Revista Arquitectura

EL 15M Y LA CIUDAD: Reivindicar la política desde los espacios públicos

Por Paisajetransversal @paistransversal
por Ramón López de Lucio
El Movimiento de los Indignados que se expande por plazas y espacios públicos de las ciudades españolas desde mediados de Mayo, tiene una raíz muy clara como asunción colectiva por parte de toda una generación de jóvenes de las cada vez más insoportables condiciones laborales y vitales que padecen bajo el tardo-capitalismo financiero y la crisis global. 
Se ha producido una inesperada conjunción de las frustraciones personales y los sentimientos de rabia contenida e impotencia de centenas de millares de jóvenes en un movimiento colectivo que hace oír su voz y sus reivindicaciones básicas—derechos a un trabajo, una remuneración y una vivienda dignos—con fuerza y claridad. 
Pienso que el disgusto con la clase política (“que no, que no nos representan”) va más allá de una simple crítica a los mecanismos electorales, los casos de corrupción o lo que se percibe como su alejamiento de los problemas cotidianos. De hecho parece expresar una petición de autonomía de la política respecto a los poderes fácticos, esos anónimos “mercados” e insensibles instituciones financieras internacionales que exigen con voracidad inusitada más y más recortes sociales en más y más países. 
En este sentido se puede entender la crítica del 15M a la política y los políticos precisamente como una reivindicación de más política, de una política más vigorosa capaz de hacer valer efectivamente los intereses de la mayoría frente a las inacabables exigencias de una mayoría de ricos y poderosos. Que, desde las revoluciones conservadoras de los 80’ y los 90’ del siglo XX (Thatcher, Reagan, Bush, Aznar, ...), han impuesto una agenda centrada en una importante bajada de impuestos a las clases altas, en la desregulación generalizada de las actividades financieras, el progresivo desmantelamiento del estado del bienestar en particular en Europa, el permanente ataque a los derechos laborales y sindicales (se puede hablar de un retorno gradual a las condiciones de trabajo del XIX) y una creciente desigualdad en el reparto de la renta y la riqueza. Entiendo que el “déficit de representatividad” del que habla el 15M se refiere precisamente a ese sometimiento de los intereses colectivos de una amplísima mayoría, clases medias incluidas, a la desmedida codicia de unos pocos; porque, ¿qué sentido tiene la clase política sino es el de defender y representar a las poblaciones? 


Pero aparte de estas consideraciones generales quisiera reflexionar brevemente sobre el que considero uno de los aspectos más importantes del 15M: las formas y los escenarios que ha buscado el Movimiento para expresar sus críticas y su protesta. Lejos de medios clásicos como pueden ser las recogidas de firmas, los escritos en prensa o las algaradas ocasionales, se ha ido a la ocupación —permanente al comienzo, pautada temporalmente más adelante— de los espacios públicos urbanos más representativos: las plazas mayores, las principales avenidas, los atrios de los edificios más simbólicos. Enlazando así con la tradición de mayor prestigio en el mundo occidental, la de reunión de los ciudadanos libres de las ciudades-estado griegas en el ágora para debatir los principales asuntos públicos y tomar decisiones al respecto. Esta claro que esa democracia directa—de la que estaban excluidos mujeres, extranjeros y siervos—solo era posible con poblaciones deliberantes muy reducidas, del orden de pocos miles de individuos que habitaban espacios bien delimitados. En Estados de decenas de millones de habitantes distribuidos en territorios de centenares de miles de kilómetros cuadrados, como es el caso de España, es evidente que el mecanismo asambleario se puede llegar a convertir en algo extremadamente lento e ineficaz. Pienso que si el 15M quiere sobrevivir y ser operativo a medio plazo deberá buscar fórmulas para agilizar sus propuestas y sus acciones y para estructurar sus formas de toma de decisión. 
Pero en el corto plazo, en un momento fundacional como el que ha atravesado durante los últimos 2 meses, la ocupación de los espacios públicos más simbólicos y la utilización de métodos pacíficos de debate y construcción paulatina de consensos de mínimos ha sido de la máxima eficacia: de cara a su visibilidad social, a la amplia repercusión en los medios de comunicación tradicionales y, sobre todo, con vistas a facilitar una experiencia individual y de grupo—la del encuentro cotidiano, el contacto físico y el permanente debate abierto—importantísima e inolvidable para sus participantes. En un momento donde la realidad virtual y el aislamiento propiciado por los nuevos adminículos técnicos (móviles, PCs,...) parecía la norma, de repente los jóvenes del 15M descubren que tales instrumentos, a los que desde luego no están dispuestos a renunciar, se convierten en medios potentísimos para reconquistar la realidad y, en concreto, los espacios públicos más significativos de la ciudad. 
La Puerta del Sol en plena ebullición democrática (fuente: http://periodismohumano.com)
Cuando se pensaba que las nuevas generaciones basculaban entre la soledad de sus consolas y el aturdimiento consumista de los nuevos pseudo espacios públicos que son los centros comerciales y de ocio periféricos, he aquí que surge esta inesperada apropiación de la calle con fines políticos, por mucho que se reniegue de los políticos al uso. Apropiación que continua la tradición de las luchas sociales y sindicales de décadas pasadas pero reinventando por completo sus códigos, su estética y sus contenidos. Hay que subrayar aquí la fantástica organización interna del espacio Puerta del Sol (distribución espacial de comisiones, espacios asamblearios ,servicios ,itinerarios de circulación,…) y la emocionante experiencia del 19J en Madrid (concentraciones por barrios, comitivas que atraviesan los ejes de cada distrito, que festivamente se encuentran ,saludan y funden en puntos muy significativos de la ciudad para confluir en Neptuno, cerca de las Cortes ,y escuchar en silencio el último movimiento de la 9ª de Beethoven, el himno de una Europa raptada de nuevo no por un sublime toro mitológico sino por unos anónimos mercados especulativos). 
Vista aérea de la plaza de Neptuno el 19 J
Cuando también se suponía a los jóvenes de las distintas geografías peninsulares capturados por los cantos de sirena de nacionalismos excluyentes, los encontramos manifestando al unísono su indignación en decenas de plazas mayores, con razón mucho más preocupados por sus problemas de inserción laboral y de perspectivas vitales que por supuestas identidades lingüístico-culturales que pretenden enfrentarlos y hacerles olvidar cuales son los enemigos comunes de verdad. 
El movimiento 15M a redescubierto a los jóvenes inéditas posibilidades de utilización de la ciudad y de sus lugares públicos. Ha espacializado con intuición certera sus primeras formas organizativas, ha dado a luz nuevas formas de emplear la ciudad para reforzar y reconstruir lazos generacionales e intergeneracionales, para producir situaciones nunca antes experimentadas de elevada carga emocional y significativa. De nuevo es la ciudad—la máxima y milenaria expresión de la colaboración y la organización humana—la que adquiere protagonismo, ayuda a aunar voluntades y a construir identidades que deberán servir para que el futuro no sea una simple y ciega ruleta manejada por los intereses suicidas de un sistema autodestructivo que habrá que modificar para salvarnos todos.

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