Revista Regiones del Mundo

Crónicas afganas: En Marjah también se habla en español

Por Antoniopampliega

Desde Marjah.

Pérez, García, Vélez, Muñoz, Villamayor… Sus apellidos les delatan. Son- en su mayoría- de Puerto Rico y México y en los marines han encontrado una oportunidad para ‘escapar’ de sus países y poder optar a una vida mejor; aunque a cambio tienen que permanecer fieles un “mínimo de cinco años” al ejército de Estados Unidos. Cinco años en los que serán destinados a los países más peligrosos del mundo. En Irak fueron destinados más de 12.000 soldados de origen latino y en Afganistán la cifra es simular.

A pesar de esto; están contentos y agradecidos. “Me alisté para poder tener un futuro; en México, mi país, era imposible. El ejército me paga mis estudios de enfermería mientras estoy alistado. Ahora mismo, los que estamos haciendo misiones en el extranjero, a través del ordenador, podemos ir estudiando el temario y así no perdemos el compás de las clases; además, en Marjah hago las clases prácticas con los compañeros que han herido en los combates contra los talibán”, afirma Miguel Ángel Vélez mientras me muestra el temario y los libros, electrónicos, que debe estudiar para conseguir el título de enfermero.

El caso de Miguel Ángel no es aislado. En la compañía Bravo- de los marines de Estados Unidos- el castellano pisa los talones al inglés. Muchos de los soldados hablan la lengua de Cervantes, con más o menos soltura. En el ejército se puede comprobar la diversidad que se puede encontrar en las calles de una de las potencias punteras del mundo. “Nos sentimos cómo uno más. Estamos muy integrados con nuestros compañeros y luchamos y morimos a su lado. Por ser inmigrantes nadie nos da un trato diferente. En los marines todos somos iguales; desde el general hasta el último soldado”, afirma Vélez mientras cura una herida de un compañero en el pie izquierdo. “Después de 18 horas con las botas puestas los pies sufren mucho”, afirma el futuro enfermero.

El caso de Richard García es diferente al de su compañero Miguel Ángel. Norteamericano de nacimiento- es natural de Chicago- se alistó en los marines para cumplir su sueño “poder viajar”. “Me alisté dos semanas después de cumplir 18 años, a mi madre- que es directora de un instituto- le di un disgusto porque quería que hubiese estudiado leyes; pero a mí lo que realmente me gustaba era poder viajar por el mundo y conocer culturas diferentes. Y lo he cumplido con creces”, afirma.

Este marine, que lleva 15 años, ha estado por medio mundo: Panamá, España- “me encantó, sobre todo la fiesta que se traen allá”- Grecia, Kosovo, Bosnia, Somalia, Colombia, Irak- “estuve en Faluya; allí sí que lo pasamos mal”- y por último Afganistán. “Pedí venir voluntario para echar una mano a mis compañeros. Y lo que nos hemos encontrado ha sido un país destrozado por tanta guerra y a la gente cansada”, afirma este sargento primero que recalca, una y otra vez, que “esto no es Irak. Aquí la gente no conoce otra cosa que la guerra. Le hemos pegado una patada a un avispero y nos vamos a ir sin haber terminado el trabajo”, sentencia. “Me quedan cinco años más y luego me retiraré al sector privado… Hago esto por mis hijos para que ninguno tenga que hacer lo que ha hecho su padre; pero sobre todo para que ninguno de los dos vea las cosas que he visto yo”.

Carlos Muñoz, tiene 19 años, y acaba de salir de la base militar de West Point. Afganistán es su primer destino y tendrá que permanecer en el país un año; en periodos de cinco meses- tienen un mes de vacaciones para poder ir a casa y desconectar. “Es más duro de lo que me imaginaba. Lo que peor llevo es no poder bañarme”, ríe este joven soldado de padres colombianos y natural del barrio del Bronx, en Nueva York. “No era bueno en los estudios y mis padres me dieron a elegir. El ejército o trabajar con mi padre en un taller de coches; así que elegí alistarme y estaré cinco años. Pero luego no creo que continúe… La gente no sabe lo duro que es esto”, afirma.

“Echo de menos poder hablar con la familia; con mi hermano pequeño. Es duro; pero me han entrenado para esto y estaremos aquí el tiempo que haga falta hasta que consigamos expulsar a los talibán de la zona de Marjah. Ante todo soy marine…”, confirma Carlos mientras se explaya hablando en español. Es el único latino en su unidad- destinada en un antiguo caserón en la zona de Marjah- y le hace ilusión poder utilizar su lengua materna…

Los latinos, en 2001, representaban el 9,7% de los soldados que tenía Estados Unidos en activo. Esa cifra se ha quedado pequeña y actualmente son casi el 20% de la tropa. Casi 200.000 soldados son de origen latino y la cifra continúa subiendo debido a la posibilidad de obtener la nacionalidad norteamericana después de cinco años alistados. Eso es un caramelo demasiado tentador para los jóvenes latinoamericanos que huyen de la miseria de sus países al cálido confort de Estados Unidos. “Actualmente se están empezando a reclutar a jóvenes que vienen de Nicaragua, Colombia, Cuba y hasta de Venezuela”, afirma Thomas Williams sargento mayor que está al mando de unos de los puestos de vanguardia que ha ubicado Estados Unidos en el distrito de Marjah.


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