaria sobre el Almirante

Es sencillamente enorme, en general anticoloniana, desorientadora y de resultado ne­gativo. Colón, sin embargo considerado desde el punto de vista trascendental de su em­presa, será siempre la figu­ra más destacada entre todos los hombres que ha produci­do la estirpe de Adán de te­jas abajo y exceptuando a Cristo. Por respeto a su per­sona y al gran pueblo ameri­cano, cuya historia empieza en Colón en todos los órde­nes, siquiera sea en miniatu­ra, bien merece las máximas consideraciones de los histo­riadores.

Resultó Gil descubrimiento mucho mayor de lo que él se imaginaba, es verdad, y has­ta distinto, ya que iba bus­cando un nuevo camino, no un continente, y es probable que bajara al sepulcro en la creen­cia de que lo descubierto era el Cipango, donde reinaba el Gran Kan. para el cual lleva­ba cartas de sus soberanos: pero también es verdad que se pasó catorce años en Por­tugal y siete en España, en disputas con los hombres más sabios de las dos naciones para convencerlos de que era posible y práctico comuni­carse con Asia llevando el ca­mino de Occidente. Este mé­rito es exclusivo de Colón.

Lunares de Colón

Las mentiras de Colón, en­gañando a la ida y a la vuelta del primer viaje; dijo a la ida que andaban menos de lo real porque no se asustara la gen­te con tan largo viaje por el mar tenebroso, y a la vuelta que andaban más, para que se animaran con la aproxima­ción a tierra. Merece pláce­mes por ello.

Engañó a los indios hacién­doles creer que estaba su dios enojado contra ellos, porque a él y a su tripulación no les llevaban de comer según lo convenido. Para esto se apro­vechó de un eclipse de luna Cuando la vieron los indios de aspecto terrible conforme a lo predicho por el Almiran­te, lloraban y le rogaban que pidiera por ellos. La estra­tagema dió excelente resulta­do: los indios, temerosos cumplieron lo prometido y los españoles pudieron sostenerse sin correr ningún peligro Bien por Colón.

Tuvo un hijo natural sien­do viudo y novio, lo cual po­co significa en el siglo XV. Por qué no se casó con la cor­dobesa, no lo sabemos; pero nos consta que se acordó de ella en su testamento y es probable que se acordara tam­bién antes, y al hijo natural le trató como al otro.

La avaricia de Colón.

He aquí otro tópico contra Colón. Exigió muchos y gran­des privilegios en las capitu­laciones de Santa Fe. Es ver­dad que pidió a los Reyes va­rias veces, que reconocieran sus derechos, y éstos le com­pacieron siempre. Y es ver­dad, según Don Fernando, que no hubo avenencia entre su padre y el Rey de Portugal, porque Colón se mantuvo fir­me. Yo en esto no veo género alguno de avaricia, sino fir­meza de carácter, previsión valorización de sus derechos. Un hombre, en fin, que sabía mantenerse a la altura de las circunstancias ante los sabios y ante los reyes.

Esclavista

“Yo—dice Colón el 12-10- 92—, porgue nos tuviesen mucha amistad—los indios— porque conocí que era gente que mejor se libraría y con­vertiría a nuestra santa fe con amor que por temor, les di bonetes colorados.” Que per­severó en este propósito en el primer viajé lo demuestra el hecho de que en el segundo cuando ya habían dado muer­te a los 39 españoles que que­daron en la fortaleza levan­tada por Colón con su capi­tana “La Gallega”, los in­dios no quisieron subir a las naves españolas hasta que vieron al Almirante.

En el segundo hubo comba­tes con los indios y entonces fué cuando Colón envió 500 prisioneros de guerra para venderlos en España. Los Re­yes los pusieron a la venta pero a los cuatro días, refle­xionando sobre la licitud, de­tuvieron la venta, consulta­ron con los teólogos, éstos la declararon ilícita, y con eso se terminó todo, devolviendo los indios a su tierra. Los Re­ves, los eclesiásticos y Colón respiraban el mismo ambien­te de la época. Echar la cul­pa a Colón de haber introdu­cido la esclavitud o presen­tarle como fomentador de tan infame comercio, es hablar por no callar.

Recuerda a los Reyes el fin propuesto en esta empresa: la conversión a nuestra fe, el rescate de los Santos Lugares Consecuente con este propósito inicial, tomó unos seis o siete, indios “para lengua”, es decir, para que aprendieran el español y con esto sirvieran de intérpretes a 1 os futuros misioneros y catequizaran a sus’./hermanos. A los veinte días de llevarlos; embarcados sabían persignarse, el Ave­maria y la Salve.

Dé suerte, que: Colón fue el primer misionero -de Améri­ca; los indios de San Salva­dor, los primeros neófitos; “La Gallega”, su escuela apos­tólica, y el Almirante el pri­mer rector de aquella inci­piente cristiandad. En el pri­mer viaje no fué ningún sa­cerdote con Colón, el cual además de lo dicho, plantó en todo puerto v en todo cabo en que se detuvo, el árbol santo de la Cruz.

Mal gobernante

Así le tilda la historia, sin aminoramienos ni contem­placiones. Las quejas contra él fueron generales y con tinúas. ¿Con qué fundamento ? A lo más, escaso. Unos cuan­tos datos Indican de modo cla­ro la dificultad de poder go­bernar bien.

La reina fué desobedecida por los de Palos, a quienes mandó entregar dos naves pa­ra Colón: la<s. que llevó en el primer viaje fueron requisa­das por él; la gente para la empresa, reclutada en ia cár­cel; Alonso Pinzón, su segun­do. le desobedeció . descarada­mente; no permitió desagui­sados con. los indios ni que se defraudara ai fisco; fué presó y traído con grillos a España sin formación alguna de causa; el gerente general Fonseca no quería a los Colones, y los reyes hubieron de ordenarle que por su servi­cio hablara a Colón. Late en el fondo de esta cuestión otra de tipo nacional, regional y personal. Colón, con las ca­pitulaciones de Sta. Fe y el descubrimiento, había creci­do desmesuradamente. Todo esto explica de sobra la ene­miga contra él.

El gallego

Historia de los contrastes por no decir contradicciones es la de Colón, cuya razón su­ficiente hay que buscarla en el mismo historiador, que pierde el control al llegar a la zona gallega, cómo si sus dos potencias, intelectiva y afecti­va, sufrieran perdímiénto de la dirección normal. En esta historia es donde se ve lo que no hay y no se ve lo que hay; razones que no son razones faltas que resultan virtudes filias y fobias de las más ex­trañas, todo una gama de con­trasentidos.

Botones de muestra: genial marino sin más aprendizaje que las cardas y las cubas; aprende lo inaprensible, a sa­ber, la lengua de Cervantes repentinamente sin rastro de extranjerismo, y olvida lo in­olvidable, la lengua materna a los veintitantos años. No se ve que el Colón pontevedrés no ofrece la menor contradic­ción, sino al revés. Sin em­bargo, continúa el reparo a esta tesis.

Naciera Colón en cualquier parte fuera de Galicia, y su historia sería normal y co­rriente.

NOMENCLATURA PONTEVEDRESA

Va a ver ahora el lector la doble lista de nombres puestos por Colón en -América y que corresponden a los de las rías viguesa y ponteve- dresa como pueden apreciarse en los dos planos respectivos,

Ría de Vigo

1   BOCA DE LAS CARABELAS. Cuba, costa .NE/

2   PTA. AGUDA—Costa SO. de la Tortuga, al NO. de Santo Do­mingo (Haití).

3   PTA. DEL FRAILE. — Cuba, Costa NO. y SO.

4   ISLA DE PARO.—Jamaica, ex­tremo E.

5   PTO. PRINCIPE.—Cuba, costa S. y en la Española, costa N. in­terior.

6   PTA. GALERA.—Trinidad, ex­tremo NE. al NE. de Venezuela.

7   I. S. MARTIN.—Isla de las Pe­queñas Antillas.

8   Mte. Pereira.—Cuba, costa NO. Véase el n. 31.

9   PTA. PIERNA.—En la Tortuga, como en el n. 2.

10   CABO DE LA ROCA.—En la Española, costa NE.

11   “Pta. del Buey”.—Cuba, cos­ta S.

12.        PTA. S. ANTONIO.—Cuba, ex­tremo O.

13   “Pta. de Pena Negra”.—Cuba, costa S.

14   AS ESTELAS o Las Estrellas.: Española, costa SO. .

15   PTA. DEL HIERRO.—Españo­la, costa NE.

16   El Fragoso.—Cuba, óayo en la costa N.

17   Cabo de Mar.—Cuba, costa S.

18   Pta. Molino.—Pto. Rico, extre- í mo SO.

19   LOS SIETE HERMANOS. — Cuatro islas «arenosas, que bien pudieron ser las siete de refe­rencia en tiempo de Colón. Están al N. de la Española.

20   “Nuestra Señora del Alba”.— Cuba, costa N.

21   Mte. Galiñeiro.—En Honduras es la montaña llamada Grita.

22   Pta. y Ens. de S. Francisco.— Pto. Rico costa O.

23   PTA. DEL ARENAL.—I. Tri­nidad, extremo S., hoy Pta. Icacos.

24   Buena Vista.—Cuba, costa SO. y NO.

25   PTA. SANTA.—Española, cos­ta N. y Pto. Rico, costa N.

26   A LAGOA.—Cabo de la Lagu­na en la Isabela, ál N. de la Española.

21          CABO DE LÓS ENAMORA­DOS o Cabrón.—Española, cos­ta NE.

28   Pta. la Guía.—Española, costa O. interior.

29   MTE. GORDO»—Pto. Rico, cos­ta O.

30   “Pta. del Cabo Cuba, costa Norte.

31   Pta. Pereiro o Pereira.—Véase el n, 8.

32   Río y Pta. dos Porcos.—Pto. Ri­co, costa NO.

33   Pta. das Bestas.—Pto. Rico, cos­ta SE.

34   Río Seco y Pta. de Río Seco.— Cuba SE.

35   A MOA o A MUA.—Cuba, cos­ta NE.

36   RIO MOA y PTA. DA MOA.— Idem.

37   SERRA DA MOA.—Idem.

38   PUEBLO DE MOA o Moaña.— Idem. Véase Espasa, palabra “Moa”. No es indígena sino gallega. Los en “oa”, cubanos, signifi­can altura y los “Moas” de Cuba significan altos y bajos.

39   CABO ROAS —As Rodas— Las Ruedas.—Nicaragua costa E.

40   Islotillo de S. Bartolomé, hoy peninsulilla.—En P. Antillas, al E. de Pto. Rico.

41   Cabo del Con.—En Jamaica.

42   Isleta de Ratas.—Española, cos­ta N. en Bahía Acul.

43   PTO. DE STA. MARTA,—Es­pañola» costa N.

44   LA REDONDA.—Isla al SO. de Cuba, anota Navarrete.

45   “Costa de la yela”.—Colombia, costa N., al O. de la Guajira.

46   Alto de la Cruz.—Coincide con este de Pontevedra un cabo lla­mado por Colón Alto y Bajo, costa N. de la Española.

mapa_vigo

Ría de Pontevedra

1   PTA. DE PENA RUBIA.—En la Española, costa NE.

2   “Pta. del Con”.—Jamaica.

3   PTA. AGUDA.—I. Tortuga, cos­ta S.

4   Pedra Blanca o Polveira—En I. Trinidad, costa E.

5   MTE. GORDO.—Pto. Rico, cos­ta O. y Cerro Gordo, costa N.

6   Barbadas. —Islas Barbabas en P. Antillas.

7   PEDRA LONGA.—Cayo o isla al N. de Cuba.

8   “Pta. Placeres.—Española, se­gún E. Zas, 1. c. p. 205.

9   Pta. Molino. — Pto. Rico, cos­ta S. O.

10   Tres Hermanos.—Pto. Rico, cor­dillera de los Barriles o Hermanos, Honduras, al E. Vienen los santos pontevedreses, entre- vezados con unos pocos profa­nos. No se numeran^ en el ma­pa, porque no caben.

11   S. Bartolomé. — I. en las P. Antillas.

12   Sta. Ana.—Puerto de Jamaica, costa N.

13   Nuestra Señora de la Navidad. Española, costa N. y primer fuerte americano.

14   S. Cristóbal.—Isla en P. An­tillas.

15   S. MIGUEL. — Española, cos­ta S.

16   S. ANTONIO. — Cuba, extremo Oeste.

17   S. NICOLAS.—Española, extre­mo O.

18   STA. CATALINA. — Cuba, cos­ta N.

19   STA. MARIA LA ANTIGUA.— Isla en P. Antillas.

20   Capilla de los Colones. Dice en letras góticas de piedra, descu­biertas hace poco: “ OS DO CERCO DE JUAN NETO Y JUAN DE COLON FIXERON ESTA CAPELA”.

21   Busto de Colón en la puerta principal de Sta. María, Según el coronel inglés Mansfield, guarda este busto perfecto pa­recido con el retrato de Colón que se conserva en el Museo de Londres. Véase Espasa, Apén­dice, t. 3, “Colón”.

22   SMA. TRINIDAD.—Isla Trini­dad, al NO. de Venezuela.

23   Nuestra Señora de la. O, patro- na de Pontevedra. Ésta es la única fiesta celebrada por Co­lón el 18-12-1492.

24   PURISIMA CONCEPCION. — Isla en P. Antillas, y puerto al N. de la Española.

25   CAPILLA DE LA MARGARI­TA.—Isla de la Margarita en P. Antillas.

26   NTRA. SRA. DEL PORTAL DE BELEN.—Río y puerto de Belén en Panamá costa atlántica.

27   STÁ. LUCIA.—Isla de ídem en P. Antillas.

28   S. FRANCISCO.—Pta. dé ídem en Pto. Rico, costa O.

29   STO. DOMINGO.—Isla de Sto. Domingo.

30   S. BLAiS.-Golfo de San Blas en Panamá.

31   La Peregrina.—Al E. de Pto. Rico, Bajo la Peregrina.

32   El  Alba.—Cuba, costa N. Cayo Alba.

33   Crucero de Colón. Véase Espa­sa, Apénd. t. 3, “Colón”.

34   PORTOSANTO, cuna del Al­mirante.—Cuba, costa NE.

35   a) S. SALVADOR.—Es la pri­mera isla descubierta. Hay tam­bién Río y Puerto de S. Salva­dor, costa NE. de Cuba.

35  b) Eirado de la Galea que aún se conserva. Véase La Riegan “Colón español”, p. 144.

35  c) PTA. GALEA en I. Trini­dad, extremo NE. al NE. de Ve­nezuela.

35   d) NTRA. SRA. DE LA GRA­CIA.—Tierra de Gracia es el NE. de Venezuela, y Río de Gracia al N. de la Española.

36   STA. MARIA DEL PUERTO.— Cuba, costa S., hay Bahía de Sta. María, y costa N., Pto. de San­ta María.

37   Pta. Pared.—Cuba, costa N.

38   ISLA DE RATAS. Española, en Bahía Acul, costa N.

39   O Frade, El Fraile.—En P. An­tillas, I. El Fraile.

40   LA GRANJA. — Pta . Granja, costa N. de lá Española.

41   Con del E.—En Cuba, costa S.

42   PTA. DO FERRO. — Española, costa N.

43   Pta. Faxilda, Magor, Mogor o Bruxas.—Brujo o Mogote se lla­ma una altura en Cuba.

44   PTA. LANZADA.—Costa a en lá I. Tortuga.

45   PTA. GALERA.—En el extremo ÑE. de la I., hay Pta. Galea (o Galera).

46   Documentos pontevedreses. En ellos aparecen el apellido y nombres de familia; pleitos y cargos de los colones; propie­dades que poseyeron en Ponte­vedra; PROPIEDADES EN PONTEVEDRA HEREDADAS POR LOS DUQUES DE VE­RAGUA, DE SUS ANTEPASA­DOS o sea, de D. C. Colón.

47   La tradición local, que señala la huerta y casa DO QUE DES- CUBRIU AS AMERICAS.

48   PERFECTISIMA CONCOR­DANCIA ENTRE TODOS LOS ARGUMENTOS SIN ASOMO DE CONTRADICCIO caso úni­co y exclusivo de la tesis por*- tevedresa. En las otras tesis nó sé da un paso sin tropezar con la contradicción.

Nombres escogidos de La Coruña

1  ISLA TORTUGA, al O. de Aro­sa.—Idem al NO. de la Espa­ñola.

2  RIO DO MAR, al E. de Cabo Corrubedo.—En Cuba, costa N.

3  LAS POZAS, al SE, de Corru­bedo.—Idem cerca de Jamaica.

4  CABO VERDE o de Corrubedo, al NO. de Arosa.—C. Verde en la I. Femandina.

5  PTO. SAGRADO o de El Son, costa S. en ría de Muros.— Idem al N. de la Española.

6  Calle de la Estrella.

CALLE DE LOS OLMOS. CALLE DE LA GALERA. Estas tres calles están juntas en la capital coruñesa. Los Olmos recuerda la provincia que Méndez, íntimo de Colón, lla­mó del Orno en Cuba. Las otras ya son conocidas.

Nombres escogidos de Lugo

1  BOCA GRANDE (Coruña), y BOCA CHICA (Lugo), en la ría del Barquero.—América, en la I. Trinidad, costa E.

2  PTA. DA SERPE, límite E. en ría del Barquero. — Española, costa N.

3  BOCA DA SERPE, boca del & en ría del Barquero.—En Amé­rica, boca S, entre Venezuela y Trinidad.

4  PENEDO DO GALO, cerca de Boca da Serpe. Tierra adentro. En América está cerca, de Boca de la Serpe. Véase el n.° an­terior.

5 RIO DEL ORO, al E. y cerca de Fez.—Española, costa N.

6 OS TRES RIOS, en la con­fluencia del Miño, Sil y Deya. Española, al N.

Indicaciones aclaratorias sobre los nombres

  1. Se repiten en España y Amé­rica
  2. Los que van en mayúsculas son de Colón ciertamente. Los en­trecomillados dice E. Zas que los puso Colón, y los otros también lle­van el triple sello coloniano; son de accidentes minúsculos, van entreve­rados en Galicia y en América unos con otros y son muchos. De donde se deduce la paternidad del Almirante.
  3.  Hay cambios de nomenclatu­ra y sustitución total de nombres, por ejemplo: Cabo de Bicos por Pta. Pierna, A Lousa por A Moa, Cabo del Grove por Pta. Lanzada* Se dice indistintamente Tres Her­manos o Tres Hermanas. En Amé­rica, Cuba, Costa NE., no se ve aho­ra Casanova ni otro menos elegan­te, como puede verse en Dicc. Hisp* Americano, t. 6, p. 1.460, 2.a co­lumna. Sierra del Cristal en Cuba pienso que está tomado de Serra o Sierra del Gistral, equivalente a Sierra del Ginestral, derivado de la “ginesta”, que tanto abunda en el N. de Lugo, y se llama popularmente “xestá”. En Pontevedra hay el Mte. Xes- teira.
  4. Tengo la certeza de que estos nombres aumentan en número si se procede a un rigoso rebusco, para lo cual es de desear la cooperación binada de investigadores america­nos y españoles.

Véanse localizados en los dos planos de las rías, que ofrecemos

mapa_pontevedraEl R. P. Tomás Barreira

tomasBarreiraNació en Sta, Ma­ría de Bascuas, Lugo, el 20 de noviembre de 1883. Pasa­dos los primeros años de la infancia, ingresó en el Semi­nario de Lugo en 1889. Al terminar la carrera eclesiás­tica, entró, a los pocos me­ses, en la Compañía de Je­sús. Pasó de profesor a Amé­rica en 1917, y a su vuelta en 1921, todavía continuó su formación, hasta que en 1925 comenzó la vida ministerial en las Misiones rurales.

Desde 1950 viene defen­diendo en FARO DE VIGO, con el seudónimo de “Don Modesto”, la tesis de Colón pontevedrés. Es el segundo La Riega, pues con lo hecho por este benemérito hijo de Pontevedra, Otero Sánchez y otros ilustres escritores amantes de las glorias patrias, fue fácil dar al problema mayor actualidad, cuando parecía es­tar del todo olvidado.

Es el estilo del P. Barreira sencillo, sin polémica y sin dejar por eso de salir al paso contra cualquier tesis que contradiga la pontevedresa. Va siempre a base de razones, tomadas de los pri­mitivos autores, con la eva­cuación de las citas corres­pondientes, a fin de refor­zar la verdad para salir del embrollo a que conduce tan­ta variedad de critetios sin suficiente apoyo.

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