Siempre he creído que los profesionales del ámbito social debemos potenciar la capacidad crítica de nuestros educandos, generar procesos de crítica y autocrítica ante la realidad que les rodea, luchar por conseguir ciudadanos con capacidad de decisión. Eso implica imparcialidad, respeto por todas las opiniones, tolerancia hacia formas de pensar distintas a las nuestras... Entonces, ¿el mundo de la política nos es totalmente ajeno? ¿Nos tenemos que mantener al margen de las políticas que nos afectan directamente? ¿Qué papel jugamos en el entramado? ¿Qué margen de subjetividad nos está permitido? ¿Qué nivel de implicación política sería el adecuado para no inteferir en nuestras funciones como agentes sociales?
Un artículo de Ramón López Martín, de la Universidad de Valencia, nos aporta más datos: Cultura Política y Educación Social. Dos realidades condenadas a entenderse
Como véis, es un tema que entremezcla ética, política, profesión, subjetividad, imparcialidad... ¡Espero vuestras aportaciones!