Escrito por Víctor Vich
CS, de José María Salazar, nos coloca en el medio del gas lacrimógeno y no sabemos cómo salir de ahí. Sin compasión, estas páginas nos desplazan de un lado a otro y es imposible poder ubicarnos. Las palabras revientan en los ojos y la salida no está por ningún lado. No hay explicación que nos oriente. No sabemos si somos las víctimas o victimarios, si estamos en el pasado o en el presente, si todo (lo local y lo global) se ha vuelto lo mismo. Solo se nos ha impuesto un estado de barbarie (siempre justificado) que ha conseguido tomar el núcleo mismo del lenguaje: las palabras han perdido toda capacidad lirica para volverse solo números fríos, cálculos interesados, burocracia pura y racionalidad irracional. El mundo ha estallado, el significante está roto y nos reconocemos heridos (asfixiados) y sin fuerza alguna. Todos se dispersan, concluye el libro. Solo algunos lo celebran.