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‘Doctor Who’ – Cincuenta años de Wibbly Wobbly, Timey Wimey

Publicado el 14 marzo 2013 por Cinefagos

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Hace poco, Snake dijo que había oído hablar de ‘Doctor Who’, pero que no había visto ni un solo capítulo. Además, alegaba no entender si varios actores habían encarnado al mismo personaje o no saber ni tan siquiera de qué iba, de modo que creo que iba siendo hora hacer un post sobre la serie de ciencia ficción más longeva de la historia. Y es que ‘Doctor Who’ no es sólo una serie de televisión, es un fenómeno de culto, un personaje muy querido en el Reino Unido que a lo largo de cinco décadas ha ido entrando en hogares del mundo entero logrando que un show con más imaginación que medios traspasase sus fronteras y reuniese un ejército de fans acérrimos que comprendiesen las intrincadas líneas argumentales y supieran navegar en un mar de referencias.

Vamos a intentar conocer un poco más de esta serie y estos personajes, lo justo para poder saber qué tiene de especial y qué habría de saber para entender la historia de un hombre que lleva décadas viajando a través del tiempo y el espacio.

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‘Doctor Who’ se empezó a emitir el 23 de Noviembre de 1963 y su estreno no fue un gran éxito. La razón se debe principalmente a que un día antes el presidente Kennedy había sido asesinado en Dallas, lo que nos sirve, aparte de como curiosidad, para situarnos en el tiempo y ver cuánto lleva esta serie en activo, mucho más que algunas de las más grandes dictaduras. La idea de los productores de la BBC era crear una serie entretenida tanto para niños como para adultos, más centrada en la originalidad de sus argumentos que en los efectos especiales que, todo hay que decirlos, eran bastante cutres. El serial en blanco y negro contaría la historia de un hombre anciano al que conocemos simplemente como El Doctor, y que, al parecer, posee una nave espacial capaz de viajar en el tiempo, una inmensa fortaleza volante armada con un potentísimo sistema de camuflaje capaz de pasar desapercibida en cualquier parte del universo.

Como acabo de decir, la falta de medios hacía imposible crear esa enorme nave espacial, por lo que la nave parece haber sufrido un fallo en su sistema de camuflaje y haberse quedado atascada en la forma de una cabina de teléfonos de los años sesenta. Lo que parecía una forma de abaratar costes se acabó convirtiendo no sólo en un chiste recurrente de la serie, sino también en una imagen icónica, hasta tal punto que la policía metropolitana, que era quien utilizaba esas cabinas de color azul, perdió los derechos de imagen sobre ellas ya que se dictaminó que se asociaban más a ‘Doctor Who’ que al propio cuerpo policial. La cabina, a la que llaman la TARDIS (Time And Relative Dimensions In Space) por fuera tiene ese aspecto, pero es muchísimo más grande por dentro, y su aspecto ha ido cambiando con el paso del los años. Es una nave espacial singular que se ha ganado el título de “Objeto friki más deseado de todos los tiempos” desbancando al Halcón Milenario o los sables láser de Star Wars, y su particularidad consiste en que puede llevarte a cualquier lugar del tiempo y del espacio que quieras. Un infinito abanico de posibilidades se abren ante ti, y es lo que ha permitido a la gente seguir disfrutando con historias sin fin, acompañando al Doctor en todo tipo de escenarios.

El Doctor

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El protagonista principal es un hombre extraño, posiblemente, el personaje más inclasificable de la historia de la televisión. Un alienígena que cambia de cuerpo, tiene dos corazones, que huye de algo y de quien no conocemos el nombre pese al paso del tiempo. Los humanos que le acompañan le conocen solamente como El Doctor, y es lo máximo que nosotros, como espectadores, sabremos de él. En 1963, el Doctor viaja a través del tiempo y del espacio acompañado por su nieta, y la primera vez que el público le pudo ver, tenía el aspecto de William Hartnell, un hombre ya anciano y algo gruñón.

Con el paso de las décadas sabemos que El Doctor es miembro de una antigua raza extraterrestre, los llamados Señores del Tiempo, cuya existencia desapareció del universo en una terrible guerra contra sus enemigos mortíferos, los Daleks. Toda su tecnología y cultura se perdieron para siempre y lo último que queda es un hombre que parece huir de su pasado, testigo de las atrocidades de la guerra. Los señores del tiempo viajaban en naves espaciales como la TARDIS, y eran capaces de controlar el vórtice del tiempo, lo que les convertía en los seres más poderosos del universo. Una particularidad de la serie ha sido que durante años, ha mantenido una coherencia interna con todo lo que sucedía en ella. A pesar de los cambios de emisión, de década o incluso de responsables creativos, jamás ha habido un punto y aparte, y siempre se ha tratado del mismo Doctor. Esto plantea el problema de cómo hacer que un mismo personaje permanezca inalterable con el paso del tiempo, y más teniendo en cuenta que Hartnell era ya un anciano en el momento de su estreno. Esto obligó a improvisar una explicación que se convirtió no sólo en uno de los mayores aciertos, sino también en un interesantísimo recurso argumental y un mecanismo perfecto para crecer y evolucionar.

En The Tenth Planet, emitido en 1966, el personaje de Hartnell sufría un colapso, y de pronto su cuerpo cambiaba, adoptando un nuevo rostro. El actor Patrick Troughton recogió el testigo, siendo conocido por el público como El Segundo Doctor, y repitiendo esa tradición cada vez que el actor principal ha abandonado el papel. Este  proceso se conoce como Regeneración, y fue explicado diciendo que Los Señores del tiempo tienen la capacidad de regenerarse cuando son heridos de gravedad, un truco para engañar a la muerte que, de hecho, conlleva la desaparición del Doctor en cuanto a gustos, habilidades y carácter, aunque mantiene todos y cada uno de sus recuerdos intactos. Una forma perfecta de dejar paso a sangre nueva en un proceso que se ha repetido un total de diez veces hasta el momento, llegando al año 2013 en el que Matt Smith interpreta al Undécimo Doctor.

Todas las regeneraciones

Como todo producto improvisado, cada regeneración tenía un aspecto distinto. Hasta que la serie resucitó en el año 2005, donde se normalizó haciendo que todas mantuvieran una coherencia, y donde ya hemos visto unas cuantas. Pero lejos de quedarse así, en un mero trámite, siguen dejando caer guiños a sus antiguas encarnaciones. Prueba de ello es el capítulo “Los Vampiros de Venecia”, donde el Undécimo Doctor saca su carnet de la Biblioteca y donde podemos ver el rostro del Primer Doctor, o situaciones más parecidas. Esto ayuda y refuerza la mitología de la serie y nos da a los fans momentos interesantes, sobre todo porque no están metidos con calzador. Y aunque cada Doctor es diferente, lo conocemos como un mismo personaje, un ser que ha pasado de ser un viejo gruñón,  a un arlequín (durante la década de los ochenta), el objeto de los deseos de las adolescentes y, finalmente, un niño grande. Las posibilidades son infinitas ya que cada actor le da su toque personal.

La Guerra del Tiempo

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Poco se sabe de los antecedentes del Doctor. Sabemos que fue padre una vez (porque al principio de la serie viajaba con su nieta)  que es muy viejo, y que tiende a pasar largas temporadas solo. El Décimo Doctor nos informó de que tenía novecientos años, y más adelante sabemos que llegó a los mil doscientos. Tras la muerte de sus últimos acompañantes, no sabemos cuánto tiempo ha pasado solo. Lo que sabemos es que su raza se enfrentó a su mayor enemigo, los Daleks, en una cruel guerra que se llamó La Guerra del Tiempo. De ese enfrentamiento, sólo quedó el Doctor, que fue el causante de la destrucción de su raza y también, de convertirse en una especie en peligro de extinción. En el capítulo “La Mujer del Doctor” escrito por Neil Gaiman, entendemos que El Doctor no adquirió su TARDIS de forma honesta, sino que la robó, deseoso de ver toda la inmensidad del tiempo y del espacio. Lo que el Doctor no sabía es que la TARDIS tiene conciencia y que ella también, ansiosa de aventuras, le robó a él.

La guerra del tiempo acabó cuando el Doctor encerró a Daleks y Señores del tiempo en un punto del tiempo del cual no pueden salir, y desde entonces, nuestro alienígena favorito ha estado huyendo de su propio pasado.

Los Daleks

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Los Daleks son el villano definitivo, unos monstruos que nacieron para un capítulo en concreto pero que, basados en el nazismo, tuvieron el éxito suficiente entre el público como para seguir apareciendo y ganándose el cariño de los fans. Su aspecto estrafalario, producto de la ciencia ficción más sesentera, es una mezcla entre un salero armado con un desatascador y una batidora. Pero es por dentro donde yace el verdadero ser, un mutante espacial que sólo tiene un deseo, el de exterminar toda forma de vida que no sea Dalek, y de ese instinto han creado su latiguillo. Al grito de “Exterminate!”, todos los fans del mundo entero saben a quién nos enfrentamos.

Las dos grandes etapas de la serie

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¿Qué hacer con una serie que al principio parece tan inabarcable? ¿Por dónde empezar a verla? Pues lógicamente, no desde el principio. Muchos de los capítulos de las décadas de los sesenta y setenta han desaparecido para siempre, porque la BBC grababa encima de los anteriores para ahorrar espacio de almacén y reutilizar cintas. Un caso muy curioso es que del capítulo que contiene la regeneración del Primer Doctor sólo se conservan unos pocos fragmentos, y que la aparición de nuevo material perdido, procedente sobre todo de colecciones privadas, se ha convertido en todo un acontecimiento, más parecido a la arqueología audiovisual que al entretenimiento doméstico, lo que hace que incluso cosas tan caducas como el serial original, emitido en blanco y negro, siga teniendo vida (y dando beneficios a la BBC, lo que viene a ser lo mismo hoy día). Durante la primera etapa de la serie, nada menos que siete Doctores aparecieron en la pantalla, siendo Tom Baker el más famoso y del que los fans españoles tienen más constancia. En 1996, se hizo una TV Movie en la que el Séptimo sólo aparecía brevemente para ser tiroteado, sirviendo así como excusa para permitir la regeneración e introducir a un nuevo actor, que sólo apareció en este decepcionante producto.

Nueve años de silencio más tarde, y tras muchos esfuerzos por parte de Russell T Davis, responsable de una serie tan diferente como Queer As Folk, ‘Doctor Who’ regresó a la televisión. El protagonista sería Christopher Eccleston, a quien veremos siendo el villano de THOR 2, y era una especie de reinicio, manteniendo la esencia de bajo coste y buscando encontrar un nuevo hueco entre el público actual, que parecía haber olvidado al personaje. El detalle más interesante fue que no vimos la regeneración del Octavo Doctor, así que conocemos al Noveno de golpe, y fue el responsable de llenar ese vacío de dieciséis años en los que no apareció en la pequeña pantalla. Sería a partir de aquí cuando la gente debería empezar a ver ‘Doctor Who’ si quieren tener un buen punto de partida, aunque yo no soy muy partidario de esto. Pero ya lo explicaré más adelante.

En 2005, El Doctor regresó en buena forma, pero con un gravísimo problema. Se trataba de una serie para fans, entretenida, pero incapaz de competir con las engrasadas maquinarias del resto  de producciones. En un mundo donde la HBO y las grandes series de los Estados Unidos se llevaban todo el mercado, la pequeña serie inglesa con cutres efectos especiales y estética casi de peli porno no podía competir. Muchos de los que deciden lanzarse a verla animados por lo que han visto en Internet pueden sentir un rechazo directo a ella, y entre ellos, me incluyo el primero. Después de escuchar cosas tan interesantes sobre la serie, al ver el primero pensé que era una pérdida de tiempo, y un buen concepto tirado por los suelos. No ayudaba nada que Russell T. Davis fuera un guionista tramposo y en ocasiones, hasta cutre, con situaciones que daban un poquito de vergüenza ajena, por mucho que en otras diese en el clavo. Durante la primera temporada, ‘Doctor Who’ parecía algo que estaba a punto de cancelarse constantemente, incluso a pesar de algunos buenos capítulos.

Por motivos desconocidos (es probable que discutiese con los responsables de la serie) Eccleston abandonó al final de la primera temporada. Lo que lo hizo incluso más redondo, porque introdujo el concepto de la regeneración en un buen punto. Y así fue cuando la serie realmente comenzó a despegar, con la aparición de David Tennant, el Décimo Doctor.

La aparición de Tennant cambió un poco la imagen del Doctor. Por una parte, era más atractivo físicamente que Eccleston, y el fangirl se volvió loco con él. El Doctor empezó a transmitir un aire sensual junto con una profunda arrogancia que se iría intensificando a lo largo de las tres temporadas que permaneció en activo. Y durante ellas, Davies logró un equilibrio en la serie. Los efectos especiales comenzaron a ser aceptables, pero algunos capítulos como “Amor y Monstruos” dan bastante pena. Lo más interesante sin duda fue el control cada vez mayor que Steven Moffat tenía sobre la serie y que acabaría siendo lo mejor que le pasaría en su nueva etapa.

Steven Moffat – El mejor Showrunner de la actualidad

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En la primera temporada, Moffat escribió un capítulo doble titulado “El niño vacío”, que consistía en un niño diabólico que se identificaba por llevar una máscara de gas asustando a la gente durante la Segunda Guerra Mundial. Moffat era mucho más oscuro que Davies, más denso y menos ligero, pero también, mucho mejor escritor que todos los demás. A él le debemos algunas buenas ideas, como un capítulo que, en teoría, debería ser como otro cualquiera, pero que da una clara muestra de qué clase de guionista es, y por qué pienso que se trata, junto con Vince Gilligan (Expediente X, Breaking Bad), uno de los mejores showrunners (responsables) de la actualidad.

Aprovechando una de las grandes bazas de los viajes en el tiempo, decidió que el Décimo Doctor se encontrase con alguien a quien aún no ha conocido, la doctora River Song, una humana que parece conocerle a él muy bien, incluyendo un detalle esencial: su nombre.

La primera aparición de este personaje nos deja claro que, dentro de muchos años, cuando cambie de rostro, el Doctor conocerá a River Song y acabarán casándose. De modo que la mujer que tiene delante de él sabe mucho acerca de su destino, del hombre en el que se acabará convirtiendo. Y mucho más traumático es saber que River Song muere en este primer episodio, de modo que cuando la conozca, cuando la vea por primera vez, él ya sabrá qué destino la aguarda. Es la maldición de los señores del tiempo.

El problema de Tenannt es que se hizo demasiado conocido, y al ser un trabajador incansable, se vio obligado a abandonar la serie, y al mismo tiempo, Russell T. Davies decidió dejar también el trabajo. De esta forma, se decidió que Moffat se encargara de la quinta temporada. El Décimo Doctor se vio obligado a regenerarse, cerrando así todos los arcos argumentales abiertos. Se acercaba un reboot, un nuevo reinicio, y todo estaba a punto de cambiar.

El undécimo Doctor

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A mí gusto personal, si alguien decidiera empezar a ver ‘Doctor Who’, debería saltarse todo lo que he descrito anteriormente. Se perderían la actuación de Tennant, cierto, pero podrían empezar en una parte en la que la serie por fin encuentra su hueco, llegando a su cenit de calidad y donde puede mirar sin agachar la cabeza a otras producciones. The Eleventh Hour, la primera aparición de Matt Smith, recién regenerado y estrellándose en el jardín de una niña asustada por una grieta en su pared.

Si uno de los detalles de la serie original era el amor por la imaginación por encima de los efectos especiales, Moffat encontró su punto perfecto. La historia de Amy Pond y la grieta en su pared es una clara muestra de lo que vale un buen guionista, capaz de hacer magia con una grieta en una pared, o una habitación completamente blanca. Con un genial uso de los diálogos y el drama, este nuevo Doctor nos explica que la grieta no es sólo una imperfección en la pared. Si tirasen la pared, la grieta seguiría ahí, porque es una arruga en el universo, un universo que ahora se está resquebrajando. Amy Pond conocerá a este nuevo Doctor, menos sensual y más aniñado, y definitivamente alienígena. Por fin vemos a un Señor del Tiempo como lo que debería ser, extraño, socialmente inadaptado, y con un peculiar gusto por la estética. Sólo un extraterrestre de casi mil años de edad podría encontrar “cool” las pajaritas, los fez, o todo tipo de sombreros estrafalarios.

Y es a partir de aquí cuando se establecen algunas líneas maestras, como la Grieta, el Silencio o la Muerte del Doctor, donde conoceremos que, tras mil años de tiempo y espacio, nuestro protagonista debe morir en el Lago Silencio, en Utah, en el año 2011, y donde se idean algunos de los más grandes monstruos de la saga. Desde el Silencio, unos alienígenas que consiguen que los olvidemos y que controlan el destino del mundo, o los ángeles llorosos, estatuas de piedra que se mueven cuando dejas de mirarlas. Por no hablar de los Daleks, los Cybermen o incluso los capítulos más relajados como “El Inquilino”, donde podemos ver al Doctor intentando encajar en un ambiente totalmente mundano.

“Doctor Who” es una serie inmensa, con un gran potencial. Cada capítulo es una aventura en un momento diferente del tiempo. Desde planetas lejanos, a un futuro donde la iglesia católica tiene soldados entre sus filas, a un lugar donde Inglaterra entera abandona una Tierra agónica a bordo de una gigantesca nave interestelar a los lomos de la última ballena espacial, pasando por un encuentro con el mayor pintor de todos los tiempos, Vincent Van Gogh, en un capítulo que sólo puedo catalogar de Memorable. O incluso el ya mencionado “La Mujer del Doctor”, donde se explora más la relación entre el último señor del tiempo y su “sexy” medio de transporte. Y en las tres últimas temporadas, el público norteamericano y japonés, al igual que el resto del mundo, se ha arrodillado ante la creatividad de la serie en un momento en el que los remakes y la falta de ideas están a la orden del día. Y prueba de ello son los capítulos grabados en lugares tan emblemáticos como Stonehenge, el desierto de Tabernas, en Almería, o incluso la propia ciudad de Nueva York. Un esfuerzo para lograr que el Doctor regrese al lugar que le corresponde como uno de los héroes, y también antihéroes, más extraños de la ciencia ficción, un ser inclasificable e impredecible, pero en definitiva, un hombre loco, con el corazón de un niño, viajando en una cabina azul.

The First Question – Cincuenta años de serie

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