No voy a aburrirlos esta vez con eso de que son “fotos de archivo”, porque además... ¿para qué arruinar el misterio? Pueden ser de hace unos días, de hace unos años o quizás de alguna de aquellas salidas que ya quedaron bastante lejos en el calendario. Lo importante es que el momento existió, que la mirada quedó registrada y que, de alguna manera, cada vez que vuelvo a ver estas fotos vuelvo también a ese pequeño instante en el que se produjo el encuentro.
Y hablando de encuentros, seguramente alguna vez les conté el gran secreto para poder acercarse a un ave sin espantarla. Si ya lo hice, sinceramente me olvidé; y si nunca lo conté, mejor todavía. Porque después de tantos años uno termina aprendiendo a fuerza de equivocarse, de acercarse demasiado, de ver cómo el supuesto modelo desaparece en un segundo y de quedarse mirando el lugar vacío donde estaba apenas un instante antes. Dicen que la experiencia es la mejor maestra, y en esto creo que tienen razón: hay cosas que no se aprenden leyendo ni escuchando consejos, sino equivocándose uno mismo.
Así que, si quieren descubrir el secreto de cómo acercarse a un ave rapaz sin que salga disparada antes de que puedan siquiera levantar la cámara, les recomiendo el método que utilizamos nosotros: aprender por el propio cuero. Es bastante más efectivo... aunque también implica unas cuantas fotos perdidas, algunas oportunidades que se escapan y más de una vez volver a casa con la cámara llena de paisajes y absolutamente nada de lo que habíamos salido a buscar. Pero cuando finalmente se produce ese momento, cuando el ave permanece allí y antes de apretar el disparador se cruza la mirada entre fotógrafo y modelo, todo lo anterior queda justificado. Porque algunas fotografías no se recuerdan solamente por cómo quedaron, sino por lo que ocurrió justo antes de que el obturador hiciera su trabajo; y cuando todo sale bien, aparece ese premio que no siempre queda registrado en la tarjeta de memoria; el instante exacto en que el ave levanta la cabeza y nos devuelve la mirada, ese intercambio , para mí, siempre fue una de las mejores partes de esto de andar detrás de los pájaros.