Ducentésima cuadragésima sexta tarde

Por Malaventura

 19:40

Había traído un regalo especial: una cajita de inocentes perfumes que provocaban serenidad en los sentidos propios y ajenos. 

19:41

Hablaba como nunca había hablado, con equilibrio y justicia. Agradezco a mis padres que no me envenenaran con ideas de odio. No quiero vivir odiando. No podemos ceder a los miserables el poder moral de la sociedad. Nadie puede sentirse espiritual y moralmente feliz en un mundo que produce vencedores y vencidos, ganadores y perdedores, ricos y pobres, ociosos y servidores, que premia el éxito y desprecia todo lo demás.

19:47

La base de una sociedad libre no es la ambición de dinero y de poder.

19:48

Premiar el talento en cualquiera de sus manifestaciones, manual o intelectual, práctico o teórico, individual o colectivo. Defenderse de la manipulación materialista. Triunfar. Edificar el altar del triunfo sobre la piedra de la sabiduría y la virtud.