“Cultura de empresa es sentarse en la recepción de las oficinas de una empresa y observar cómo viste la gente, cómo se tratan, qué ambiente se respira, etc”
(Definición tal y como la recuerdo de lo que nos enseñó Pascual Montañés, profesor de Estrategia del Instituto de Empresa. 1999) No sé si las definiciones “de libro” andarán muy alejadas de lo que hace ya unos años nos enseñó un hombre con bigote, gafas, y un sentido común nada común, pero por lo que he vivido en mis 13 años de experiencia profesional, no diría que está demasiado lejos de ello. Realmente la cultura de empresa debería ser aquello esencial que perdura y permanece por encima de las personas, los directivos, presidentes y demás entes de paso en una organización. Lo que queda en una compañía y que se expande a los miembros de la misma es la cultura de empresa (o al menos debería serlo) Es algo intangible pero existente. Es el alma de una organización. Algo que ni se crea ni se destruye, pero que permanece innerente al paso de los años y sobre todo, de las personas. Y ahora digo yo, ¿todas las compañías tienen su propia cultura de empresa? Pensaba que sí, pero recientemente he descubierto que no necesariamente. O quizás digamos que todas las compañías tienen su propia cultura de empresa, pero que no en todas su solidez y robustez para soportar las idas y venidas de nuevos aires es igual. En el fondo hay compañías con una cultura de empresa más arraigada y más sólida, y hay otras corporaciones con mayor permeabilidad a los cambios.