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DAI NIPPONJIN (o el gran hombre de Japón lucha contra monstruos en celo)

Publicado el 03 marzo 2010 por Crowley
DAI NIPPONJIN (o el gran hombre de Japón lucha contra monstruos en celo)
No sé cuántos de ustedes habrán visto ya este falso documental que, si no me equivoco, no cuenta con distribución en nuestro país (salvo en festivales como el de Sitges), pero lo que puedo asegurar a los que no lo hayan hecho todavía, es que no van a volver a ver nada igual después sentarse frente a este atípico kaiju (término japonés que significa "bestia extraña" y suele emplearse para calificar películas de género tokusatsu y con el que nos viene enseguida a la mente la imagen de Godzilla devorando un vagón de tren en mitad de una ciudad de cartón-piedra, para que nos situemos).
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El falso documental es un claro ejemplo de la "crisis de la verdad" que sufre nuestra civilización y del escepticismo social que impera en nuestras vidas. Unas vidas en las que lo verdadero y lo falso tienen el mismo valor, la misma apariencia y la misma relevancia.
Siempre he tenido la firme convicción de que "falso documental" es un término inexacto desde suDAI NIPPONJIN (o el gran hombre de Japón lucha contra monstruos en celo) origen, porque el documental propiamente dicho, ya de por sí, inevitablemente, manipula la realidad voluntaria o involuntariamente. En el interesante libro "Imágenes para la sospecha: Falsos documentales y otras piruetas de la no-ficción", se dice en su introducción que "la dificultad de trazar el mapa de esa tierra de confusión, entre la ficción y la no-ficción, estriba, sobre todo, en la continua evolución de nuestra percepción como espectadores, de qué y cuánto es real en la imagen."
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Todo esto viene a cuento de que esta película es un delirante fake, una mezcla alocada de "slice of life" y mockumentary(más influenciado en estética, forma y contenidos por "Cloverfield" que por la precursora de los falsos documentales en la época moderna que es "The Blair witch project") con el que Hitoshi Matsumoto hace su debut tras la cámara.
Matsumoto es conocido en su país por su faceta cómica (como Takeshi Kitano antes de ser quien ahora es) y es uno de esos directores subversivos que serán referente de la industria de su país en unos cuantos años.
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Matsumoto nos presenta en "Big man Japan" a un absurdo, surrealista y alocado héroe en decadencia, alejándose del drama de su existencia y enfocándolo todo con un humor muy gamberro y muy oriental y consigue crear una película que está entre las 20 mejores del año pasado sin lugar a dudas.
El protagonista, Masaru Daisato (interpretado de manera magistral por el mismísimo Matsumoto que juega con los silencios y los gestos de forma irreprochable), es un superhéroe públicamente conocido en todo Japón gracias a los programas televisivos y los realitys que pululan por la pequeña pantalla. Lleva una doble, y pública, doble vida; la de humano normal (con su nombre real) y la de ser extraordinario que posee la capacidad de crecer de tamaño (bajo el nombre de Dainipponjin) para luchar contra los más extravagantes monstruos que se han visto jamás en un Kaiju-ega (género que no es sino una alegoría a ese miedo interno que sentía el pueblo japonés hacia la bomba atómica y sus consecuencias).
Masaru se transforma en gigante, mediante unas descargas eléctricas a través de unas pinzas DAI NIPPONJIN (o el gran hombre de Japón lucha contra monstruos en celo)enganchadas a sus pechos. Daisatou es el último de una estirpe ascentral de guerreros que han protegido a Japón durante años de monstruos gigantes que pongan en peligro la integridad de la ciudad. No es una carga fácil de acometer ni de sobrellevar, pero es su destino y sabe que tiene que interponer el bienestar de una ciudad que no siempre le acepta a su propio bienestar.
La crueldad y el cinismo con el que los medios de comunicación y el público tratan a sus idolatrados ídolos cuando dejan de serlo, es fácilmente perceptible durante todo el metraje en escenas como las entrevistas al antihéroe por parte de un reportero que, literalmente, se burla y ríe de él en su propia cara, acusándole de falso salvador y fantoche venido a menos.
Daisato, hastiado de vivir, está sumido en la rutina y la desesperación porque es un fracasado de principio a fin. No puede ver a su hija, su mujer se ha marchado con otro hombre, el marketing y su manager rigen su vida, su casa está en un estado ruinoso bastante lamentable, nadie parece estar contento con él haga lo que haga, su única compañía son las geishas de pago... y él es el personaje sobre el que recaen todas las miradas de ese circo mediático que es su falsa vida gris que no produce en nosotros sino compasión. Sólo hay una cosa que parece alegrar su vida y no es otra cosa que pensar en su abuelo.
La película está plagada de momentos geniales y Matsumoto combina a la perfección las pausadas y pretendidamente lentas escenas de la vida del protagonista con las vertiginosas y coloridas batallas. Podemos así encontrarnos escenas como la del monstruo en celo porque está en período de apareamiento o la de la muerte del monstruo bebé, que nos ponen tras la pista de un director versátil capaz de sorprendernos con innumerables y alabables elementos narrativos DAI NIPPONJIN (o el gran hombre de Japón lucha contra monstruos en celo)y visuales.
Muchas personas se quejan amargamente de ese final tan transgresor. Para mi no es tan fallido como pueda parecer. Hay quien me ha comentado que es que ese desenlace resta credibilidad a la película. Y no estoy de acuerdo en absoluto con este pensamiento, porque Matsumoto hace el final perfecto para este film.
Veamos, toda la vida del protagonista es una gran farsa, una grana mentira que se ha montado a su alrededor por un público enfervorecido y unos mass-media siempre buscando carnaza. Nada de lo que siente, piensa o hace goza de verosimilitud, por lo que esa conclusión en la que se nos DAI NIPPONJIN (o el gran hombre de Japón lucha contra monstruos en celo)muestra le verdadera realidad, una verdad de maquetas de cartón-piedra y personajes patéticos, es la mejor manera posible de terminar una película como esta. La gente de la que les hablaba, se quedaron con las ganas de ver cómo evolucionaba la vida de Daisato, cómo iba la relación con su abuelo o cómo le recibiría el público de a pie la próxima vez que apareciese... pero eso, amigos míos, es imposible de saber, porque, en realidad, todo es mentira.
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Y aunque pueda parecerles una película ligera (que lo es en su mayor parte), bajo su socarronería y su actitud desenfadada, subyace una corrosiva crítica a los espectadores televisivos en general y a la soledad del individuo japonés en la era hiperindustrializada y tecnológica en la que viven, en particular.
Una hilarante genialidad que sólo podía llegarnos del país del sol naciente.
Merece mucho la pena, créanme.
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