Crítica Mi Semana con Marilyn

Publicado el 16 mayo 2012 por Cinéfilo Criticón @cinefilocritic

Un fantasía hecha realidad

 ★★★½☆ 

Por más que la publicidad se esfuerza en hacernos creer que nuestra atención debe de estar en Marilyn (Michelle Williams), lo cierto es que esta es la historia de un joven ansioso por abrirse camino en el mundo del cine, buscando pacientemente una vacante en uno de los estudios de cine en Inglaterra. Que el destino le haya dado la dicha de conocer a la famosa actriz y hasta el derecho de romperle el corazón, son los motivos principales de la existencia de la película.

Esta es otra producción de la ‘Weinstein Company’, los mismos que llevaron a la pantalla ‘El discurso del Rey’, entonces se podrán dar una idea de la calidad tanto en vestuarios y hasta los escenarios que imitan la grabación de la cinta ‘El príncipe y la corista’ de 1957, en la cual compartió créditos Monroe con Laurence Olivier, quien por desgracia también era el encargado de dirigir. Es en esa semana de grabaciones donde se desarrolla la trama de la película desde la ingenua perspectiva del joven Colin Clark (Eddie Redmayne), quien vive su sueño de trabajar en el cine.

La película se toma su tiempo en tejer las relaciones de los personajes con la gran actriz, en especial con Laurence Olivier (Kenneth Branagh) quien al parecer estuvo a punto de que la cabeza le estallara. Desde llegar tarde al foro, la falta de profesionalismo en su trabajo y hasta su sequito de ayudantes que a cada instante le tenían que reafirmar su talento; en serio que Monroe necesita tener un capítulo en algún libro de psicología. El filme la pinta como una celebridad con graves deficiencias emocionales, casi como un hoyo negro de depresión en donde todo lo que gira a su alrededor con el tiempo es succionado en esa tristeza. Quizás suene más dramático de lo que es, pero es la cualidad del director Simon Curtis de no caer en el melodrama lo que hace amena la cinta, ya que prefiere dejarse llevar por los momentos alegres en donde Colin experimenta la fantasía de todo hombre, al ser seducido por la figura artística del momento.

La figura de Marilyn Monroe es demasiado grande para lograr sepultar las aspiraciones de muchas actrices. Lejos de la complejidad del personaje o el parecido físico, el riesgo que se corre al reproducir su cautivador carisma es el caer en la sobreactuación, lo cual es motivo suficiente para hundir toda la película. Por eso con el transcurso de los minutos la interpretación de Michelle Williams se vuelve tan valiosa, como cautivadora. Quizás si Meryl Streep no hubiera sido nominada, pudo haber sido la sorpresa en los Oscares.

Ahora, no entiendo a la crítica que se empecina en buscarle profundidad a la obra cuando es claro que no es una biografía, quizás el mayor pecado pretender darnos una visión privilegiada de la actriz cuando en realidad son los relatos de una fanático con una visión tipo cenicienta haciéndose sus sueños realidad. Es por eso que la película no logra tener el impacto necesario para sobresalir, claro que existe una sensación en la pantalla de que tanto Colin como Monroe están jugando con fuego al pretender ignorar sus circunstancias, pero todo se disipa al llegar al desenlace.

No esperen grandes sorpresas o revelaciones, es simplemente una cinta muy amena al contener una buena cantidad de diálogos sinceros, una reconocida actuación de Michelle Williams y la innegable sensibilidad hacia la imagen de Monroe.