… del western (maternidad de la A a la Z)

Por Arusca @contrasypros

El otro día me di cuenta de que vivía en un western, vamos, lo que se conoce como una peli del oeste de toda la vida. En mi casa tenemos a todos los personajes.

El bueno bien podrían ser mis hijos… a ratos. Tranquilitos en el sofá alguna que otra vez o durmiendo plácidamente parecen los niños más buenos de todo el mundo. Nadie pensaría jamás que hubieran estropeado la tele o roto la pantalla de mi ordenador.

El feo serían esos ruidos de los que os hablé aquí. Sonidos propios del cuerpo humano que no por eso resultan menos desagradables. También aquí podría meter esos malos modales que trato que evitar en mis Trastos, como no dar las gracias o levantarse mientras están comiendo (ardua tarea ésta última, por cierto).

El malo sin lugar a dudas son esos virus que se nos cuelan en casa, normalmente enganchados a los Trastos y que luego tienen a bien pasearse por cada miembro familiar, independientemente de su edad o sexo. Vamos, que cuando los niños se ponen enfermos, al final tanto el Padre³ como yo acabamos enfermando también. El uno más que la otra.

El sheriff, que obviamente somos el Padre³ y yo. Yo interpreto este papel más tiempo, pero mi marido lo hace mejor. Hago esta afirmación basándome en las veces que me toman a mí por el pito del sereno y las veces que se lo toman a él. No suelo gritar mucho e intento hacerlo aún menos, pero si de gritar se trata, basta un sólo grito del Padre³ para que los Trastos se pongan firmes. A mí me cuesta unos cuantos más… y siempre noto una sonrisilla detrás de las orejas. Vamos, que no me compensa salvo para desahogarme un momento.

Como en todo western que se precie, hay pelusillas correteando por el pasillo y los rincones de la casa. Prueba fehaciente del poco tiempo del que dispongo para limpiar como a mí me gustaría. Ojo, que no es que me guste limpiar, no. Lo que me gusta es verlo todo limpio. Aunque así, “limpio del todo” hace años que no veo la casa.

La diligencia con el dinero a robar yo diría que son las galletas o bizcochos que haya (si los hay) en ese momento por casa. Esto se nota sobre todo los fines de semana. Estoy convencida de que mis hijos tienen un radar que les avisa cuando faltan como quince minutos para comer o cenar. En ese preciso instante deciden que tienen un hambre atroz y que quieren comer a la de ya. Pero como les toca esperar porque la comida está casi a punto, las incursiones y despistes en la cocina por parte de uno para que el otro coja el deseado botín son muy frecuentes.

La soga, presente también en las películas del oeste, es sin lugar a dudas el tiempo. Siempre ando con prisas para que me dé tiempo a todo y esa prisa se la transmito inconscientemente a mis hijos. Que si venga, a la ducha rapidito que si no, no nos da tiempo a jugar; que si vamos corriendo a casa después del cole que si no, la hora de la merienda se nos va a juntar con la de la cena; y demás con el mismo estilo.

Los indios, personajes también habituales de un western, yo creo que podrían ser las visitas. Como cualquier indio en un peli de éstas, a veces son buenas y otras estás deseando que se vayan a su poblado.

Si tenemos hasta el caballo. Dos, a falta de uno. Uno con ruedas para hacer de correpasillos y con balancín. El otro simplemente es un muñeco de un caballo. Ambos, por supuesto, con musiquilla de ésas que si escuchas una vez es graciosa, pero repetida hasta la saciedad me recuerda a una película de miedo.

CONTRAS:

  1. Esto es una película sin fin. No hay intermedios ni tiene fin. Tampoco hay repetición de tomas y la sangre no es de mentira.

PROS:

  1. Como en toda película, nos divertimos mucho y también tenemos nuestros ratos de suspense y emoción. Se trata de vivir disfrutando de los hijos, hasta del suspense.

  2. Las palomitas… ¡Peli con palomitas! ¡Ñam!

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
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