Crónicas del campo santo Nº 17, bajo invasión foránea.

Por Daniel Paniagua Díez

Crónicas del campo santo Nº 17, bajo invasión foránea.

Los autobuses se vuelven a llenar de pasajeros y hay colas para comprar loteria, la desesperación sigue subiendo de grado. Donde ya no hay colas es en los ambulatorios para recoger recetas o a que les metan vacunas al personal. Se va la gripe, regresan las sonrisas y las bromas, (viejos chistes a costa de las ambulancias)

El mercado tradicional de la plaza mayor recobra puestos (las avellanas de este año están muy ricas) y se ve muchos parroquianos cargando los carritos de la compra a rebosar (calabacines y cosas así)


Cuando llega la noche las tascas del barrio se vuelven a llenar (al treinta por ciento de aforo) de jóvenes principalmente. A penas se echa en falta a algún parroquiano ancestral, y la mar de longevo. El vino nos sienta tan bien...; los chavales prefieren hacer fiestas en los parques y se gritan unos a otros lo bien que se encuentran, las chicas se muestran incluso procaces (en especial las de las minifaldas)

Sus progenitores continúan en su larga marcha bovina hacia una esclavitud consensuada (tipo Corea del Norte) sin darle mayor importancia a que los abuelos caigan como chinches en esos apartaderos humanos que denominan: residencias tercera edad. A la que ellos no llegarán, caerán antes. ¿Cómo anda la cosa al día de la fecha?


La invasión foránea sigue su implacable curso: una de sus movidas, del día de la fecha, es trasmutar, aparentemente, el capitalismo salvaje (el agua, el agua de beber, cotiza en la bolsa de valores de Chicago; sin que se entere el ganado) en capitalismo equitativo.


Para interpretar mejor el estado del arte actual, y eso de lo equitativo, me viene al pelo una anécdota de cuando curraba, por estas fechas, en la estación del norte, turno de noche; llegaba el factor encargado y antes de proponerse enviar trenes hacia Gijón preguntaba por teléfono al capataz de Vías y Obras de la línea de Asturias:

  • ¿Cómo andamos de nieve?

  • Pues mire usted, hoy nevó una cacha y un cacho más. Si no para, mañana habrá más. Le contestó.

    Manolín, de voz carrasposa y caracter más carrasposo todavía tiraba de experiencia y R. G. C. Se gritaban las órdenes, se limpiaban los andenes, los trenes por su vía (y siempre de punta, que no entre alguno de costado) y se continuaba con la labor.


  • Si observan la gráfica anterior se observa bien la que nos ha caído este año: la cacha de primavera y el cacho más del otoño. Y si no para de caer... el año que viene... habrá más.

    Todo muy equitativo, eh, que para eso vamos a vivir en un planeta sostenible (la palabra mágica que estaban utilizando hasta estas fechas, pero el año pasado. No se sostiene a ojos vistas) Y la idea es que la "nieve" cae equitativamente para todos los seres humanos de este mundo. Capitalismo y leyes de mercado, como toda la vida de dios.

  • Recuerden esto amigos: es por consenso. ¿Les recuerda algo eso del consenso? Pues ustedes sigan, impasible el ademán hacia el despeñadero de este suicidio colectivo. Y muy equitativo, ¿verdad?


  •  Un pequeño regalo para mis amigos amantes de la astronomía: es un fotomontaje realizado por astrónomos australianos en el que se observa no la luz visible que en el satélite vemos rebotar con nuestro ojos, si no las ondas de radio. La parte rebotante.

  • Si le quitamos los colorines, (queda bonito, la verdad) y nos quedamos tan solo con las ondas de radio que rebotan en la superficie (la mayor parte son absorvidas por el satélite) observamos algo parecido a ¿una pelota de tenis? No sabría decir, dejen su opinión y amables comentarios a continuación.


Daniel Paniagua Díez