Él bebía.
Bebía probablemente más de lo que podía permitirse, por salud, por dinero, por ética.
Pero era su modo de vida.
Deambulaba por la vida sin rumbo fijo, dejándose llevar, porque no le quedaban fuerzas para seguir luchando contra corriente. Llevaba tantas cicatrices en el cuerpo como en el alma. No era feliz, pero tampoco le importaba demasiado. Era un caos asumido.
Probablemente, dentro de su miseria, se sabía superior al resto.
Sabía que había sido dotado con el don de la inteligencia, y de la palabra. Por eso se había convertido en lo que era: un buscavidas. Decadente, pero buscavidas.
Y solo él sabía cuánto se puede llegar a disfrutar de la decadencia, hasta el punto de convertirla en un modo de vida, tan lastimoso como irresistible. Cuando la oscuridad te absorbe pero no quieres pelear contra ella, porque en ella te sientes en casa.
Ella era luz. Era optimismo y ganas de vivir.
Era un modo de vida ordenado y responsable en el que todo era como tiene que ser. Dentro de la corrección y las normas socialmente aceptadas. Y era feliz. Muy feliz.
Sabía que era un ejemplo a seguir.
Ella caminaba por la vida con la cabeza bien alta, luciendo con orgullo sus buenas formas y su saber estar. Y atraía las miradas hacia ella, hacía la belleza de su orden y su felicidad. Lucía altiva todo lo que los demás querían ser.
Y él no pudo librarse de ello.
De un modo inexplicable, ella no podía apartar la mirada de su miseria, y él se sentía magnetizado, imantado hacia ese modo de vida que él nunca había podido tener.
Y así comenzó la historia, la más impensable y trágica de las historias.
Años pasados juntos. Ella orgullosa de estar consiguiendo sacar de las sombras a quien nunca había visto la luz. Él, acostumbrándose a eso que la gente llama felicidad. Ella, cada vez más fuerte en su victoria contra la agonía. Él, cada vez más limpio del fango que lo cubría.
Pero toda historia tiene un final, y no siempre es el deseado.
A medida que su felicidad aumentaba, él se iba consumiendo, cada vez más. Ella no podía entender lo que estaba ocurriendo.
Él acabo muriendo de luz. El mismo sol que alumbra a unos es el que a otros les quema. Y eso ocurrió. Se había quemado.
Ella lo mató. Haciendo lo que era mejor para él, haciéndole feliz.
Él murió ignorando que, cuando la oscuridad la llevas dentro, no puedes huir de ella. Y que cuando la sombra es tu modo de vida, la luz es tu peor enemigo.
Ella nació para ser feliz. Él murió por intentar serlo.
Eran de otro planeta.
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