Descubriendo la materia – Ernest Rossell ( TESTUS )

Por Eltallerdelaeam @elTallerdelaeaM

“ (…) Tinc el camí davant meu. L’he de recórrer fins que perdi l’alè. Aquest és l’art de pintar que neix i mor en cada criatura humana que es posa a tacar teles i papers. El secret és dintre teu, pintor desconegut, amic estimat, que busques en va la clau misteriosa dels mestres de la pintura; el secret que el temps s’ha emportat, el tens tu ben desat dintre teu que et costarà de trobar i que no trobaràs fins que cansat de buscar en va fora de tu, potser desesperat, giris la mirada cap al teu interior, sense condicions, a pèl, com l’abella fa la mel, llavors faràs la teva pintura.

“Diari del pintor J.P.” de Joaquim Pijoan

ALGO DE MI EXPERIENCIA:

Ya desde pequeño deseé hacer “pastetas” toda la vida, como cuando pasaba largos ratos en el jardín de la escuela, separando la arena más fina para representar un pastel, con sus motivos “florales” encima, o hacer instrumentos raros con los bolis y papel, o dibujar complejas máquinas de tortura para niños con aquel amigo, o ese fondo de mar con todos los detalles, grabar en la mesa el trazo de mi boli, buscar rincones en los árboles donde sucedían las historias más inverosímiles, imaginar que corría al lado del coche de mi padre con una máquina capaz de salvar todos los obstáculos que aparecían a toda velocidad…

Cuando empecé a pintar por mi cuenta deseaba fervientemente representar todo el universo y su vida.

Lejos de conseguirlo, tuve que aceptar las limitaciones que las técnicas me imponían. Con el tiempo y la práctica me acostumbré a la frustración de ese intento. Poco a poco fui traduciendo esa ambición en algo más concreto y posible: llenar mi pintura de toda la vida que soy capaz de experimentar.

Es por ahí que empecé a soltar mis ideas de lo que pretendía y aceptar lo que saliera, como lo más valioso que mi vida me ofrecía. Dejándome sorprender por esa mezcla de técnicas, por lo que me sugerían, por esa curiosidad de a ver que pasa si mezclo este color con este otro, por ver que ocurre si mezclo la acuarela con el óleo, ese acrílico con las ceras, y si le añado polvo de mármol o viruta de madera, ¿Como quedará? Y si le hecho ácido nítrico o salfumán? Y si lo pongo bajo la lluvia un rato o le hecho alcohol? …

Lentamente, fui apreciando el valor de mi actitud y la percepción que cada momento me mostraba. Fui afinando esa mirada interna que me guiaba hacia algo que sólo se puede conocer recorriéndolo, explorándolo, dejándome llevar por la curiosidad, por una inquietud que me arrastraba al taller, y con buena excusa, justificaba olvidarme del mundo externo, de lo de afuera, para adentrarme en la sensación que me producían mis experimentos, en esos descubrimientos que me excitaban, que quizás después desaparecían al secarse, o se convertían en otra cosa.

Siempre me sorprendí de la diferencia que había entre la percepción que yo tenía de lo que hacía y la que tenían cada uno de los que miraban mis pinturas. Me di cuenta de que seleccionamos la percepción, y por lo tanto la experiencia, teniendo los mismos estímulos sensitivos, según nuestras vivencias, biografía, fantasías, deseos, etc. Esto me parecía mágico, se abría ante mí el universo entero, con sus infinitas posibilidades, mucho  más amplio que el que yo pudiera experimentar jamás.

Me fui dando cuenta de cómo podía cultivar ese modo de hacer, de ver.  De la fuerza de ese estar que requiere una  sutil atención y una presencia que me producen un calor interno, una intimidad placentera, un estar tan especial, que me regenera, que me aporta un alimento tan necesario, un saber sin palabras, un sentir que no hay diferencia entre lo que soy y lo que hago.

No quería otra posibilidad que aferrarme a ese presente,  cultivar el músculo de la actitud en la experiencia. Empecé a hacer terapia con Marcelo Antoni, yoga con el que fue mi maestro Rafael (Naren), a la vez que conocí la arteràpia gestáltica de Ramón Ballester de quien he aprendido lo que sé de este trabajo y de quien me considero discípulo.

ALGO DE TEORÍA

En mayor o menor medida, la plástica (y el arte) ha sido un ámbito donde la expresión personal y cultural ha tenido más espacio para desarrollarse, expandirse y transformarse.

El arte, como lenguaje que es, tiene buena parte de su función en sí mismo. El cómo está realizado, lo que nos transmite del proceso, se convierte en símbolo, en mensaje. El mensaje es la experiencia del proceso de realización.

Berlyne (1960) define arte como una especie de armonía en el desorden o una unidad en la diversidad. La experiencia total y caótica se ha de ordenar y sintetizar para poder convertirse en objeto.

Entendemos plástica como el hecho de hacer objetos con una intención principalmente visual, a partir de la transformación de la materia.

En mi experiencia de pintor, puedo dejar las pinceladas, la impresión del gesto en la forma, y estoy mostrando, en alguna medida, lo que me pasa mientras lo hago, la energía que se pone de manifiesto en la acción de pintar. Valoro cómo lo hago, más que no la idea que represento a nivel de forma. Me gusta trabajar con gruesos y texturas, esto queda impreso en la obra.

De esta forma queda exteriorizada la vivencia del mismo pintar, el resultado final se convierte en un mensaje, una imagen que aglutina mi experiencia.

Mientras la obra permanece inalterable (una vez acabada), la experiencia a la que hace referencia, se sigue procesando en mi mundo interno. Esta se convierte en una especie de diario no verbal, que me despierta recuerdos y me transmite la evolución, la maduración, la elaboración que he hecho del tema representado.

Hay una relación íntima con la obra que se mira, que no se dará nunca igual entre dos personas.

Siempre he sentido el impulso de pintar sobre mis conflictos, considero que hacerlo parte de una necesidad, por un lado, de dar salida a una presión interna, y por la otra, de elaborar este conflicto, de ubicarlo en un espacio, en un contenedor donde me permito darle forma, color, textura, etc. En definitiva, de hacerlo tangible, manipulable, transformándolo a medida que va tomando forma en mis manos, bajo mis ojos. Dándole sentido a la materia al manipularla, impregnándola de vida.  Como dice S.Freud, haciendo el camino de retorno que va des de la fantasía a la realidad.

Los valores estéticos están más allá del “gusto” en la combinación de colores y formas. En arteràpia los valores estéticos tienen que ver con la implicación que hace el autor del tema escogido, con la vinculación de  este con la obra y el proceso de realización. Con la expresión espontánea y desconocida que genera una sorpresa en el autor, un darse cuenta nuevo, o diferente, de algo que le importa.

A nivel psicológico, los valores estéticos están vinculados a la constitución del Narcisismo. En cuanto a estética en la conducta, el carácter,  empieza en la propia imagen, y esta depende en parte de los adultos que, cuando uno siendo niño, se dejaron fascinar por ella.

La evaluación estética aparece en el niño cuando éste realiza un objeto, o conducta, destinado a ser vista, que pretende despertar la admiración del otro. A partir de un “ensayo-error”, el niño va estableciendo un criterio de valoración, de él y de los objetos que realiza. Según el rechazo o admiración que genera en el observador, establece las propiedades que ha de tener para ser juzgado favorablemente. Estableciendo, así, un sistema de referencias estéticas, con sus prohibiciones y reglas que provienen de su grupo de pertenencia (familia y entorno más inmediato).

Estos valores personales, de conducta y estéticos, se convierten en un código que se activa a medida que se presenta a través de la obra y de los actos. Se ponen en marcha, en el aquí y ahora, y así los siente propios en todo momento.

“(…). Pintar sense saber on em portarà aquesta pintura em fa lliure i esperançat…”

“ Diari del pintor J.P”. de Joaquim Pijoan

ALGO DEL PROCESO CREATIVO EN GESTALT (leyendo a J.Zinker)

Quiero introducir, sin extenderme, unos ejes a partir de los cuales se puede dar el proceso creativo según los estructuramos en Gestalt:

El concepto de proceso hace referencia  al cambio constante de nuestra experiencia, en el transcurso de nuestra vida. Nuestra realidad personal es mutable. Lo creativo hace referencia a la capacidad de hacer algo rompiendo los límites establecidos. Es transformar algo dado para convertirlo en nuevo.

El proceso creativo sólo se puede dar en el presente, en mi “ahora”. Pues solo existe esta experiencia que estoy viviendo.

La ejecución de la acción se da en mi “aquí”, no solo en el soporte escogido para la expresión, que en plástica puede ser la tela, papel, el barro, etc. También en el cuerpo que la lleva a cabo (y en extensión, hasta donde llegan mis sentidos), la energía que lo mueve, la necesidad que se hace forma.

La acción nos convierte en los autores, y por lo tanto responsables, de todo aquello que llevamos a cabo. Tanto si es un objeto, como si es una conducta.

La sensación es vivida en nuestro cuerpo (soporte del mundo interno). Este tiene un criterio de selección de los infinitos estímulos que recibimos en cualquier momento, que constituyen la percepción. Esta selección se da a partir de las necesidades que se ponen en marcha en nuestro organismo, diferentes para cada momento, sin la cual no podríamos sobrevivir. Como cuando conducimos, en que la cantidad de impresiones visuales se reduce y limita a lo que nos importa para no estrellarnos o hacer infracciones (señales de tráfico, carretera, peatones, etc.)

En nuestro mundo interno todos estos estímulos pasan a formar parte de un “fondo” inerte que no afecta a nuestra experiencia, que está ahí sin constituir una información valida, pues no es atendida por la necesidad de ese momento.

La percepción se convierte en “figura” de la experiencia, la hace emerger y genera el movimiento que el cuerpo reclama como necesidad (girar en la curva, frenar, etc.).

En el proceso creativo no tenemos más remedio que partir de lo que experimentamos en este momento, la única coordenada real e indiscutible de nuestro mundo personal, lo que toma forma en lo corporal (la sensación).

Esta requiere de un explorarse a sí mismo, dirigir la atención al mundo interno en su forma más básica, más obvia, lo notado corporalmente, la sensación, que emerge del “fondo” convirtiéndose en percepción.

Es la experiencia concreta que nos delatan los sentidos. Es a partir de ella que sentimos emoción y formulamos todo nuestro mundo expresivo (verbal y no verbal). Es a partir de ella que generamos todo el movimiento en nuestra vida. De donde surge toda la energía. Toda acción.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA:

“Terapia gestalt. La vía del vacío fértil.” Francisco Peñarrubia 1998.

“El proceso creativo en la terapia gestáltica”. Joseph Zinker 1977.

“Una psicoterapia por el arte. Teoría y técnica.”Sara Paín y Gladis Jarreau 1995.

“El arte como terapia”. Tessa Dalley 1984.