Revista Cine

Crítica: "La Jungla: Un buen día para morir"; Yipi Ka Plof

Publicado el 14 febrero 2013 por Banacafalata
LA JUNGLA: UN BUEN DÍA PARA MORIR
Título Original: A Good Day to Die Hard Director: John Moore Guión: Skip Woods Música: Marco Beltrami Fotografía: Jonathan Sela Interpetes: Bruce Willis, Jai Courtney, Sebastian Koch, Mary Elizabeth Winstead, Julia Snigir, Amaury Nolasco, Megalyn Echikunwoke, Cole Hauser, Anne Vyalitsyna Distribuidora: FOX Fecha de Estreno: 15/02/2013
Parece que los ochenta no quieren desaparecer, o al menos sus estrellas están empeñadas en volver cueste lo que cueste. Fue Stallone el que abrió la veda cuando en 2006 se volvió a enfundar los guantes de Rocky Balboa para una sexta entrega, y fue el mismo Stallone el que les dio un sentido homenaje a todas esas estrellas de un cine ya muerto con las dos entregas de Los Mercenarios. No ha sido el único en volver, hace apenas unas semanas Schwarzenegger volvió a liarse a tiros con Eduardo Noriega en la divertida El Último Desafío. Existe una gran diferencia entre gente como Stallone o Schwarzenegger con Bruce Willis, y es que ellos cayeron en un cierto olvido del que no les quedó otra que resurgir. Por su parte, Willis, siempre se ha mantenido en la cumbre, ha probado incluso nuevas cosas en las que ha demostrado que puede ser más que una simple estrella de acción, como le pudimos ver el año pasado en Moonrise Kingdom o Looper, pero por mucho que se haya sabido adaptar a los tiempos que corren, eso también puede ser contraproducente. Quizás viendo los flojos resultados críticos que obtuvo la cuarta entrega de una saga que siempre había contado con algo más que con el favor del público, en esta quinta entrega se ha tratado de reinventar. Al contrario de lo que buscaban Schwarzenegger y Stallone con películas que rezumaban nostalgia e incluso se permitían el lujo de caer en la autoparodia, esta nueva entrega es un insulso intento de revitalizar la saga de cara a las nuevas generaciones, ofreciendo con ello un desmedido espectáculo de pirotecnia en la que no sólo no queda ni un ápice de lo que era aquel cine de acción que comenzó en la era Reagan, si no en la que se viola por completo el espíritu de lo que siempre fue La Jungla de Cristal. Y es que más allá del rostro de su protagonista, poco hay aquí de la franquicia que inició John McTiernan.
En esta nueva entrega siguen apareciéndole hijos a McLane de los que nunca habíamos oído hablar. Si primero fue Mary Elizabeth Winstead, ahora es Joi Coutney el que meterá en problemas a su padre. Así cuando se encuentre con que su hijo ha sido detenido en Rusia, McLane volará hasta allí para intentar ponerle a salvo, entorpeciendo sin querer una operación de la CIA en la que su hijo estaba trabajando. Por supuesto, papá McLane y McLane hijo no se llevan demasiado bien, y es que el bueno de John se pasó la vida luchando contra terroristas, ya fuera en edificios, aeropuertos o en pleno Nueva York, esto le llevó a desatender a sus retoños, que ahora no pueden evitar reprocharle la falta de afecto. Pero los dos se tendrán que apañar para conseguir entenderse y volver a recuperar ese tiempo perdido cuando a Jack McLane no le quede otra que aceptar la ayuda de su padre para así conseguir salvar la misión y poner a salvo a un viejo ex-terrorista que tiene valiosa información para el gobierno de los Estados Unidos. Juntos recorrerán el camino de Rusia a un Chernóbil que parece haberse puesto de moda ahora en Hollywood, e intentaran cumplir su propósito, mientras que unen lazos y aplastan y tirotean a todo lo que se cruce en su camino.
Hubo siempre en La Jungla de Cristal varias constantes que siempre se mantuvieron hasta ahora, que funcionaban como pilares de apoyo para que no fuera sólo el extraordinario héroe el que tuviera que llevar todo el peso de la película. Siempre tuvimos la presencia de villanos terribles, personajes como los de Alan Rickman, Franco Nero o Jeremy Irons, que tenían tal carisma que dejaron su imagen marcada al lado de la de McLane. Eran malos perfectos, no les faltaba tampoco ese, siempre tan importante, lado caricaturesco, pero su tiranía era tal que te llevaban a creer que sólo McLane podría acabar con ellos. Aquí no encontramos nada similar, posiblemente en el plazo de una semana me haya olvidado de que Sebastian Koch interpretaba a ese villano, y es que no resulta ni atractivo, ni interesante, ni mucho menos amenazante, sencillamente éste no es uno de esos malos tan terribles a los que sólo el bueno de Willis podría enfrentarse.
Por el otro lado, y no menos importante, la saga contó siempre con fantásticos secundarios, un contrapunto cómico, para que las sandeces de McLane pudieran distribuirse y no acabar sonando repetitivas (¿Cuántas veces llega a soltar en esta película que sólo está de vacaciones?). Ahí estaban para ayudar en ese importante cometido, gente indispensable para la saga como pueden ser Reginald VelJohnson, Dennis Franz, el inolvidable Zeus de Samuel L. Jackson o incluso Kevin Smith. Aquí no sólo es que no encontremos a ese personaje cómico, si no que en lo que podía haber sido un fantástico intento de resucitar las buddie movies, la película fracasa estrepitosamente. No existe química ninguna entre Willis y Courtney, empeñado en ser demasiado serio para una película de estas características. Si el intento era el de apadrinar a una nueva estrella de acción que pudiera hacer seguir viviendo a la saga sin la presencia de Willis, nos topamos con un tipo sin carisma, sin gracia, y que incluso tiene un rostro al que es fácil cogerle antipatía.
Así, sin ninguno de los ingredientes que hicieron grande a la saga, ¿Qué es lo que nos queda? Limitarlo todo a un espectáculo de pirotecnia, a una sucesión de escenas de acción, que además están bastante mal dirigidas, y que nunca tienen demasiado sentido. Encontramos persecuciones inverosímiles por su tremenda exageración y explosiones sin pies ni cabeza que a buen seguro harían las delicias de Michael Bay. La Jungla: Un buen día para morir fracasa en todo lo que se propone, y es que dejarlo todo en el carisma de Bruce Willis para levantar la película es demasiado arriesgado y desde luego insuficiente. Hacer una película cuando no hay ideas es una locura, no es de extrañar que esta entrega sea con diferencia la más corta de la saga, y es que ya hay noventa minutos alargados sin nada que contar. Desconozco si esta película agradará al público adolescente que se acerquen a verla con ganas de una estruendosa pirotecnia, pero los que busquen el duelo de inteligencia ente McLane y su némesis, las chispas de un brillante sentido del humor o la asombrosa inventiva a la que su protagonista nos tenía acostumbrados a todos aquellos que disfrutamos de las primeras entregas de la saga, acabaran completamente defraudados. Quizás, para el bueno de Willis no sería mala idea una retirada a tiempo, tal y como hicieron de forma forzada o voluntaria, sus compañeros. Entonces, a lo mejor dentro de diez años, envuelto en una bruma de nostalgia, se da cuenta de que para volver no necesita reinventarse, si no mirar atrás, porque La Jungla de Cristal no es James Bond. Sólo puede haber un McLane, y ése debe ser siempre el mismo, y su espíritu debe volver de la misma manera. Quizá igual entonces pueda volver para soltar un Yipi Ka Yei en condiciones, porque hasta en eso, la película es insulsa, soltando el peor de toda la saga.

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