Crítica de cine: 'Eternamente Comprometidos'

Publicado el 10 septiembre 2012 por Lapalomitamecanica
Parejas del siglo XXI, seguid esperando vuestra película

Nota: 4
Lo mejor: la sonrisa de Emily Blunt.
Lo peor: que no hace gracia y se hace larga.
Gatillazo. No hay mejor forma de explicaros en breves palabras ante qué nos encontramos. Eternamente Comprometidos es una comedia fallida lo mires por donde lo mires, principalmente, porque de comedia tiene más bien poco. La tercera película de Nicholas Stoller (Paso de Tí, Todo Sobre Mi Desmadre) como director intenta seguir la estela instaurada en la comedia moderna por la factoría Apattow o exitazos como Supersalidas, ésa en la que el desarrollo de personajes está por encima del gag de sal gorda, y se ha pasado de trascendental. En su intento por establecer una radiografía de la pareja contemporánea, nos ha dejado una película que bordea el drama peligrosamente estructurando una de esas cintas en el limbo de dos géneros, que no resulta satisfactoria en ninguno de ellos, pero que tampoco desemboca en un desastre insoportable. Vamos, un gatillazo. Un abrazo tragicomico y tierno frente a la promesa de un orgasmo múltiple.

Porque otra cosa no, pero la pareja protagonista inspira ternura por los cuatro costados. No voy a entrar demasiado en el apego a la realidad de sus vivencias durante los cinco años que se pasan comprometidos, porque esto tampoco es el gabinete sentimental del Hola, pero la idea de los guionistas, Stoller junto al propio Segel, ha sido confeccionar a dos enamorados tipo. Una pareja del siglo XXI en la que se puedan ver reflejados los espectadores. En este caso, es ella la que tiene el gran trabajo por el que retrasan la boda mientras que él se queda en casa tejiendo un jersey. El problema es que en lugar de explotar el cambio en la concepción tradicional de los roles -la cena con Segel "amo de su casa" es de lo mejor de la cinta-, el guión se decanta por profundizar en la depresión que la situación le genera al protagonista masculino, que pasa de ser un tío normal a convertirse en un adolescente de 30 años que se pasa el día disfrazado de conejo y bebiendo cerveza. Y podrás estar de acuerdo o no con la radiografía del castratti moderno que plantea el filme, pero lo que seguro no harás es reírte por el camino por mucha química que desprenda el dúo protagonista.
Ambos intérpretes aprueban con nota, pero ya sea porque Jason Segel encarna a un rol demasiado parecido al de su trampolín Marshall Eriksen, o porque todo el relato está así planteado, es Emily Blunt la que se erige como el músculo en el apartado interpretativo iluminando la habitacion no sólo con su sonrisa exageradamente profident, sino con una naturalidad para conectar con la audiencia cincelada a cada pequeño gesto. El tercero en discordia -porque esto no deja de ser una comedia ROMÁNTICA-, es el jefe de ella (Rhis Ifans), medallista olimpico en tiro de tejo al más puro estilo Barney Stinson y un recurso que el guión se lleva y trae a su antojo. Menos mal que el intérprete británico se encarga de demostrarnos en cada película que es capaz de afrontar cualquier tipo de rol, y sólo su seguridad y carisma logran salvar a un personaje que ralla la inverosimilitud desde su primera y espectacular aparición en pantalla. Más de lo mismo para la larga ristra de secundarios, casi todos procedentes de la Tv como Mindy Kalling (Kelly en The Office), Alison Brie (Community) o Chris Parnell (el gran Dr. Spaceman de 30 Rock), tan correctos como sus papeles les permiten.

Pero por mucho que el reparto esté cargado de profesionales de la comedia, si el humor no encuentra su tono, todo se convierte en una pérdida de tiempo (concretamente, en una muy larga de 124 minutos). Los diálogos secos, las dobles lecturas sutiles hasta decir basta y la escasa sensacion de evolución o incluso del paso del los cinco años que reza el titulo original, The Five Year Engagement, nos dejan lo que sólo podemos calificar como el cadáver de una película generacional de culto. Una oportunidad perdida para construir un referente para todos esos treintañeros que intentan buscarse una vida de a dos fuera del núcleo familiar y que tan necesitados están de comedia en nuestros días. Aquí no la van a encontrar.