El fin de semana del 18 al 20 de septiembre, estuvimos impartiendo un curso de huellas y rastros en la Estación Biológica del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido de la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos en Revilla, en las gargantas de Escuain (foto de portada).
En el curso, habíamos previsto realizar moldes de alguna huella. La inexistencia de barro, nos llevó a realizar la práctica de realización de moldes con una técnica alternativa. Realizamos tres reproducciones de una huella de lince en alginato, y dada la posibilidad de mantener la capacidad de ser usado varias veces al ser elástico, realizamos copias del molde del que partió la huella para toda aquella persona que la quiso. Conseguimos salvar pues las limitaciones que las condiciones atmosféricas tan horribles de este verano nos pusieron para estas actividades. dos en uno, aprendimos a usar el alginato, que nos permite sacar moldes incluso en huellas fósiles, y lo usamos después como si fuese barro, para sacar duplicados del molde con escayola al método tradicional. El alginato es un material barato que se usa para moldes en odontología. Replica muy bien y fragua en cuestión de un minuto o dos. Para obtener el molde de escayola, había que esperar un poco más, y al no poder clavar el aro de cartón que hace de encofrado cuando se hace en barro, había que estar presionando, pero fue soportable
Realizamos también un recorrido nocturno a los alrededores. El suelo, resbaladizo por la cantidad de hojas caídas, no ofreció más indicios que excrementos de diversos animales. Los más abundantes, los de mirlo con sus contenidos de frutos e insectos típicos, fáciles de confundir con los de micromamíferos debido a que presentan muy pocos uratos, que son la parte blanca típica de los excrementos de aves. Encontramos excrementos de jabalíes de diversos tamaños y consistencia, desde los típicos de masas oblongas fusionadas a las bolas sueltas o en forma de rosarios. También encontramos excrementos de corzo. En el sendero, recurrencia de los excrementos con semillas de higo de las garduñas, y finalmente, uno típico de cuando estos animales se alimentan de pequeños animalillos, con plumas, pelo y restos de huesos, a la vez que con el aspecto retorcido típico de los otros mustélidos.
Una de las cosas que indicaba en las charlas, es la similitud de las distintas huellas en animales de la misma familia. Tanto es así, que la vista de una determinada huella nos lleva a la identificación de la familia a la que pertenece primero, y a la especie más tarde. Esto lo tienen claro los paleontólogos especializados en huellas o icnitas, que al no tener clara la especie que las produjo, lo que clasifican son las huellas. Así pues, las huellas de felinos diferentes recogidas en los registros fósiles se agruparían en el género Felipeda, seguido de un indicativo de la especie icnológica.
También hablamos de la convergencia evolutiva del tejón con los osos, que muestran incluso similitudes en la propia huella con ellos (en la foto molde de una huella de oso y otra de tejón). No es de extrañar esta similitud, si vemos que la mano de un tejón es como la de un oso en miniatura, y que tal similitud es porque son usadas del mismo modo por ambas especies. No acaba ahí la similitud, sino que los molares y la disposición y líneas generales del cráneo también se parecen.
En estos ejemplos de plumas guardadas, contábamos con una rémige de búho real en la que pudimos observar el desflecado típico de las rémiges primarias de los búhos y que se asocia, junto con el aterciopelado de la superficie, con el vuelo silencioso.
A pesar de ser un fin de semana completo, siempre se quedan cosas en el tintero. Pero es que la naturaleza, es una gran enciclopedia que aún se escribe cada día, lo que hace que siempre queden cosas de las que hablar y de las que aprender. Y eso, es lo que nos da siempre, ganas renovadas de conocer más.