Aristóbulo se había disfrazado de diablillo para asistir al carnaval. Mientras se hallaba entre la multitud, celebrando las festividades, sintió que la punta de un revólver le apretaba las costillas. Apenas alcanzó a oír una orden seca:—Quieto aquí. En nombre de la ley, está usted detenido —bramó la oficial Severina Dracón.Aristóbulo, confundido, se disponía a protestar airadamente, pero la