Sin embargo “Second coming” resultó un muy buen disco. Si bien no estuvo a la altura del mito o de la espera, fue un gran álbum de todas formas. De haber sido editado hoy, seguramente estaríamos hablando de él en otros términos.
Allí donde la candidez de joyas como “Waterfall”, “She bangs the drums” o “I wanna be adored” había desaparecido, ahora asomaba una banda más “profesional”, si se quiere, aún con los peligros que eso entraña. Mejor grabada y producida (desfilan varios nombres en los créditos) y capaz de generar mayores espacios para que la música fluya. En eso, el disco tiene más cuelgue y espíritu de “live jam”. Sólo basta chequear “Daybreak”, “Straight to the man” o la larga zapada al comienzo de “Braking into heaven”.
El costado folk/ pastoral que el grupo siempre había frecuentado, aquí esta representado por “Your star will shine” y “Tightrope” y los mancunianos incorporan un pulso bastante más firme –casi mudándose a la Rave- en “Driving south” y “Begging you”, uno de los singles. No obstante, la mayor influencia acá es Led Zeppelin, que tiñe todo el set de un approach Hard Rock nuevo para el grupo. En esta veta, los riffs destructivos de John Squire en “Love spreads”, la joya del disco, son elocuentes.
Hay otros momentos musicalmente valiosos en “Second coming”: el mojón pop en “Ten storey love song”, la dulzura de “How do you sleep”, la vibración de “Good times”. Sin embargo, como dijimos, la magia inicial ya era irrecuperable y aquellos cinco años perdidos en pleitos y dilaciones les jugaron en contra. No obstante, el Imperio ya tenía puestos los ojos en lo que sería su Zeitgeist musical de la década, con Blur y Oasis a la cabeza. Otra historia empezaba.
Stone RosesIan Brown, John Squire, Mani, Reni.