Recientemente he pasado unos días en París, ciudad que me ha resultado fascinante, asombrosa y extraordinaria.Algunas personas que conocen mi debilidad por Londres me han preguntado cuál de las dos ciudades me gusta más.
París es una ciudad enorme llena de cosas enormes, por su tamaño o por alguna otra razón: edificios, puentes, estatuas, avenidas… todo es tremendo, exagerado. Parece que los parisinos dijeran, como el castizo, “que no nos falte de na”: el Arco de Triunfo, el más grande del mundo. El Louvre, el museo más grande del mundo. Notre Dame, la catedral más famosa del mundo. Los Campos Elíseos, la zona comercial más cara del mundo… y así todo. Lo más.En cambio, Londres, que es grandiosa también, pero en otro sentido, me resulta a mí más recoleta, más acogedora. Es magnífica, pero no es exagerada. Me parece hecha a la medida del hombre, mientras que París parece hecha a la medida de los titanes.