Revista Ciencia

Detectan un desplazamiento anómalo del polo norte geográfico

Publicado el 22 mayo 2013 por Rafael García Del Valle @erraticario

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Según un estudio publicado por Geophysical Research Letters, el deshielo de Groenlandia está provocando un desplazamiento anómalo del polo norte geográfico.

De acuerdo a los investigadores de la Universidad de Texas que firman el estudio, desde 2005 el polo norte geográfico se está desplazando de forma más acentuada de lo normal hacia el este. Así, desde 1982 hasta 2005 el polo se desviaba hacia el sureste, hacia la Costa de Labrador, Canadá, a un ritmo de 6 centímetros al año, pero desde entonces la velocidad se ha multiplicado por cuatro y el movimiento se ha desviado hacia Groenlandia.

La causa, según el estudio, es un incremento del proceso de deshielo. Según Erik Ivins, geofísico del Jet Propulsion Laboratory de la NASA, esto se explica porque la pérdida de masa en un punto determinado de una esfera en rotación hace que su eje se desplace inmediatamente hacia la posición donde se ha producido la pérdida.

En el caso de la Tierra, la masa perdida es el hielo de Groenlandia, hacia donde se dirige precisamente el eje polar. No se debe confundir este desplazamiento con el de los polos magnéticos, cuyo movimiento también se ha acelerado, pero en otra dirección: hacia Siberia.

Tampoco con la precesión de los equinoccios, que es el cambio de orientación del eje terrestre como consecuencia del “efecto peonza” de la Tierra. En el movimiento de polos, el eje permanece en la misma posición con respecto a la eclíptica, lo que se mueve es la corteza terrestre.

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El movimiento de los polos geográficos es conocido desde hace unos años y se basa en la teoría de la tectónica de placas, la idea de que existe un desplazamiento independiente de la corteza con respecto al manto terrestre, existiendo un patrón conocido de balanceo. La ruptura de ese patrón es la que ha llamado la atención de los científicos.

las-capas-de-la-tierraSegún un estudio publicado en octubre de 2012 por científicos noruegos, en los últimos 120 millones de años se habrían producido cuatro movimientos reales de los polos, calculándose que el máximo desplazamiento habría sido de nueve grados.Pero también hay que distinguir entre un movimiento real de polos y un movimiento aparente por culpa de la deriva continental. La diferencia está en que, en el primer caso, toda la corteza terrestre se mueve al mismo tiempo, mientras que la deriva afecta únicamente a placas aisladas.

Por otro lado, en un artículo publicado por la revista Physicsworld en noviembre de 2012 se daban a conocer las conclusion es de un equipo de geofísicos de Estados Unidos y Canadá basado en datos de los últimos 1000 millones de años, sugiriendo la posibilidad de seis vuelcos de hasta 50º con su consiguiente retorno al eje de origen. Si algo así ocurriera hoy, la ciudad de Boston acabaría en pleno polo norte.

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Para entender el proceso, según Jerry Mitrovica, de la Universidad de Harvard, aunque desde la superficie d la Tierra se apreciaría un cambio continuado en la posición del polo, desde el espacio el fenómeno se contemplaría como un movimiento de la superficie terrestre al tiempo que el eje permanecería en su sitio.

…(Fin de la parte para mentes razonables)…

Dicho lo cual, y asentados los pinreles sobre la firme tierra que la ciencia se esmera en batir con escrúpulo encomiable, saltemos cual criaturas celestiales en los enfangados charcos que la lluvia del misterio, al que el común denomina superstición, deposita sobre las siempre inevitables irregularidades del terreno.

Y es que, fiel a la tradición, antes de que los datos científicos de esta última década comenzaran a sugerir la realidad del cambio de polos geográficos, la morbosa mente de los humanos ya había elaborado sus particulares hipótesis al respecto, ajena al escándalo que para la razón suponía imaginar siquiera tal posibilidad.

Claro que, para que el asunto tuviera su enjundia, esa morbosa mente humana tenía que hablar de cambios radicales, no de lentos, tediosos y soporíferos procesos geológicos.

Madame Blavatsky

Para hacerlo divertido, no queda otra que irse al siglo XIX, concretamente a 1888, de la mano de una vieja conocida, la señora H. P. Blavatsky. El contexto en que la fundadora de la teosofía escribe el párrafo que se cita se refiere a la cosmología hindú. Según esta tradición oriental, existen en la historia del mundo periodos de gran silencio donde todo desaparece. “Mahâ Pralaya” es el tiempo de la “Gran Disolución”:

Ni aun la Filosofía Esotérica puede pretender conocer, excepto por deducciones de analogía, lo que tuvo lugar antes de la reaparición de nuestro Sistema Solar, y antes del último Mahâ Pralaya. Pero enseña claramente que, después del primer disturbio geológico del eje de la Tierra, que terminó con la sumersión en el fondo de los mares de todo el Segundo Continente con sus razas primitivas -de cuyos sucesivos Continentes o “Tierras” fue la Atlántida, el cuarto-, tuvo lugar otro disturbio ocasionado por la vuelta del eje a su anterior grado de inclinación de un modo tan rápido como lo había cambiado: cuando la Tierra fue verdaderamente de nuevo sacada de las aguas (abajo lo mismo que arriba, y viceversa).

(La doctrina secreta, vol. II, sección VII)

Y en otro lugar:

El cataclismo que destruyó el enorme Continente, del cual es la Australia la reliquia mayor, fue debido a una serie de convulsiones subterráneas, y a la ruptura del lecho de los mares. El que destruyó a su sucesor, el Cuarto Continente, fue ocasionado por disturbios sucesivos de la rotación del eje. Principió durante los primeros períodos Terciarios, y continuando durante largas edades, se llevó sucesivamente los últimos vestigios de la Atlántida, con la excepción, quizás, de Ceilán y una pequeña parte de lo que es ahora el África. Cambió él la faz del globo, sin que haya quedado memoria alguna de sus florecientes continentes e islas, de su civilización y ciencias, en los anales de la historia, excepto en los Anales Sagrados del Oriente.

Por esto niega la Ciencia Moderna la existencia de la Atlántida. Niega ella hasta todo cambio violento del eje de la Tierra y quisiera atribuir el cambio de climas a otras causas. Pero esta cuestión continúa en pie. Si el Dr. Croll afirma que todas esas alteraciones pueden explicarse por los efectos de la nutación y de la precesión de los equinoccios, hay otros, tales como Sir Henry James y Sir John Lubbock (183), que están más inclinados a aceptar la idea de que son debidas a un cambio en la posición del eje de rotación. En contra de esto están a su vez la mayoría  de los Astrónomos. Esto no obstante, ¿qué es lo que han dejado siempre de negar y de combatir, sólo para aceptarlo más tarde, cuando la hipótesis se ha convertido en un hecho innegable?

(La doctrina secreta, vol. III, estancia XI)

Finalmente:

Que los mundos y también las razas o especies son destruidos periódicamente por el fuego (volcanes y terremotos) y el agua, por turno, y se renuevan periódicamente, es una doctrina tan vieja como el hombre. Manu, Hermes, los caldeos, la antigüedad toda, creían en esto. Por dos veces ha cambiado ya por el fuego la faz del Globo, y dos por el agua, desde que el hombre apareció en ella. Así como la tierra necesita reposo y renovación, nuevas fuerzas y un cambio de su suelo, lo mismo sucede con el agua. De aquí se origina una nueva distribución periódica de la tierra y del agua, cambio de climas, etc., acarreado todo por revoluciones geológicas, y terminando por un cambio final en el eje de la tierra. Los astrónomos pueden encogerse de hombros ante la idea de un cambio periódico en el eje del Globo, y reírse de la conversación que se lee en el Libro de Enoch, entre Noé y su “abuelo” Enoch; la alegoría es, sin embargo, un hecho astronómico y geológico. Existe un cambio secular en la inclinación del eje de la Tierra, y su época determinada se halla registrada en uno de los grandes Ciclos Secretos. Lo mismo que en muchas otras cuestiones, la Ciencia marcha gradualmente hacia nuestro modo de pensar.

(La doctrina secreta, vol. IV, sección VII)

Claro que, para no faltar a toda la verdad, la Blavatsky pensaba en un cambio de eje sobre la elíptica, lo cual se aleja de la mera idea del deslizamiento de la corteza y nos fastidia un poco la analogía. Pero así son los filtros de la sabiduría esotérica, a veces se traspapela información exclusivamente reservada al futuro, como la teoría de placas, desconocida por entonces…

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…una Estancia que dice:

A la conclusión de cada cuarenta Soles (anuales), al final de cada catorce Días, el doble se convierte en cuatro; macho y hembra en uno, en el primero y segundo y el tercero…

Esto es claro, puesto que cada “Sol” significaba todo un año, el cual se componía entonces de un Día, así como en el Círculo Ártico se compone ahora de seis meses. Según la enseñanza antigua, el eje de la Tierra cambia gradualmente su inclinación con la eclíptica, y en el período a que esto se refiere, era tal la inclinación, que un día polar duraba  todo el período de la revolución de la tierra alrededor del Sol, mediando una especie de crepúsculo de muy poca duración; después del cual, la tierra polar volvía a tomar su posición directamente bajo los rayos del Sol. Esto puede ser contrario a la Astronomía según se enseña y se comprende ahora; pero ¿quién puede decir que no ocurriesen, hace millones de años, cambios en el movimiento de la Tierra que no ocurren actualmente?

(La doctrina secreta, vol. III, estancia XI)

Miscelánea posterior

A partir de entonces, fueron legión quienes usaron el cambio de polos como instrumento de aniquilación colectiva. De los más sonados:

En 1948, Hugh Auchincloss Brown, un ingeniero electricista, lanzó una hipótesis del deslizamiento polar. Brown argüía que la acumulación de hielo en los casquetes polares causaban una desviación del eje de rotación terrestre, identificando ciclos de aproximadamente siete milenios.

En su controversial trabajo de 1950 “Mundos en Colisión“, Immanuel Velikovsky postuló que Venus emergió de Jupiter como un cometa. Durante dos aproximaciónes propuestas para el año 1450 A.C. sugirió que la dirección de la rotación de la Tierra fue cambiada radicalmente y que ésta se revirtió en el siguiente paso. Ësta disrupción supuestamente ocasionó tsunamis y terremotos y la desaparición del Mar Rojo. Pero aún más , afirmó que aproximaciones de Marte ocurridas entre 776 y 687 A.C. también propiciaron que el eje de la Tierra cambiara enre 4 y 10 grados. Velikovsky respaldó su trabajo con registros históricos, aunque sus estudios fueron ridiculizados por la comunidad científica.

(wikipedia)

Immanuel-Velikovsky_05Confieso aquí mi debilidad por el ruso Velikovsky, no por su teoría en realidad, sino porque fue motivo de una de las historias más bizarras posibles al provocar, como yaescribí largo y tendido en su díatal pataleta entre la comunidad científica que el jaleo atrajo la atención del público y, lo que habría sido un libro más sobre especulaciones “extrañas” al gusto de una audiencia marginal, se convirtió en un asunto mayor que ha terminado formando parte de la historia de la “ciencia” y hallando su hueco en programas divulgativos de primer nivel, como fue la serie Cosmos de Carl Sagan.

Años más tarde, en 1958, y basándose en la teoría del deslizamiento polar de Auchincloss Brown, Charles Hapgood publicó The Earth´s Shifting Crust, cuyo prefacio era un escrito de Albert Einstein, muerto tres años antes, por el que el físico mostraba su admiración ante la posibilidad –la tectónica de placas era aún una hipótesis en proceso de debate— de que la superficie terrestre se moviera con independencia del resto del planeta, y que sus movimientos pudieran explicar los cambios climáticos aparentemente repentinos de los que se tenía constancia por entonces:

His idea [de Hapgood] is original, of great simplicity, and if it continues to prove it- self of great importance to everything that is related to the history of the earth’s surface. A great many empirical data indicate that at each point on the earth’s surface that has been carefully studied, many climatic changes have taken place, apparently quite suddenly.

This, according to Hapgood, is explicable if the virtually rigid outer crust of the earth undergoes, from time to time, extensive displacement over the viscous, plastic, possibly fluid inner layers. Such displacements may take place as the consequence of comparativelly slight forces exerted on the crust,derivedfrom the earth’s momentum of rotation, which in turn will tend to alter the axis of rotation of the earth’s crust.

In a polar region there is continual deposition of ice, which is not symmetrically distributed about the pole. The earth’s rotation acts on these unsymmetrically deposited masses, and produces centrifugal momentum that is transmitted to the rigid crust of the earth. The constantly increasing centrifugal momentum produced in this way will, when it has reached a certain point, produce a covement of the earth’s crust over the rest of the earth’s body, and this will displace the polar regions toward the equator. Without a doubt the earth’s crust is strong enough not to give way proportionately as the ice is deposited. The only doubtful assumption is that the earth’s crust can be moved easily enough over the inner layers.

Hapgood

Hapgood tenía una peculiaridad, por cierto. Le molaba el asunto ese de Atlántida y otros continentes perdidos. Así que también quiso demostrar que, más allá de la leyenda, hubo otras civilizaciones anteriores a las actualmente oficializadas por el consenso de sabios que determinan la sapiencia de nuestro siglo.

Y para ello se valió de los famosos “mapas extraños” anteriores al siglo XVI, esos que contienen datos que nadie tenía que conocer por entonces para que la historiografía decimonónica en que creemos siga teniendo razón de ser.

Mapas como el de Piri Reis.

Una particularidad de algunos de estos mapas es que la Antártida se muestra perfilada sin hielo.

Se trataría de la región conocida como de la Reina Maud, la cual no fue navegada hasta el siglo XVIII. En 1960, el investigador Charles Hapgood logró contar con el apoyo del Escuadrón de Reconocimiento Técnico de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, encargado de la cartografía militar norteamericana, para comprobar la precisión del mapa.

Las conclusiones del teniente coronel Harold Z. Ohlmeyer fueron un tanto inquietantes:  la costa antártica que representaba el mapa no sólo era precisa, sino que tuvo que ser cartografiada, por necesidad, antes de que fuera cubierta por la capa de hielo de 1 km de grosor que la sepulta. Cualquier geólogo nos dirá que la última vez que la costa de la Reina Maud estuvo libre de hielos fue hace ¡6000 años! Y dejaría margen hasta el 10500 a.C. apróximadamente, época en la que llega a su fin la última glaciación de nuestro planeta. Unos cuantos siglos antes de que, “oficialmente”, aparecieran las primeras civilizaciones conocidas.

Los libros de texto nos dicen que, en aquella época, debíamos estar intentando salir de las cavernas.

(Artículo completo)

Lo que demostraría, según el americano, que hubo un tiempo en que la Antártida no estuvo en el polo sur de la Tierra… además de que alguien estuvo allí para testimoniarlo, claro…

Después de Hapgood vinieron otros muchos, pero la cosa ya empezaba a repetir demasiado y con el tiempo pasaría a formar parte del fenómeno 2012, que algunos comenzamos a seguir con gran interés, e ingenuidad dicho sea de paso, en su día. Pero de sus orígenes y evolución ya se dio cumplida cuenta en un largo artículo cargado de referencias.

Todo ello nos permite asociar ideas para volver atrás en el tiempo y terminar este repaso con una figura que era inevitable mencionar, al menos desde el párrafo en que este artículo comenzó a chapotear: Edgar Cayce.

En la página oficial de la fundación que vela por su legado, se nos dice que Cayce predijo la llegada definitiva de la Nueva Era tras un cambio de polos. En principio, se esperaba para el 2000 o 2001.

Luego, sus acólitos pospusieron la cosa para 2012…

Ahora que faltan fechas, podríamos intentar darle un sesgo más científico al tema, quién sabe. Si intentamos conciliar la información científica del comienzo con la de nuestro vidente de principios de siglo, para quien el movimiento axial de la Tierra sería la ceremonia inaugural de los tiempos de felicidad, podríamos atisbar la Nueva Era de aquí a una decena de millones de años…

Aunque, entre los celos de unos y las ganas de otros, podría resultar dudoso que alguna de las partes secunde la propuesta…

 


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