No obstante, si hoy estoy escribiendo estas líneas es porque no he podido cortar definitivamente con la sociedad, pues como lo habréis adivinado: ¡tengo internet! He reflexionado mucho acerca de cómo desconectar definitivamente de la sociedad o, como decía Quino en boca de Mafalda: "Paren el mundo, ¡qué me quiero bajar!", pero no he encontrado el modo. He pensado en las sociedades paralelas, como los Amish o en otros modelos a los que siempre se acaba denominando peyorativamente "sectas" y he llegado a la conclusión que si se les permite existir es porque la Sociedad con "s" mayúscula los tolera y si hay "tolerancia" es porque existe subordinación, pues no se puede hablar de "tolerancia" entre iguales. Es decir, que haga lo que haga, siempre estaré supeditada al Sistema. Luego, solo quedan dos opciones: o lo acepto o intento cambiarlo.
Para alguien que vive en el campo, hablar de estos temas sería, a priori, tan absurdo como innecesario, pues reitero que soy mucho más feliz en mi mundo, sin tener que sufrir reviviendo las obscenidades del Sistema cada vez que las comento con un conciudadano. Leí anoche en un post titulado: "Bienaventurados los mansos", que cuando uno vive rodeado de naturaleza, resulta fácil dejarse hipnotizar por ésta, aunque corra el riesgo de volverse "manso" y deje por ello de luchar por doblegar las circunstancias. No puedo estar más de acuerdo: fácil, sí que es, pero: ¿debo permitir que esa mansedumbre me lleve a la indiferencia? Tal vez, el día que definitivamente me desconecte de la red, eso ocurra. Mientras tanto, tengo una responsabilidad con mis semejantes."