Daren28-2. Capítulo 4.

Por Gitanin

N28 se sacude el polvo, se eleva dos metros y se dirige hacia Portero Norte.

En la playa le espera un humano, detrĂĄs a cincuenta metros, otros seis observan.

Todos descalzos, con una especie de camiseta larga. El cabello largo moreno.  Parecen jĂłvenes, unos treinta aĂąos.

N28 llega a su altura.

Humano —Saludos. Bienvenido auditor.

N28 —Es un placer conoceros. ¿En qué os puedo ayudar?

Humano —Gracias, pero no necesitamos nada. Solo quiero hacerte unas preguntas.

N28 —Pregunta lo que quieras.

Humano —¿EstĂĄis modificando a los salvajes?

N28 —Afirmativo. Les ayudamos a evolucionar.

Humano —¿Puedes hablar con Atua, el Creador?

N28 —No directamente, pero puedo enviarle tu mensaje.

Humano —Si puedes, dile que le damos las gracias.

N28 —Lo haré, puedes estar seguro.

Humano —Gracias. Es todo. Puedes venir siempre que quieras.

N28—De acuerdo. Hasta la vista.

A dos kilĂłmetros de la isla...

Ot le explica a Pol lo ocurrido. 

Al mismo tiempo...

En la otra punta del continente Meri pregunta a Mou que ha pasado.

Ot—Entonces me dice: "llego en un segundo."

Mou—Yo, que lo oigo, solo me da tiempo a decir: "ay madre", ya me olĂ­a a daĂąos colaterales.

Ot—Entonces, se enciende la alarma y salta el campo de fuerza.

Mou— De pronto desaparece. Se teletransporta a ojo, sin pedirme las coordenadas, el muy bruto.

Ot—Justo un segundo después, oigo la explosiĂłn.

Mou—Y va a materializarse dentro de una roca enorme jajaja. ¡Y la revienta!

Ot—Una roca enorme explota y sale él como si nada.

Pol—Menudo susto.

Meri—Jajaja. Me encanta N28, es genial.

En la sala de mando de la nave dorada...

Dr estĂĄ procesando las grabaciones. Se da cuenta enseguida de que An no es un nombre, sino un tratamiento. Es como los habitantes llaman a su guĂ­a.

Por el canal:

Dr —CapitĂĄn, Mou y N28. An quiere decir jefe o guĂ­a. Debemos localizar y marcar al An de cada grupo.

N28 —Recibido.

Volando cerca de la isla, CapitĂĄn observa algo que le llama la atenciĂłn. Unos puntos negros parecen entrar y salir de un pequeĂąo acantilado.

Desciende por curiosidad. Ve una cueva casi a ras del mar.

De pronto, ve salir de la cueva una bandada de aves negras.

CapitĂĄn —¡Buitres! Pero... ¿qué harĂĄn aquĂ­?