Revista América Latina

Desde Bolivia. Humberto Vacaflor: Economía de palabras: Poder y corrupción y Recuerdos del presente: El libro perdido

Publicado el 31 octubre 2015 por Joseantoniomedina1234

columnistahumbertovacaEconomía de palabras: Poder y corrupción
El proyecto separatista de algunos catalanes se ha pinchado por el lado menos esperado: la corrupción en que cayeron los militantes de Convergencia para sacar provecho de los contratos de infraestructura en Barcelona.

Habían llegado, en septiembre, a tener muchos votos, aunque no los suficientes para proseguir el camino hacia la independencia.

En eso estaban: calculando cuántos votos obtendrían de eventuales aliados para lograr el propósito separatista, cuando estalló el escándalo del 3%, que es lo que cobraban a las empresas que se adjudicaban las obras de la Generalitat.

Un juez sin mucha importancia denunció el hecho y ahora se sabe que incluso hasta hace pocos días, los funcionarios de Convergencia seguían cobrando la comisión.

El peor detalle, el más demoledor, es que el anterior director de infraestructura, Josep Antoni Rosell, diseñó un proyecto millonario, lo adjudicó a una empresa, y luego dejó el cargo público para asumir como presidente de esa empresa. Antes de irse había aprobado que el costo de la obra pase de 1.069 millones de euros a 1.928 millones. Previsor el hombre. Pero además, había asegurado el 3% para el partido.

Visto así, parece que el proyecto separatista estaba dirigido a tener una república a su cargo, pequeña, rica, y con muchos proyectos para sacar provecho.

Desde el gobierno, José Antonio Bermúdez comentó que la peor corrupción es aquella de la que no se sabe, porque queda impune. Y sólo las instituciones, en este caso la justicia, pueden frenar este mal.

En Bolivia se sabe de un solo caso en que una institución señaló la corrupción. La contraloría denunció el caso del Fondo Indígena y saltó el pus. Los culpables no han sido castigados, excepto los que hacen de carne de cañón.

En Bolivia hay muchos temas a los que se podría aludir. Los costos de los grandes proyectos son elásticos. Bulo Bulo comenzó costando 840 millones de dólares, pasó a 1.200 y ahora está por los 2.400. La planta de Yacuiba tuvo una inflación de precios similar. Ahora se habla de la planta de uranio, que costará 3.000 millones. Y muchas más. Todo por invitación directa. Llave en mano, igual que en Barcelona.

Sin hablar de la economía ilegal, que es casi equivalente a la legal, la corrupción se ha adueñado del país. Y no hay instituciones que le hagan frente.

Recuerdos del presente: El libro perdido

Me tocó esta vez, en el que probablemente sea mi último viaje a Europa, reencontrarme con un muy viejo amigo, que también es una de mis obsesiones.

En el trayecto recibí la visita de una amiga de hace 45 años, Daniela Cipriani, mi compañera en la Universitá Pro Deo de Roma, que ya no existe más, por supuesto.

Mi amiga griega, Désfina Afdonidu, no acudió a la cita, porque sigue viviendo junto a la Plaza de Atenas, donde se encontraban los filósofos de la Grecia antigua para hablar de las nuevas ideas. Ahora, dice un amigo, la Plaza de Atenas es todo el mundo, gracias a la red.

Estuve en Florencia, donde pude comprobar que, como dice el filósofo, ningún hombre vuelve al mismo río, porque, primero, el río ha cambiado, fluye, y también el hombre ha cambiado.

Esta vez, además del río y del hombre, cambió la ribera: no me pude tomar la foto de hace 45 años, con el Ponte Vecchio como fondo, porque en la banda donde fue tomada aquella foto ahora hay comercios, casi todos de paquistaníes, que nada saben de Da Vinci, Michelangelo o Dante.

Muy cerca del Duomo de Firenze, en la librería Feltrinelli, me encontré con el viejo amigo que es también mi obsesión: Marco Polo, en una reciente edición que incluye páginas en italiano antiguo y otras traducidas al italiano moderno. Tan raros son, incluso en Italia, los que tienen la costumbre de buscar libros, que un fiorentino, tan viejo como yo, me ayudó a encontrar el libro que yo quería.

Me dijo que en Enaudi hay una edición en italiano antiguo, pero que no se entiende, aunque su mayor defecto es que el libro original, como saben los polistas, no fue escrito en italiano, sino en francés del siglo XIII. El autor se llamaba Rusticello de Pisa y se dedicaba a escribir historias de caballería.

Lo sorprendente de esta historia, lo que te deja con la boca abierta, es que el libro que Rusticello escribió en la cárcel de Génova, escuchando a Marco Polo, en francés rústico, la única prueba del viaje, se perdió. Y todo lo que se sabe del increíble viaje de Polo a Catay es producto de versiones inverosímiles. Literatura. Vacaflor.obolog.com Colaboración especial para LatinPress® http://www.latinpress.es


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