
En toda esa espiral de violencia, viviendo con su abuela y con sus padres en la cárcel, la conciencia política del guardameta se vio salpicada, nunca ha escondido su simpatía abertzale. Tal es así, que de siempre ha ofrecido su nombre y firma a manifiestos sobre la causa, bien fuera para la oficialidad de la selección de fútbol de Euskadi, para pedir la liberación de Arnaldo Otegi o para participar en el más polémico de todos en 2006, el Manifiesto de Ibaeta. Con él se apoyaba la marcha que exigía unas mejores condiciones para los presos de ETA. Participaron multitud de deportistas vascos, desde jugadores de la Real como Aranburu, Labaka o López Rekarte, hasta ex futbolistas de la talla de Iribar, Karmona, Sarriegi o Endika Guarrotxena, pasando por otros deportistas relevantes de Euskadi comopelotaris,trontzalarisoaizkolaris Pero fue en 2009 durante el Hatotxu Rock, festival de música para concienciar a la sociedad de la política penitenciaria hacia los presos de ETA, donde sobre el escenario fue fotografiado junto a otros cincuenta familiares de presos mostrando retratos de sus padres, madres, hijos, etc., todos ellos encarcelados. En ese mismo momento comenzó a conocerse su historia más allá del Ebro, fuera de Euskadi. El guardameta de la Real Sociedad comenzaría a tener problemas en el mundo del balón. Casualidad o no, dos años más tarde, en 2011, la Real Sociedad recibió una oferta del Hércules para que Zubikarai se marchara cedido curiosamente a Alicante, ciudad donde su padre, Kandido Zubikarai, se encontraba 22 años después en prisión. Debió haber salido en 2006, pero la famosa Doctrina Parot no se lo permitió hasta septiembre de 2011. Cuando Eñaut soñaba con recibir a su padre a la salida del centro penitenciario de Fontcalent, todo se torció inesperadamente. Las redes sociales y el correo del Hércules comenzaron a llenarse de mensajes pidiendo que no firmara por el equipo al ser hijo de un colaborador de ETA. Tal fue la presión, que las negociaciones se rompieron por supuestas discrepancias económicas, y poco tiempo después, el club alicantino publicó: "Cuando interesa un jugador nos fijamos en sus cualidades, no en si es de derechas o de izquierdas o si le gustan los hombres o las mujeres. Pero esto es un tema que puede herir la sensibilidad de mucha gente". La historia de Eñaut Zubikarai, el acercamiento de presos, ETA, ideales, política, familia, y cuantas otras etiquetas que hacen de aquella noche de abril de 1989, una de esas noticias de nuestro fútbol desconocida por muchos.