Revista Maternidad

Crítica de la película musical Los Miserables + Bonus: Cosette y Gavroche

Por Bebemon

Ya ha llegado a las pantallas Los Miserables, el mayor éxito de Claude-Michel Schönberg y Alain Boublil, con permiso de Miss Saigon. El musical basado en la novela de Víctor Hugo es posiblemente uno de los más queridos por quienes disfrutan de este género teatral. Los motivos: la historia de toda una vida con momentos de gran intensidad, un protagonista perseguido injustamente por robar un mendrugo de pan, la lucha revolucionaria, la miseria, el amor no correspondido…

Y todo ello con grandes voces y algunos show-stoppers (canciones que atraen de tal manera al público que hacen olvidar el paso del tiempo) que ya forman parte de la historia de los grandes musicales. La traslación al cine gustará a muchos y encontrará muecas de rechazo de los incondicionales de la obra teatral. Pero es innegable que es un gran espectáculo.

El espectáculo

La película arranca con una gran escena al más puro estilo Ben Hur y nos quedará confirmada más adelante la apuesta por resurgir los mejores momentos del glorioso Technicolor con las nuevas tecnologías: la panorámica desde los tejados de Paris en la canción “Stars” y los acantilados junto a la abadia de Digne en “What have I done”.

Para compensar esta artificiosidad, el director Tom Hooper opta por el intimismo de los personajes principales, a menudo con primerísimos planos, voz en directo (cuando en la mayoría de musicales se graba previamente en estudio) y manteniendo la cámara sin cortar la escena. Es el actor o actriz a solas con su interpretación. Pura magia teatral, un guiño al realismo que solo se da sobre un escenario. La prensa ya habla de nominaciones al Óscar para Anne Hathaway y Hugh Jackman.

Crítica de la película musical Los Miserables + Bonus: Cosette y Gavroche

Los actores

En efecto, estos dos actores en los roles de Jean Valjean y Fantine, así como Samantha Barks (Eponine) y Eddie Redmayne (Marius) lucen una expresividad de gran altura emocional en cuatro de las canciones más conocidas: “Bring him home” (que a los aficionados a la ópera recordará al Coro a Bocca Chiusa, de Madame Butterfly), “I dreamed a dream”, “On my own”  y “Empty chairs and empty tables”. Todas bañadas en lágrimas.

Claude Michel-Schönberg ha hecho un esfuerzo excepcional en adaptar la partitura original a las capacidades vocales de los intérpretes, bajando la tesitura de la mayoría de personajes y sustituyendo las notas altas por recitativos. En su lugar, los actores ofrecen un “tour de force” interpretativo inusual. Los pocos que se atreven a cantar en el tono original son Samantha Barks, que ya había interpretado a Eponine en el West End londinense y es de lo mejor de la película, Eddie Redmayne (Marius), Aaron Tveit (Enjolras) y los niños Daniel Huttlestone (Gavroche) e Isabelle Allen (Cosette). Ocasionalmente, Amanda Seyfried (Cosette adulta).

Russell Crowe queda desdibujado como Javert, el eterno perseguidor de Jean Valjean y ejecutor implacable de la ley, y su voz es posiblemente la más débil del reparto. El rol de Javert es hiératico y malvado por convicción moral, mientras que Crowe lo convierte en inexpresivo. Como es sabido, Crowe recomendó a su compatriota australiano Hugh Jackman para el papel de Lobezno en X-Men cuando era un desconocido y dicen que ahora Jackman recomendó fervientemente a Crowe. Ninguno de los dos es profano en terreno musical: Jackman se fogueó en musicales (Sunset Boulevard, La Bella y la Bestia, Oklahoma) y ganó un Tony por The Boy from Oz; Russell Crowe cantó sobre escenarios en The Rocky Horror Show y Blood Brothers y era la voz solista de la banda de rock 30 Odd Foot of Grunts.

La parte cómica de la función la ponen Monsieur y Madame Thénardier, interpretados por Sacha Baron Cohen y Helena Bonham Carter. Los dos habían intervenido anteriormente en otro musical filmado, el Sweeney Todd de Tim Burton. Ademán, ella protagonizó El Discurso del Rey, la anterior película del director de Los Miserables. El duo Thénardier suple sus limitaciones vocales con la comicidad llevada a la exageración. En la versión teatral, este matrimonio de pillos eran puro género pantomime británico y aquí son caricatura de la caricatura.

El guión

¿Es necesario un guionista en una obra teatral ya consagrada? Pues en este caso, William Nicholson ha decidido tapar grietas entre la novela de Víctor Hugo y el musical de Schönberg/Boublil. Así, incorpora escenas de la novela que no estaban presentes sobre los escenarios: imágenes rápidas del prólogo, el rescate de la pequeña Cosette por parte de Valjean y el gozo de sentirse su padre (con canción inédita incluida, “Suddenly”), el convento de monjas donde Fauchelevent refugia a Valjean, el elefante monumental de La Bastilla donde se esconde Gavroche…

Pero sobre todo, explica acciones que en el musical aparecen de repente. Y cambia de ubicación canciones para adaptarlas a la trama (Do You Hear the People Sing, en el funeral de Lamarque). También hace desaparecer una canción (Dog Eats Dog) y acorta otras (la bellísima Turning).

La dirección 

Cameron Mackintosh, productor teatral de Los Miserables, El Fantasma de la Ópera, Miss Saigon, Cats y Mary Poppins, entre otros, buscaba alguien que supiera trasladar la magia escénica a la gran pantalla. Si la obra se estrenó en su versión inglesa en 1985, ya en 1988 tanteaba a Alan Parker (director de Evita, Fame, Pink Floyd’s The Wall, The Comittments, Bugsy Malone) para realizar la película.

Pero no fue hasta 2011 que contrató a Tom Hooper, Óscar al mejor director y película por El Discurso del Rey, y sin experiencia previa en musicales ni en grandes producciones. ¿El motivo? Es difícil saberlo, pues la crítica especializada lo considera demasiado academicista, falto de una personalidad propia.

La apuesta de Cameron Mackintosh y Tom Hooper ha consistido en la voz en vivo, acompañada en el set por un piano que en post-producción fue sustituido por el sonido orquestral. Intimismo y épica son los dos pilares de la película.

Para los amantes de los musicales, algunas escenas recordarán a otros clásicos (niños pobres corriendo a lo Oliver!, ciudadanos encerrados en un ghetto a lo Downtown de Little Shop of Horrors…). Y sorprenderá la multiplicidad de espacios donde transcurre One Day More, en la que cada personaje debe tomar partido ante la inminente batalla, igual que hizo la versión filmada de West Side Story con Quintet, también antes del enfrentamiento entre bandas.

Los niños en Los miserables

Siendo este un blog sobre niños, vamos a dedicar un espacio a Cosette y Gavroche, los dos personajes más jóvenes de Los Miserables. (¡Cuidado, spoilers, a continuación desvelamos algunas cosas importantes de la trama).

Cosette es la hija de 8 años de Fantine, madre soltera tras ser engañada por un hombre. Para sobrevivir a la vida miserable del Montreuil de 1823, Fantine debe trabajar en una fábrica mientras la pequeña Cosette sirve en la infecta posada de los Thénardier, a las órdenes de su desquiciada dueña y su marido borracho. Sin tiempo para el ocio, aprovecha mientras barre o recoge agua de una lejana fuente para soñar con un “castillo de cristal” en las nubes, donde una dama vestida de blanco le dice palabras bonitas (una idealización de su madre, a quien no ve nunca).

Jean Valjean se convertirá en su padre adoptivo y pondrá como objetivo de su vida dar a la niña un futuro mejor. No solo lo hará para lavar su culpa por dejar morir a la madre de Cosette, sino porque, por primera vez en su errática y huidiza existencia, tendrá la posibilidad de cuidar de alguien. Ese mismo celo protector lo extenderá unos años más tarde a Marius, el prometido de su hija y a quien también salvará la vida.

Gavroche es un muchacho que malvive en las calles de Paris, aguzando el ingenio para sobrellevar la pobreza y el hambre, expulsado de casa por sus propios padres, que alegan que fuera tendrá una vida mejor. Dotado de inteligencia y viveza, se sabe  todos los trucos para sobrevivir y plantar cara a los adultos.

Corren las revueltas estudiantiles de 1832 y Gavroche se une a ellas, esperanzado en que todo cambie. No es así y, como tantos jóvenes, deja la vida entre las barricadas, abatido a tiros. Victor Hugo lo dibuja como un ejemplo de alegría en la adversidad y pone esta canción en su boca momentos antes de morir: ”La alegría es mi ser, por culpa de Voltaire, si tan pobre soy yo, la culpa es de Rousseau”.

Un deseo a todos : ¡Disfrutad con la película!

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