Es importante, si alguien te pregunta cuál ha sido tu momento más feliz, que reflexiones no solo sobre la pregunta, sino también sobre quién te la ha hecho. Si te la hace alguien a quien quieres, es justo inferir que esa persona confía en aparecer en la evocación que ella misma ha propiciado. Pero si fueses injusta y además tuvieras un corazón perverso, podría ser que olvidaras ese hecho tan elemental y entrañable y te refirieras, en cambio, a un momento en que vivías sola en el campo y nadie necesitaba nada de ti, ni siquiera amor. Y entonces podrías decir que ese fue tu momento más feliz. Pero si lo hicieras, hablar del momento más feliz haría infeliz a la persona a la que siempre quieres ver feliz.
Si los estados de Facebook de una persona se convirtieran en novela, el resultado sería algo parecido a Departamento de especulaciones (2014). En Facebook un usuario puede publicar desde meditaciones sobre su vida a sencillas anécdotas cotidianas, pasando por citas del libro que está leyendo, comentarios más o menos superficiales sobre cualquier asunto de su interés u observaciones sobre una charla que ha escuchado en el autobús. Lo profundo y lo banal se reúnen en un mismo muro, a modo de fragmentos en apariencia dispersos que sin embargo adquieren coherencia cuando se piensan como la expresión de la mente de un único individuo, la expresión de sus inquietudes, altibajos y excentricidades. En Departamento de especulaciones no se hace referencia a ninguna red social, pero Jenny Offill (Massachusetts, 1968) adopta el registro narrativo propio del hipertexto, a saber: ruptura de la linealidad, fragmentación, desorden; literatura entendida como una red de conexiones y no como relación causal. Con esta obra, su segunda novela, fue finalista de los premios PEN/Faulkner y Folio.Los recuerdos son microscópicos. Partículas diminutas que se agolpan y se dispersan. Gente minúscula, los llamó Edison.
Jenny Offill