Revista Diario

De cómo cambia la playa para una madre

Por 1madreinitaly @1Madreinintaly
Queridas amigas, en el caso de que me echárais de menos, quiero deciros que siento el haber estado desaparecida estas semanas. Después del trágico accidente sucedido en mi terriña y la pérdida de un ser muy querido después de una larga enfermedad pues como comprenderéis no he tenido muchas ganas de ponerme a escribir. Pero como dice mi sabia madre, "la vida continua hija".
Pocas son las distracciones en tierra lejana, con un pariento que trabaja mucho, los 40º que hace la mayoría de los días en un pueblo sin mar y un Querubín que se aburre y pide clemencia a su madre que se niega a asomar la patita a la calle antes de las 6 de la tarde ante el miedo a derretirse.
Así que nos queda ese día a la semana en el que vamos en busca de la playa perfecta en la que no pagar (como os conté en mi último post) poder asegurarte un espacio vital para toallas, sombrillas y demás enseres y en general sobrevivir a un día de excursión con un niño de poco más de un año.
Mientra trataba de embadurnar rigurosamente al Querubín cada 30min de crema y él se frotaba a mi pegándome la "arena" y otros residuos como algas muertas que estaban adheridas a su cuerpo observé a una joven, que lejos de encontrarse en mi situación se veía sobre una idílica tumbona, con su toalla rigurosamente alineada con las esquinas, otra toalla accesoria para no quemarse los pies con los cantos rodados ardientes (que detallazo este), una sombrilla colocada a la perfección, un libro y una botella de agua fresca dentro de una bolsa perfectamente ordenada.
Y nos miré a nosotros. Las toallas como unos harapos rebozados de sustancias desconocidas, ropa, crema, agua, gafas de sol, galletas y demás objetos metidos a presión en la bandeja de la sillita del Querubín (que por cierto bajamos a pulso por unas escaleras y con el que pateamos media playa para encontrar un sitio). Este último corriendo hacia la toalla de algún desconocido, preparado al hurto de alguno de sus objetos personales, metiéndose cualquier tipo de asquerosidad no comestible como una piedra o un cacho de cartón viejo mientras grito noooo y se me está yendo la vida poco a poco...
Con esto no quiero decir que no sea precioso ver su cuerpecito blanco y sedoso corriendo feliz en libertad descubriendo el mundo, sentir como te abraza cagadito de miedo mientras nos metemos en el agua y sus pequeños bracitos rodean tu cuerpo y su cabeza trata de esconderse entre tus pecho(tes). Solo quiero decir que la vida de madre es perra dura, y una se da cuenta cuando contempla como situaciones antes altamente relajantes se convierten en gymkanas de emociones.
En resumen la vida playera de madre no es fácil amigas, pero ni de broma cambio la toalla perfecta por mi abrazo pringosillo de amor.
DE CÓMO CAMBIA LA PLAYA PARA UNA MADRE
¡Disfrutad mucho del verano mis pequeños! ¡hasta pronto!

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