Revista Arte

D’A Festival Internacional de Cinema d’Autor de Barcelona: Audentes fortuna iuvat (I)

Por Bill Jimenez @billjimenez

Por Elisenda N. Frisach

Es posible que suene a lugar común empezar este artículo con la ponderación de las virtudes de certámenes como el que nos ocupa, el D’A Festival Internacional de Cinema d’Autor de Barcelona. Sin embargo, habida cuenta la situación socioeconómica que vivimos actualmente en todo el globo, con particular intensidad en Europa, y todavía con mayor incidencia en España, donde a la crisis financiera global se le ha sumado el derrumbe del sobredimensionado sector inmobiliario, poniendo en evidencia nuestro endeble tejido empresarial y nuestras carencias laborales y formativas, más que caer, en consecuencia, en una hueca o tópica lisonja de los promotores del evento (la difusora audiovisual Noucinemart), hay que mostrar una sincera gratitud y admiración por quienes, más quijotescamente que nunca, siguen empeñados en defender la cultura, uno de los sectores más amenazados por las denominadas “políticas de austeridad” de nuestros gobernantes juntamente con la educación, la investigación y la sanidad, en una nueva prueba de que los supuestamente responsables del bien colectivo de las naciones son prisioneros de los intereses de una oligarquía ajena al sentido común más elemental y cuyos afanes nada, o poco, tienen que ver con aquello que debería beneficiar al conjunto de la sociedad, ellos mismos incluidos.

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Con este prólogo no pretendo sumarme al mensaje apocalíptico que parece instaurado en los mass media y, en especial, en los noticiarios, cada vez más convertidos en boletines de las desgracias propiciadas por la recesión; pero es menester recordar que la difícil coyuntura presente es el telón de fondo sobre el que transcurre nuestra jornada diaria, y los artistas, por así decirlo “voceadores” del espíritu de su época, no se encuentran ajenos a reflexionar sobre ella, más bien al contrario. Un ejemplo ilustrador al respecto sería la película de Johnnie To exhibida en el certamen, Life Without Principle, donde el director hongkonés, sin abandonar el género noir prototípico de su filmografía, ni tampoco el aliento irónico que anima muchas de sus piezas, nos muestra a los personajes de su universo (policías, mafiosos…) inmersos en los devastadores efectos del estallido de la crisis. En realidad, delincuentes y agentes del orden, brokers y amas de casa, trabajadores y jubilados…, todos terminan por ser víctimas de especuladores y banqueros, de ahí que, sintomáticamente, el robo y el homicidio sean la recompensa destinada a los verdaderos autores del desaguisado, mientras que los tres personajes principales de la historia, en absoluto inocentes por diferentes motivos, pero desde luego menos culpables que los dirigentes del mundo, queden relativamente indemnes. Crítica al consumismo, al materialismo y al capitalismo feroz que impera en el planeta (ahí está la esclarecedora mención en el título al ensayo de Thoreau), el filme salda de forma desigual tan compleja temática, y aunque posee momentos de suspense y drama dignos de aprecio –sobre todo, los que transcurren en el despacho de Teresa–, la fuerza de la temática y del relato se diluye al delectarse el guión en personajes secundarios que nada aportan al argumento o a la creación de atmósfera.

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LIFE WITHOUT PRINCIPLE, DE JOHNNIE TO

Sea como fuere, la película de To es sintomática de un zeitgeist en el que incluso las personas –y los artistas– poco proclives a mirar su entorno con ojos críticos parecen haber despertado de la letargia o simplemente sienten la necesidad de apoyar los movimientos populares de repulsa a un sistema que está al borde del colapso definitivo. Por ello, Life Without Principle no ha sido la única en tomar el derrumbe económico mundial como motor argumental o como marco de la acción; y que el festival D’A haya logrado llevar a buen puerto la segunda edición de su certamen en un clima tan tempestuoso es motivo de regocijo para cualquiera que se precie de cinéfilo, puesto que el objetivo de esta loable propuesta es permitir la exhibición, en el medio que les es connatural –esto es, en las salas de cine–, de filmes que han restado inéditos en las pantallas de nuestro país, bien porque estén a la espera de estreno o distribución o bien porque solo se hayan podido divulgar en formato doméstico o en videoforums, museos y otros festivales.

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L’INTRUS, DE CLAIRE DENIS

Nacido de las cenizas del BAFF, el D’A perpetúa el espíritu divulgativo de su antecesor pero no centra su mirada en cinematografías del continente asiático, sino que hace una selección de autores de prestigio o jóvenes promesas de medio mundo, pudiendo focalizar su atención en realizadores de lugares tan próximos como Cataluña o tan remotos como Brasil. Además, en coherencia con su propia denominación, el D’A selecciona un director de carácter minoritario, poco o nada exhibido en España, para dedicarle una retrospectiva. De esta forma, si bien en su primera edición la elegida fue la filmografía, magnífica pero muy a contracorriente, del canadiense Guy Maddin, esta vez le ha tocado el turno a Claire Denis, una autora que solo ha contado con un único estreno comercial en nuestro país (Una mujer en África, 2009), pese al prestigio y la calidad de su obra.

En puridad, constituye la “Retrospectiva” una de la secciones en las que se divide el festival, a la cual se le añaden “Direcciones”, donde se recoge una muestra del mejor cine de autor e independiente del período en curso (2011-2012); “Talentos”, con piezas de un número selecto de realizadores noveles o cuasi noveles; “Absoluto Riesgo”, donde se proyectan cintas que rompen de forma drástica con las convenciones del cine tradicional y optan por nuevos cauces discursivos, y “Autoría Catalana”, que permite al público acceder a la labor de una selección de creadores del propio ámbito geográfico del evento, en especial de aquellos cuyas propuestas arriesgadas dificultan su proyección en los circuitos habituales. También hay un grupo de composiciones que no forman parte de ninguna de las secciones, sesiones especiales a modo de preestrenos en los que se incluyen sendas películas de inauguración y clausura.

sangue do meu sangue
SANGUE DO MEU SANGUE, DE JOAO CANIJO

Por lo que respecta a la sección “Direcciones”, visto el compendio de películas seleccionadas y los autores que las firman, cabe señalar que ha sido, sin duda, el plato principal del menú del D’A, y no en vano a la misma ha pertenecido el único galardón que otorga el certamen, el Premio del Público, ganado por Sangue do meu sangue, de João Canijo, crónica de las cuitas de una familia humilde de Lisboa que mezcla los acentos melodramáticos (delincuencia, amores ilícitos, madre dominante…) con el realismo social, en la estela, por ejemplo, de Mike Leigh. En dicha sección, de hecho, se han aglutinado trabajos de directores de fama y trayectoria dilatadas junto a cintas de creadores de producción más reciente pero que cuentan igualmente con sólido prestigio o que se han convertido en autores de culto. Como muestra de la disparidad y variedad de las creaciones seleccionadas, se podrían citar las piezas emitidas de Terence Davis y Karim Aïnouz, dado que ambas narran las desventuras de dos mujeres abocadas al sufrimiento del desamor mediante dos opciones estilísticas y temáticas muy alejadas entre sí pero coherentes, efectivas y válidas para transmitir ese sentimiento de pérdida que ambas comparten.

the deep blue sea
THE DEEP BLUE SEA, DE TERENCE DAVIS

La primera de ellas, The Deep Blue Sea (de la expresión inglesa beetween the Devil and the deep blue sea, esto es, “entre la espada y la pared”), es una adaptación de la obra homónima de Terence Rattigan, un dramaturgo británico muy apreciado por el cine, puesto que, además de contar con varias adaptaciones de sus escritos (v. gr. Mesas separadas, La versión de Browning, El caso Winslow…), también fue guionista de éxitos como Adiós, Mr. Chips. Seguramente ello se explica porque sus textos, cargados de humor irónico y sátira de costumbres, pero también de una contenida sutileza dramática, están abiertos a múltiples interpretaciones, lo que hace que autores tan diferentes como David Mamet o Mike Figgis puedan hallar en ellos puntos de contacto con sus propios universos. En este sentido, la versión de Rattigan que lleva a cabo Davies pronto se inserta en los cauces propios de su filmografía, al constituirse en una nueva oda, de una sensorialidad apabullante, a la fuerza y a la resistencia individuales, en la que la soledad, los convencionalismos sociales y el peso del pasado vuelven a ser coordenadas básicas del relato, centrado en la figura de Hester (una magnífica Rachel Weisz), quien, en contra de la moral imperante en la Inglaterra de los años 50 y de su propia sensatez, apuesta por una relación adúltera y abandona a su acomodado y afectuoso marido por un ex piloto inestable e inmaduro (encarnado por el sobresaliente Tom Hiddleston). El espléndido y operístico prólogo de apertura –una secuencia torrencial y sinfónica de imágenes sin continuidad narrativa y música desbordante que bucea en la mente de la protagonista en un momento crucial de su vida– es lo mejor de la cinta junto al brillante flashback en el metro londinense y la secuencia final, donde el estilo barroco e impresionista de Davies es domeñado por una emotividad sucinta y tensa, que plantea sin ambages el dilema irresoluble entre la estabilidad tediosa y la pasión destructiva.

o abismo prateado
O ABISMO PRATEADO, DE KARIM AÏNOUZ

La otra película con una heroína en plena desintegración sentimental, O abismo prateado, del brasileño Karim Aïnouz, es una obra que bien podría tener el subtítulo, parafraseando a C.S. Lewis, de “una pena en observación”, pues sus 85 minutos ahondan en el proceso de duelo de su protagonista, Violeta, una mujer que, al recibir un súbito mazazo, vagará en busca de respuestas por una ciudad que no es la suya. El deambular como metáfora de la vida, así como el título, también simbólico, de la pieza (“el acantilado plateado”), serán reflejo de los impredecibles vaivenes de la fortuna, mientras que el instinto de supervivencia y la capacidad de superación se darán la mano con la angustia, la rabia y el dolor, y convivirán con naturalidad para trazar un certero retrato psicológico de una persona en estado de shock. Con un argumento mínimo y una factura notable, en la que sobresale su exquisita fotografía nocturna, y donde los objetos y los espacios adquieren una especial importancia, en tanto correlatos del estado emocional de su protagonista, Aïnouz da a luz una obra preciosista, elíptica y sugestiva, donde la canción de Chico Buarque de la que parte el relato, “Olhos nos Olhos”, encierra en su cadencia melancólica, pero también en su letra desafiante y orgullosa, la complejidad del desengaño amoroso y el triunfo de la voluntad. Sintomáticamente, la vuelta de Violeta al redil se producirá tras el revelador encuentro con unos desconocidos en los que paradójicamente se reconocerá, y coincidirá con el amanecer: todo un canto, como diría Darío, “de vida y esperanza”.


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