#crowdfundgreece

Publicado el 06 julio 2015 por Polikracia @polikracia

“Todo este caso relacionado con Grecia se está volviendo muy aburrido. Los ministros europeos se pasan el día haciendo poses mientras hablan sobre si pueden o no ayudar a los griegos. ¿Por qué no hacemos algo nosotros, la gente, en su lugar?

Thom Feeney

El crowdfunding no es más que otra de las muchas iniciativas que surgen día tras día en la sociedad civil y que nos ayuda a todos a ser cada día más libres. Micro mecenazgo en estado puro, que tiene la finalidad de financiar cualquier proyecto que alguien decida publicar en una de las diferentes páginas web dedicadas a ello, y que puede contar con el apoyo voluntario de todo aquel que lo desee. La contribución es opcional, la cantidad con la que colaborar es libre y la recompensa en base a esa ayuda la establece a su gusto la persona promotora del proyecto. Nos encontramos ante una de las ideas más liberales de los últimos años, que ha sido acogida por multitud de personas y asociaciones sin importar la posible ideología que pudiesen predicar.

La frase que he citado al inicio de este artículo ha sido plasmada por un ciudadano inglés en la última campaña de crowdfunding viral del momento. Se trata de llegar a la asombrosa cifra de 1.600 millones de euros para pagar, entre todo aquel que lo desee, el último plazo de la deuda griega que vence el 7 de Julio. Esta idea tan sencilla lleva tras de sí un pensamiento totalmente revolucionario. No se trata de pagar toda la deuda griega de un plumazo —puesto que esta asciende a más de 242.800 millones de euros (exacto, por desgracia para nosotros, los ciudadanos, los políticos no pueden resistir la tentación diaria de endeudarse para comprar votos de comicios posteriores) — se trata solo de un gesto simbólico, pero que puede desencadenar una reacción sin precedentes en nuestra forma de entender la política.

¿Cómo es posible que una iniciativa tan pequeña como esta ataque directamente a uno de los supuestos más dañinos que trae consigo la política desde que la conocemos? Hemos asumido erróneamente que, para funcionar en sociedad, necesitamos de gobiernos y poderes políticos coactivos que nos obliguen a hacer cosas que, sin atentar directamente contra terceros, nosotros no queremos hacer realmente. Esto ha sido porque, siempre, desde cualquier instancia de poder político, se ha nos ha repetido y repetido que, para funcionar bien socialmente, se necesita estar bajo el paraguas de métodos coactivos porque, sin ellos, entraríamos en un estado permanente de guerra de “todos contra todos”. Y esta mentira, dicha una y mil veces, al final ha tomado un cariz de verdad incuestionable para la mayoría de los ciudadanos.

En cambio, luchar por llegar a acuerdos voluntarios siempre va a resultar más positivo socialmente que imponer acciones en contra de la voluntad de las personas. Al igual que, obligar a contribuir forzosamente con servicios que no se desean, o impedir la unión de las personas para que puedan emprender proyectos en común, es siempre más perjudicial para la prosperidad y el desarrollo social que consentir que todos decidan en libertad con quién juntarse o dónde prestar su apoyo. Por poner un ejemplo, actualmente los servicios públicos tienen preferencia frente a los privados en muchos sectores y son de obligada financiación por todo el conjunto de ciudadanos. Sin embargo, en contra de esta idea debería primar la libertad de que el ciudadano pueda elegir si quiere o no beneficiarse (y, por ende, financiar) de aquellos servicios públicos que presentan una alternativa privada.

Si todos los europeos contribuyésemos de forma voluntaria con este proyecto, bastarían 3-4€ por persona para arreglar una parte del estropicio que han generado los gobernantes griegos en su afán personal de perpetuarse en el poder. Porque al buscar la causa final de la deuda pública, no existe otra explicación que no sea la de haber pedido dinero prestado al exterior para financiar promesas electorales y así tener más opciones de mantener el poder político de cara a las siguientes elecciones. Prestado, sí, porque no lo tienes, al no ser capaz de recaudar suficiente dinero con lo que generan tus ciudadanos a través de su trabajo diario. Prometer por encima de tus posibilidades, y que tu labor dependa de esas promesas, lleva inexorablemente a un endeudamiento cada vez mayor.

Este es el perfecto caldo de cultivo para que surjan nuevos “vividores de lo público” — porque, aunque sean rostros nuevos y diferentes, continúan viviendo del dinero que los ciudadanos ceden todos los años al Estado — quienes, prometiendo a los ciudadanos ser muy distintos de los anteriores, consideran ilegítimo lo que sus antecesores — políticos con su misma potestad y elegidos por las mismas personas en otro momento del pasado — han pedido prestado.

Ambos tipos de políticos solo pueden generar más miseria y están anclados en el principio coactivo de la (ojalá lo sea algún día) vieja política. La verdadera revolución política no reside en que vengan dirigentes dispuestos a no pagar las deudas adquiridas en los ejecutivos anteriores. Ni mucho menos en que, a continuación, los gobiernos entrantes sean partidarios de aumentar el gasto estatal en otras partidas, engrosando así la deuda incesantemente, ya sea por otros motivos que ellos consideran más loables.

Esos son los caminos fáciles y que se han seguido hasta el momento de forma unánime por el 99% de los gobiernos mundiales.  El cambio pasa por una verdadera revolución ciudadana frente a ese ilimitado poder coactivo de nuestros gobiernos, que son los mismos que deciden endeudarse por su propio interés y a nuestra costa.

Está claro que no se va a conseguir la cantidad necesaria para sufragar esta iniciativa, revolucionaria en cuanto a la forma de ver la política. Pese haber recaudado más de 1.650.000€ en 5 días, algo que ya ha entrado en los libros de récords, desgraciadamente esto no corresponde ni el 1% de lo solicitado. Precisamente porque, esta nueva forma de ver la política, todavía no ha llegado ni al 1% de los ciudadanos europeos, y esto es algo que el 99% de los gobiernos aplauden.