Siempre interesado por temas contemporáneos y trascendentes, a priori Cayatte era el más errado candidato imaginable para dirigir "Oeil pour oeil", una bagatela en las antípodas de los asuntos que solían atraerle. Tachado tantas veces de misántropo e intransigente, nunca se escribió su nombre en el mismo párrafo que cuanto necesitaba una historia como la de esta película: ambigüedad, variedad de registros e implicación más allá del impacto de las imágenes en el público. Llevaba por estas fechas el abogado Cayatte ya más de una década tratando de filmar grandes obras y dejar huella, ser importante, señero, Quizá creyó haberlo conseguido en más de una ocasión, sobre todo con "Au bonheur des dames" en 1943 muy al comienzo de su singladura, pero también con su alegato a favor de la justicia con la eutanasia como tema al fondo - "Justice est fait" de 1950 - o quizá con su film sobre la pena de muerte del 52, "Nous sommes tous des assassins". El éxito en taquilla que cosecharon en los momentos de sus estrenos y las buenas relaciones con los periódicos y los agentes, tan fáciles de cultivar, unas y otras, cuando las entradas se venden bien, así se lo debieron hacer creer. Sin embargo, esas películas ya no las recuerda nadie y sospecho que, como todos, nunca supo Cayatte de verdad si lo que hizo permanecería, si tendría más vidas.
Pese a su rápido ascenso, no se acomodó ni se dedicó a dormitar recostado sobre una montaña de opulencias; tampoco se subió al púlpito para elevar más la voz, ya que lo escuchaban. Al contrario, siguió perfilando con el paso de los años, cada vez un poco más, todo cuanto estaba en su mano para lograr, de nuevo, su propósito. Procuró buscar buenos guiones o los mejores intérpretes y no tiene nada de extraño por ejemplo que siguiera utilizando el prestigioso blanco y negro de sus Fritz Lang predilectos hasta muy entrados los años 60, mientras se inundaban las pantallas con el nuevo cine.
De poco sirvió. Como el de tantos otros de sus contemporáneos, su nombre ha quedado unido a adjetivos que son un estigma: académico, anticuado, polvoriento, enlatado y falto de ligereza... un director del antiguo régimen, de esos que solo hicieron retóricas películas de tesis. De esa impuesta tábula rasa colectiva que los jóvenes turcos extrapolaron más allá de lo que que escribió Bazin, hay docenas de ejemplos en muchas de sus obras que justifican el olvido y su pésima fama. Cada vez cuesta más entornar la mirada y no taparse los oídos ante mucho cine francés y europeo ajusticiado para bien en ese final de era. Pero de cada generalización se suele descolgar un contraejemplo "preocupante" que hace replantear todo de nuevo.
Y luego está, como decía antes, "Oeil pour oeil", de 1957.
Filmada "casualmente" en el fragor del cambio de guardia, ya con media redacción de Cahiers empuñando las cámaras por las calles de París, si se tratase del primer Cayatte que alguien ve, invitaría a salir corriendo en busca del resto, porque este olvidado film en color sin pretensiones ni ecos sociológicos, deja tan mudo como para no generar debate, ese efecto que tanto complacía a su director y que tan poco valor cinematográfico tiene. En todo caso, hay pocas alternativas ante un film así y solo cabe que fuese el producto de una alineación de astros extraña e irrepetible o quizá no y haya que volver a rebuscar entre las demás que hizo de nuevo.
Plásticamente, "Oeil pour oeil" anticipa nada menos que a la obra cumbre del mencionado Lang, que tan cerca se iba a quedar de la más absoluta de las perfecciones imaginables con su díptico indio de finales de década, filmado cuando volvía, cabizbajo y vencido, despeñándose de su puesto como inconmensurable genio negro hacia el redil alemán de su juventud. Nadie podía haber más descreído que Lang de él mismo y fue entonces cuando más sublime fue su cine.
"Oeil pour oeil" refleja, como pocas veces he visto en una película, el cansancio del trabajo, la duda, la fuerza de la confianza, el dolor físico, la sed y el hambre, la locura y la muerte.