Django desencadenado (Django Unchained), EE.UU. 2012

Publicado el 16 enero 2013 por Cineinvisible @cineinvisib

Muchísimos recuerdan el año 1992 como un año glorioso por las Olimpiadas de Barcelona o la Exposición Universal de Sevilla, y unos pocos por haber visto en Sitges la primera película de Tarantino, la mítica Reservoir Dogs. Eso sí que es un evento para calificar cualquier fecha como memorable.La sensación inmediata fue que, esa elaborada mezcla de diálogos teatrales y acciones desmesuradas, bajo subgéneros cinematográficos (en ese caso, el de gángster) y rodado con una estética clásica pasada por la influencia de los recursos del videoclip (zoom psicodélicos, cámaras lentas, picados y contrapicados), era la nueva huella de un cineasta extremadamente dotado.Sharon Waxman nos contó en su obra Rebels on the backlot cómo en los años 90 un puñado de directores conquistaron el sistema de los estudios de Hollywood. Estos 6 cineastas “maverick” eran Spike Jonze, Steven Soderbergh, David Fincher, Paul Thomas Anderson, David O. Russell y, por supuesto, Quentin Tarantino. 20 años y 8 películas después el más mediatizado de ellos continúa en plena forma con su particular universo, mejorado por el tiempo y la experiencia. Muchos más diálogos y una acción sabiamente dosificada que va incrementándose hasta el estallido de la traca final, donde no queda ni el apuntador.Rodeado de sus compas, Leonardo DiCaprio y Samuel L. Jackson, impresionantes, y Christoph Waltz, majestuoso y lo mejor de la película, rescatados de otros tiempos, Don Johnson, y nuevos amigos como Jamie Foxx, actor sin complejos que no duda en mostrar (en esta ocasión sin ayuda de su móvil) todo lo que sea necesario para bordar un personaje que, primero en la observación y el aprendizaje, no duda luego en pasar a la pura y dura práctica, Tarantino decide apropiarse del spaghetti o chorizo western, subgénero cinematográfico de los años 60 y 70 que debe su denominación a su lugar de rodaje (en Italia -estudios de Cinecittà- o en España -desierto de Tabernas de Almería-).Gran admirador del primer Django (1966) de Sergio Corbucci, el cineasta ya utilizó una de sus escenas (la del corte de oreja del predicador) en su primera película y hoy, en muestra de gratitud, hace que su protagonista, Franco Nero, interprete un papel en este Django encadenado.El director, al combinar dos personajes tan interesantes, un cazador de recompensas de origen europeo y un  esclavo liberado, dos años antes de la guerra de sucesión americana, trata al mismo tiempo temas tan diversos como la construcción de la identidad nacional o el pasado esclavista, recurrentemente ocultado por los americanos. De hecho una de sus mejores escenas recuerda un momento del filme más racista de la historia del cine, El nacimiento de una nación (1915) de D. W. Griffith.Tarantino, apasionado del western, cuenta que este género si bien describe la creación de un país también cambia con las décadas. En los años 30 todavía celebran el espíritu de los pioneros de una manera simple, el bueno sombrero claro y el malo, obscuro; una década después y, traumatizados por la reciente guerra, el género se aproxima al cine negro; en los 50 aunque tímidamente se utiliza la figura de los indios para defender los nacientes derechos cívicos de las personas de color; más tarde evocan Vietnam o los escándalos políticos… lo más interesante sería deducir cómo Tarantino describe la segunda década del siglo XXI. ¿Una Europa, encarnada por Christoph Waltz, sólo interesada por el dinero frente a una América, Jamie Foxx, alucinada por la inmensa violencia que aún la rodea? Cada espectador tendrá su propia interpretación. Eso sí no os la perdáis, hasta el propio Quentin Tarantino actúa en ella, y está, os juro, explosivo.