Discrepancias sobre datos de hambre en Guatemala: ¿quién dice la verdad?

Por Jose Luis Vivero Pol

Mercado en Antigua – Foto de Archivo de Programas en Flickr bajo licencia Creative Commons


¿Cuánta hambre hay en Guatemala? ¿Estamos ahora mejor que antes? ¿Qué impacto real tiene el Pacto Hambre Cero en la desnutrición infantil? Creo que estas tres preguntas resumen bien el sentir de muchos ciudadanos, políticos, nutricionistas, economistas y, por supuesto, periodistas guatemaltecos en estos momentos. Después de haber estado escuchando durante mas de año y medio toda la parafernalia mediática, política (en el buen sentido del término) y polítiquera (en el mal sentido), de habernos notado que a la clase empresarial parece que le preocupa el tema de la nutrición, después de haber empapelado las paradas de bus, de haber disfrutado de iniciativas ciudadanas que tienen algo que dar y de campañas en redes sociales, todos tenemos derecho a preguntarnos si tanto ruido tiene de verdad nueces detrás. O es sólo humo que se lleva el viento. ¿Será que de verdad el aparato del Estado se está moviendo en la correcta dirección para luchar contra el hambre? ¿Será…? (Por cierto, siempre he adorado este chapinismo)  
Por un lado, parece haber señales negativas procedentes de los tradicionales informes anuales que publican en octubre diversas agencias internacionales. El ya clásico e influyente Estado de la Inseguridad Alimentaria Mundial, que publican FAO, PMA y FIDA, señala que la subnutrición aumentó entre el periodo 2008-10 y 2011-2013, pasando de 4.1 millones de guatemaltecos subnutridos a 4.6 millones, lo que representa un aumento porcentual del 29.5% al 30.5%. Por otro lado, en el Índice sobre Hambre Global del Instituto Internacional de Investigación en Políticas Alimentarias (IFPRI en inglés) también se señala un empeoramiento de 3 puntos porcentuales para Guatemala, en relación al informe anterior.
Por otro lado, sin embargo, el Gobierno de Guatemala y sus principales lideres contra el hambre (Presidente, Vicepresidenta y Secretario de la SESAN) no dejan de ser alabados internacionalmente por su esfuerzos contra el hambre, el Pacto Hambre Cero es reconocido como un excelente marco de prioridades y Guatemala es uno de los alumnos aventajados de la Iniciativa Scaling Up Nutrition y del movimiento global por el derecho a la alimentación. No en vano, Guatemala figura este año como el país más destacado por su compromiso político y ciudadano en la lucha contra el hambre (Informe HANCI de la Universidad de Sussex) y el Sr Monterroso ha sido reconocido como uno de los lideres globales en la lucha contra el hambre por sus esfuerzos dentro y fuera del país.  
A primera vista resulta cuando menos chocante que se haga tanto ruido alabando el trabajo de Guatemala en la lucha contra el hambre y luego los indicadores globales indiquen un empeoramiento. ¿Alguien miente? ¿De que va este circo, se preguntarán algunos?
Tengo que decir que en ambos casos tienen razón, y la respuesta se basa en que ambos mensajes se refieren a marcos temporales diferentes: los datos de FAO e IFPRI llevan un retraso de al menos dos años, y no reflejan la situación a día de hoy sino la situación que había en 2011. La discrepancia surge al presentar los datos más recientes como si fueran de ayer, cuando en realidad son una foto del pasado. Usando un símil astronómico, es como ver hoy la luz de una estrella muy distante y que hace años que explotó. Es una imagen actual de algo que ya no es y, por tanto, no valen para evaluar el desempeño del gobierno actual.
Los datos reales más recientes de la desnutrición en Guatemala proceden de la Encuesta de Salud Materno Infantil (ENSMI) de 2009, mientras que para la pobreza los datos más actuales se basan en la Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI) de 2011. El indicador de subnutrición de FAO-PMA-FIDA utiliza los datos de pobreza de 2011, y el indicador de IFPRI utiliza los datos de FAO y la ENSMI de 2009. Es decir, todos ellos con dos años de retraso como mínimo.
Las tendencias históricas hasta el 2011 para Guatemala apuntaban a una reducción de la desnutrición aguda, un estancamiento de la crónica, una reducción significativa de la mortalidad infantil y un aumento de la pobreza. Es decir, señales dispares que no indican una clara senda de progreso y desarrollo lo cual, por otro lado, es bastante coherente con el desigual reparto de riqueza y recursos naturales de este país, donde el 5% de la población tiene el 40% de los ingresos y el 50% mas pobre apenas consiguen sobrevivir con el 5% de la riqueza total. Y del reparto de tierras mejor ni hablamos. Demasiada injusticia para transformarse en progreso para la mayoría de la sociedad. La lucha contra el hambre presenta escasos resultados para apuntarse en el haber de Gobiernos anteriores.   
¿Y entonces, hablando en plata, como vamos con el tema del hambre? La verdad verdadera es que nadie lo sabe, y sólo se lanzan indicadores de progreso parcial, muy centrados en el hambre estacional y en reducir las muertes por desnutrición. El resultado contra el hambre crónica todavía es una gran incógnita, que será desvelada a principios del 2014 cuando se conozcan los datos reales sobre desnutrición en los municipios priorizados. En esos 166 municipios se ha establecido una línea de base precisa y concreta, que será la definitiva vara de medir del Pacto Hambre Cero. El Gobierno de Pérez Molina, Baldetti y Monterroso se ha expuesto al escrutinio público haciendo una medición en tiempo real al principio de su Gobierno y repitiendo las mediciones anualmente para ver los resultados. En enero del 2014, tanto ellos como nosotros podremos ver si ha habido avances en el Pacto. Y ahí podremos juzgar si se va por el buen camino o nos hemos equivocado, y deberemos exigir responsabilidades, o felicitarnos por el avance... Por el momento, sólo nos queda monitorear que se cumplan las acciones previstas en el POASAN 2014, que se gaste adecuadamente y a tiempo, y que el dinero no se malverse. En esa tarea, este periódico, junto a otros medios de comunicación, está haciendo una excelente labor. Y ya para acabar, no debemos olvidar que aunque se mejore en los 166 municipios, el objetivo de Gobierno es reducir el 10% la desnutrición crónica a nivel nacional. Esto es sólo el principio de un largo camino que deberá ser continuado por los siguientes Gobiernos, por años y años y años y años.