Desesperada – @reinaamora

Por De Krakens Y Sirenas @krakensysirenas

Todo empezó aquella noche, cuando los versos de Sabina flotaban en el aire en aquella calle de la melancolía…

Negros nubarrones se ciernen sobre mí, pero nunca llega la tan ansiada tormenta que se lleva lejos esta desesperada calma. Cada paso que doy duele más, sobre todo, si se acompaña de palabras tiernas, frases cordiales que flotan a mi alrededor pero que para mí, carecen de sentido. Es como si las palabras jugarán a un juego en el que yo no tengo ningún interés en ganar o perder, despreciando cobardes amenazas y avisos.

Encuentro miradas ardientes que se cruzan en mi camino, pero nunca llego a sentir el calor de sus cuerpos porque no es lo que necesito. Mientras, la sombra de la noche avanza sobre mi hasta hacerme sentir el frío. La misma sensación helada… como las dos jarras de cerveza que dejamos sin beber en la barra de aquel bar, porque corrimos en busca de unas sombras que albergarán aquellos besos que estaban a punto de ser entregados, aunque los dos supiéramos que en ellos no había amor.
Siento que mi alma se quiebra, el mundo tiembla de miedo bajo mis pies, tras esos fuertes abrazos que son meros gestos que no llevan a nada más, que se deshacen en humo de recuerdos.

Gentes de risas fáciles pero que no sienten verdadera diversión y mientras yo componiendo poemas y cantando canciones que no van destinados a nadie, pues quien debió de ser, nunca les prestará atención.

!!! Ya no aguanto más !!!

¿Cuánto tiempo ha pasado? No lo sé. A veces me han parecido siglos, otras, parece que fue ayer, anoche. Sólo unas pocas horas desde que nos conocimos, desde que hablamos por primera vez. No hacía falta ser adivina para saber que algo iba mal. Aún con todo, mantenías el tipo. Eso es algo que te caracteriza y me encanta de ti. Pero yo no podía hacer nada por salvarte, tan sólo tenderte mi mano y tratar de que sonrieras, intentar rebajar esa tensión.

Y, finalmente, esa tensión se fue. Te mantuviste, como siempre haces, firme. Siempre firme. Vi esa fuerza en tus ojos aquel día y luego me la demostraste con palabras, gestos y otras muchas cosas. Una noche como otra cualquiera, tal vez por eso fue algo que está más allá de toda definición posible.

No hay comparación ni precedente, como tampoco hubo ni habrá otro momento semejante. No tengo dificultad de palabra, pero no puedo definirlo, o tal vez no me atrevo porque no podría hacerle justicia. Rebuscando en la memoria no he sido capaz de describirlo, ni siquiera de aproximarme. “¿Qué sentiría un griego homérico al ver a una diosa?”. Así con estas palabras te presentaste. Que duro se hacen hoy tus palabras como tu recuerdo.

Desde aquella noche he gritado mil veces a los dioses y mil veces más he odiado.

¿Cómo no odiarte? No puedes darme lo que me diste, no puedes hablarme como me hablaste si no ibas a hacerlo, no una, no dos, sino un millón de ocasiones prohibidas. Al infierno el destino, los dioses, las profecías y las promesas. Tú estás por encima de eso. Siempre lo estuviste. Toda esa impotencia, las más cruel de todas, me lleva a maldecir el día que inicié la búsqueda eterna de  sensaciones. Todo lo que siempre desee y sentí en aquellos ojos color lujuria, cuando volví a verte.

Y allí estabas, toda contradicciones. Verte era una suma de contrastes. Tu sonrisa traviesa. Tus manos juguetonas.
Tu mirada decidida y provocadora. Tu actitud distante y lejana. ¿Qué querías? ¿Que te dijera que te extrañaba, que te echaba de menos? Ni un solo día dejé de pensar en ti, maldiciendo la noche que te conocí porque sabía que no te podía retener. Sé lo que me diste aquella noche y sé lo que te di, al igual que sé como me lo me llevé de ti.

Y tú ¿qué te llevaste? Eso no lo quiero pensar, porque en el fondo lo sé, lo siento y lo sentí en cada suspiro que cruzamos.

Son muy malos tiempos para los grandes jugadores. Intento cada día alejarme de todo y de todos, incluida tú. ¿Escuché a quién no debía? ¿Fue miedo? ¿Fue autoengañarme? Todo eso me llenó de impotencia. Tú tenías tu vida y yo la mía y eso no hacía más que llenarme de rabia. ¿Dónde estabas? ¿Qué hacías? ¿Con quién? Me llené de dolor y, poco después, de indiferencia. Eras y eres libre de decidir, de hacer lo que quisieras, siempre lo has sido. ¿Qué derecho tenía yo, entonces? Mi yo de siempre, lo que siempre me he dicho que soy, me decía que sólo soy una noche, un instante. Y, sin embargo, esa parte que despertaste en mí, esa pequeña voz me decía “no volverás a ser la misma”. Qué ilusa que soy ¿O tal vez no? Eso sólo lo sabes tú.

Sí. Odié y maldecí mucho. Te odié por no poder tocarte, pero, sobre todo, me odié por necesitarte, por cerrar los ojos para recordarte y encontrarte siendo sólo un recurso sin piel que acariciar. Por buscar oscuridad y silencio y revivir tu tacto, tu perfume, tu sabor. Me odié por buscarte. Me odié por quererte.

Todo esto me pasaba por la cabeza y el corazón en aquel maldito bar. Separados por una mesa redonda y una cerveza.
El aroma dulce y a la vez amargo era una metáfora perfecta de lo que eras para mí. Me sentía mal, muy mal por todo ello y por mucho más. Creo que lo sabías y puede que hasta te divirtiera, porque sostenías tu cigarrillo como nadie mientras bebías lentamente, como si quisieras que grabara tu figura en mi mente. Me mirabas con esos ojos tuyos, con una caída muy propia, desafiante. Apreté los dientes, mientras notaba la furia en mi interior. Sin embargo no era furia, y eso te sacó una sonrisa:

– Tenía ganas de verte – tu voz era un susurro.
– Yo también quería zanjar muchas cosas. Verás…
– Te he echado de menos.
– No más que yo a ti – y el mundo volvió a temblar.

Nunca debí de ir aquel lugar, pues era todo lo que había odiado en mi vida.
Pero volví, vuelvo cada vez que mi alma necesita gritar a pulmón abierto, hasta desangrar toda esta desesperada busqueda no debería de volver pero hay algo dentro de mi que me arrastra para reencontrarme con perdedores vagando por la noche, que solo se calman bajo la tenue luz de una farola perdiendo su orgullo de jugadores y mostrando en su ultima y desesperada jugada sus ases en la manga.

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