La higiene es un elemento de gran importancia en la moral de la tropa, poder acicalarse en los momentos de descanso ayuda, como dijo un Marine cuando podía ducharse y afeitarse, “a sentirse un ser humano”. Además, es un asunto sanitario de peso pues evita infecciones.
En la retaguardia, o en los campos de prisioneros (con serias excepciones) había duchas comunitarias con agua caliente y ropa limpia para combatir los parásitos y mejorar la moral. Al igual que en el frente, muchas eran improvisadas.
La higiene era una prioridad y se manejaba con ingenio y recursos limitados para mantener a los soldados lo más limpios posible y ayudarles a salvar la vida. Otro bien valioso para la tropa era el tabaco, pues les ayudaba a relajarse de la gran tensión que se sufre en el campo de batalla. La higiene y el tabaco tienen una importante relación entre ellas, más allá de sentirse bien y aumentar la moral de la tropa.
En el frente del Este las patrullas alemanas estaban formadas generalmente por soldados no fumadores. Se puede pensar que la razón residía en que, de este modo, se eliminaba el riesgo de ser vistos por el enemigo cuando, por un descuido, a algún fumador se le ocurría encender un cigarrillo o por las campañas antitabaco lanzadas por el estado nazi y enérgicamente promovidas por Hitler que odiaba el tabaco.
Por si el intenso olor a sudor reconcentrado no fuera suficiente, había que sumar al hedor, el penetrante aroma que desprendía una loción que solían utilizar para acabar con los parásitos y que intentaba camuflar la peste corporal. El tabaco de escasa calidad que fumaban terminaba por rematar la pestilencia que emitían desde sus posiciones. De este modo los soldados alemanes podían olfatear la presencia del enemigo que se encontraba en las proximidades.
Para saber más: Episodios Ocultos de la Segunda Guerra Mundial, de Juanjo Ortiz My Laser TabacQuoraFrente de Batalla