El desfinanciamiento estatal del espejismo neoliberal (El Tábano Economista)
Por Lic. Alejandro Marcó del Pont
El cambio en la fuente de la riqueza está directamente ligado al problema central de la degradación de la tributación en los Estados neoliberales occidentales. Los sistemas tributarios de esta parte del planeta están diseñados para gravar el ingreso (salarios, beneficios) y el consumo, no la riqueza (el stock de activos) o las ganancias de capital no realizadas. A medida que las ganancias de capital y las rentas corporativas son eludidas por la élite y las multinacionales, los Estados se enfrentan a un déficit de financiación. La respuesta sistémica ha sido el traslado de la carga fiscal hacia los sectores menos móviles y con menor capacidad de maniobra.El resultado es devastador: entre 1980 y 2024, la tasa efectiva que pagan las grandes corporaciones estadounidenses cayó del 33% al 11,3 %, según el Economic Policy Institute. Mientras tanto, la carga fiscal se desplazó hacia el consumo: el IVA, los impuestos al salario y los gravámenes al combustible representan hoy el 82 % de la recaudación en América Latina y el 65 % en Europa. Elon Musk paga 0 % por los 44.000 millones de ganancia no realizada que sumó Tesla en 2024.
En 2023, los 400 estadounidenses más ricos pagaron una tasa efectiva del 8,2 %, menos que una maestra de Kansas (11,6 %). ProPublica lo llamó “la mayor estafa fiscal de la historia” y tiene razón. Cuando los ricos no pagan, alguien lo hace. Entre 1980 y 2025, la inversión pública en infraestructura cayó un 40 % en los países de la OCDE. En América Latina, el déficit de infraestructura alcanza los 2,5 billones de dólares, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Las escuelas se caen a pedazos, los trenes no llegan y a los hospitales le falta lo esencial. Mientras, el 1 % más rico de la región multiplicó por siete su patrimonio desde 2002.
A 15.000 kilómetros, Pekín aplica la lógica inversa. En agosto de 2021, Xi Jinping lanzó la “prosperidad común” con una frase que congeló la sangre de los multimillonarios chinos: “La riqueza excesiva es inaceptable”. Dos meses después, Alibaba recibió una multa de 2.800 millones de dólares, Tencent donó 15.000 millones a fondos rurales, Pinduoduo aportó 10.000 millones para agricultura y así sucesivamente.
La tasa corporativa china es del 25 %, idéntica a la francesa. La diferencia es que nadie evade. Las empresas estatales entregan el 40 % de sus beneficios directamente al Tesoro. Las privadas tecnológicas deben crear “comités del Partido” que aprueban inversiones mayores a 100 millones de dólares. Desde 2022, cualquier Oferta Pública Inicial (IPO) en el extranjero necesita luz verde del regulador bursátil chino, que exige “contribución a la prosperidad común”.
El resultado, el coeficiente de Gini chino cayó de 0,43 en 2010 a 0,37 en 2024, según el Banco Mundial. En EE.UU. subió a 0,41. En América Latina se estancó en 0,48. Pekín recauda 18% del PBI en impuestos; Washington, 16,5%; Buenos Aires, 11%.
China no inventó la justicia fiscal. Jack Ma, de Alibaba Group, desapareció tres meses en 2020 después de criticar a los reguladores. Regresó con 20.000 millones menos y una fundación educativa en zonas rurales. Nadie lo llama dictadura cuando dona. Occidente, en cambio, convirtió la evasión en arte. Bernard Arnault, dueño de Louis Vuitton, trasladó su residencia fiscal a Bélgica en 2023 para evitar el impuesto a las grandes fortunas francés. Nadie lo detuvo. En Argentina, los 50 mayores contribuyentes declaran domicilios en Uruguay o Miami mientras facturan 40.000 millones de dólares locales.
En 1982, los 400 estadounidenses más ricos tenían el 1,5 % del PBI, hoy tienen el 4,5 %. En China, los 400 más ricos tienen el 2,1 % y bajando. Mientras Occidente discute si gravar a los ricos es “envidia”, Pekín ya los puso a trabajar para el Estado.
Los pañales de Walmart costaban 3 dólares el paquete y pagaban impuestos. Los algoritmos de Elon Musk valen 500.000 millones y no pagan nada. Algún día, alguien tendrá que explicarles a nuestros hijos por qué sus escuelas no tienen calefacción mientras un hombre dispara naves al espacio con dinero que nunca tributó.
Ese día, quizá recordemos que la prosperidad común no es una utopía comunista: es la condición mínima para que cualquier sociedad sobreviva a sus propios multimillonarios. Lic. Alejandro Marcó del Pont