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Crítica de Frío en julio, un film de Jim Mickle

Publicado el 20 noviembre 2014 por Bebina @Games4u_es
frio en julio

Todo gran thriller que se jacte de serlo ha de tener tres cosas: comenzar con un evento aparente y que conlleve unas consecuencias a priori predecibles,tirar por tierra todas tus teorías con un giro impredecible de esos que jamás verías venir y, sobre todo, lograr mantener al espectador en tensión desde el primer segundo de metraje hasta el mismo momento en el que la pantalla se queda a oscuras y aparecen los créditos. El cuarto film de Jim Mickle (Vampiros del hampa, We are what we are) no solo cumple con todos los puntos antes mencionados, los ases en la manga del género al que pertenece, sino que a su vez nos deleita con otro trío más (no penséis cosas raras que por ahí no van los tiros) que no es otro que la trinidad de actores protagonistas: Michael C. Hall (Dexter), Sam Shepard (El informe Pelícano, Black Hawk derribado) y Don Johnson (El abogado del diablo, Machete), este último aunque se hace esperar, es probablemente el personaje que mejor representa el espíritu de la película, pero vamos por partes, descubramos que es eso que podría helarnos la piel incluso estando en el caluroso Texas en julio de 1989.

Frío en julio comienza con el ruido de unas manecillas de reloj, en una habitación oscura, donde Richard Dane (Michael C. Hall) y  su esposa (Vinessa Shaw) duermen plácidamente, hasta que unos ruidos que vienen del salón les despiertan súbitamente…. el asustado padre de familia coge el revólver de su padre y tembloroso se dirige al salón. Al encontrarse cara a cara con el inesperado huésped, le apunta con el arma, pero no dispara, vacila tembloroso, se ve que no es un hombre de gatillo fácil, no pretende ni tan siquiera disparar cuando de pronto suena el reloj…como el tick-tack final de una bomba de relojería y Richard se sobresalta, apretando el gatillo. El sofá y el enorme cuadro de la pared se tiñen de rojo, la oscura silueta yace muerta ante sus ojos. En seguida llega la policía y reconoce al fallecido asaltante como Freddy Russel, un criminal buscado. El reloj ya no suena y el mal parece haber recibido su justo castigo…..sin embargo una sensación amenazante perdura en el aire.

Acechado por el sentimiento de culpabilidad, Richard acude al funeral de Freddy, donde se encuentra con el padre del joven que acaba de salir de prisión, Ben (Sam Shepard), el cual de forma indirecta comienza a hacer insinuaciones sobre lo que le podría pasar al pequeño y único hijo de Richard, el cual no tarda en darse cuenta del tremendo error que ha cometido al acudir al entierro. Más aún cuando Ben comienza a acosar a la familia Dane, en el colegio y en su propia casa lo que lleva a nuestro protagonista a una situación límite. A partir de ahí, nada es lo que parece en este film, en el que ni los buenos son tan buenos ni los malos tan malos, plasma esta idea de forma perfecta el personaje que completa el grupo de protagonistas, Jim Bob Luke (Don Johnson), cuando dice: “cuando eres joven es muy fácil distinguir el bien del mal, pero a medida que envejeces cada vez es más difícil diferenciarlos con claridad”. Este perro viejo, mitad mercenario, mitad granjero es, en muchos sentidos, el alma del film, con su aspecto de cowboy sureño desfasado pero correcto y elegante, su descapotable rojo y su fina ironía consigue dar unión a todos los elementos de la segunda parte de la historia, amén de ser el único que nos hará descorchar algunas risas en algún momento puntual, algo que entre tanta tensión sólo se puede lograr con un personaje tan bien construido como al que da vida de forma magistral Don Johnson, él está por encima del bien y el mal, no juzga, tan solo hace lo que hay que hacer, con buen humor, estilo y de la forma más inteligente posible.

cold in july Crítica de Frío en julio, un film de Jim Mickle

También brillante está Michael C. Hall, siendo un tranquilo y acomodado trabajador que hace marcos para cuadros, un padre de familia honrado y pacífico que se ve envuelto en una serie de acontecimientos que alteran su propia naturaleza….o quizás descubren algo de de su propia personalidad que el mismo ignoraba que existiese. Su evolución a lo largo del film recuerda a la del personaje de Viggo Mortensen en Una historia de violencia, solo que en este caso es a la inversa; Richard Dane no es un ex criminal que busca rehacer su vida como un hombre de bien cuando su oscuro pasado le vuelve a llamar, al contrario, jamás había matado a nadie, nunca se había visto involucrado en algo tan oscuro como lo que le acontecerá…..y sin embargo tendrá una oportunidad de abandonar en un momento dado, seguir siendo ese hombre familiar y tranquilo que solo se ha manchado las manos de sangre por un desafortunado revés del destino, pero ya no será capaz de dejarlo correr y volverá para finalizar lo que empezó, manchando sus manos de nuevo con el rojo, y esta vez de forma voluntaria.

Precisamente, y hablando de sangre, ésta no solo aparece como elemento fundamental de un thriller, tampoco de forma gratuita e innecesaria, la hemoglobina en pantalla tiene una función algo más simbólica; representa lo que llevamos dentro, lo que nos salpica y mancha, lo que nos disgusta y tememos de nosotros mismos, por eso son tan representativas y parecen tan cotidianas las escenas de la película en la que Richard y su esposa tratan de limpiar la sangre del sofá, del cuadro y se deshacen de todo lo que ésta ha manchado, incluyendo esa escena en la que el atormentado padre de familia vacía un cubo con sangre en el váter ante la mirada de su hijo pequeño. En este sentido, y ya en la parte final nos encontramos también una soberbia toma en la que el señor Dane dispara a un tipo y al mezclarse la sangre con la luz toda la pantalla se vuelve roja, en un momento que recuerda a partes iguales al cine de los hermanos Coen y al de John Carpenter. A este último recuerda también la banda sonora del film, con un tema principal que le sienta como anillo al dedo, perturbador y acuciante a partes iguales.

Poco más se puede decir de este magistral, sorprendente e inteligente thriller basado en una novela de Joe R. Lansdale, no solo consigue dejarnos con esa sensación de ambigüedad angustiosa sino que juega con nuestras presunciones sobre el propio género cinematográfico al que pertenece y nos lleva por donde le place, un viaje que deja marca y que salpica sangre de buen thriller, de esa cuya mancha no se quita del todo por mucho que la lavemos.

 


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