Cuando hay un divorcio, ¿qué quieren los niños?

Por Vidal

Foto: Pink Sherbet Photography

En su artículo titulado “Australian Study Asks Children Their Ideas About Custody” (“Estudio australiano le pregunta a los niños sus ideas sobre custodia”), Robert Franklin, uno de los colaboradores regulares del portal de Fathers & Families, reseña un estudio hecho por el Dr. Alan Campbell de la Universidad del Sur de Australia (Child Care in Practice, 7/1/08).
El Dr. Campbell y su equipo entrevistaron un grupo de niños australianos entre las edades de 7 y 17 años, todos ellos hijos de padres divorciados o separados. El estudio quería contestar tres preguntas básicas:
1. ¿Cuáles es la opinión de los niños sobre su habilidad para participar en decisiones que los afectan directamente al ocurrir la separación de sus padres?
2. ¿En qué medida los textos sobre entrevistar niños reflejan una comprensión adecuada de los derechos de los niños?
3. ¿Cómo construyen los niños su comprensión del concepto de los ‘‘mejores intereses’’ en relación a la toma de decisiones acerca de su futuro luego de la separación?
Las preguntas de Campbell vienen de estudios previos que muestran que las cortes tienden a ignorar los puntos de vista de los niños sobre divorcio, separación, y custodia, un comportamiento basado en la dudosa idea de que las cortes saben mejor que los niños qué favorece los “mejores intereses” de los niños.
Este estudio probó que los niños no solamente tienen puntos de vista muy específicos sobre estos asuntos, sino que también querían expresarlos. Por ejemplo, la mayoría de los niños entrevistados querían tener alguna injerencia en las decisiones que se tomaban sobre sus vidas, ellos creían que era su derecho; como escribe Franklin, “ellos querían que sus voces fueran escuchadas”. Cuando discutieron el tópico de los así llamados “mejores intereses del niño”, declararon que consultarlos debía formar parte del concepto. Creían que cuando las cortes ignoran sus voces, estaban ignorando una de las cosas principales que garantizarían sus mejores intereses.
Los niños también estaban preocupados por la falta de justicia que los arreglos de custodia prevalecientes representaban para sus padres y para ellos. Consideraban que la práctica de conceder la custodia primara a uno de los padres era injusta tanto para el padre no-custodio como para ellos.
Los niños querían arreglos de custodia justos y consideraban injusta la práctica común de custodia primaria/visitación. Creían que solo arreglos de custodia justos podían satisfacer el requisito legal de que las cortes actúen a favor de sus mejores intereses.
Los niños entrevistados tendían a considerar que los expertos asignados por las cortes (trabajadores sociales, sicólogos, etc.,) más que ayudar el proceso, interfieren con el mismo, y que los miembros de la familia, incluyendo los miembros de la familia extendida, deben ser quienes hagan las decisiones sobre custodia. Cualquier injerencia externa a la familia era considerada menos legítima que el consejo y la asesoría de los miembros de la familia. Aunque esta idea puede ser casi imposible de poner en práctica, demuestra que los niños entienden a la familia como una unidad completa, un concepto que las cortes de familia tienden a ignorar.
Como escribe Franklin, quizás ya es hora de comenzar a escuchar a nuestros niños.