Revista Espiritualidad

El afán imposible

Por José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta
En relación a vuestro extraordinario debate sobre la "mujer cabreada"  (donde, por cierto, se echa de menos la participación femenina), coincido con vosotros en que, paradójicamente, la "liberación feminista" -que no "femenina"- ha confundido y dañado a muchas mujeres, y a la sociedad, tanto o más que el machismo del que pretendía salvarlas. Los extremos se tocan. Cuando luchas violentamente contra algo, te conviertes en lo mismo que odias. Etcétera. Y esto me conduce a una reflexión sobre el asunto que da título a este post.

El Tao Te King (e imagino que muchos otros libros de sabiduría) lo dijo todo:

La espada que afilamos continuamente
no conservará mucho tiempo su hoja.

Cap. 9

Es decir:

Cuando apuestas y ganas continuamente en el casino, finalmente lo pierdes todo.
Cuando educas rígidamente a tu hijo, obtienes un rebelde opuesto a tus ideas.
Cuando te empeñas en poseer el amor de alguien, consigues su odio y su rechazo.
Cuando sigues una dieta "de salud" a rajatabla, acabas enfermo.
Cuando te obsesionas por la libertad, logras una tiranía.
Cuando quieres lujos sin límites, creas el erial que te devuelve a la prehistoria.
Cuando tu objetivo es disimular tu neurosis, la empeoras.
Cuando tu pasión es ser "feliz", acabas desesperado...
Etc.
Así, siempre, invariablemente, los resultados de nuestras acciones son proporcionalmente contrarios al esfuerzo que pusimos en ellas. Lo que, pese a ser dramáticamente obvio, es ignorado por la mayoría de seres humanos. Y esto nos confirma que, lejos de movernos por la "razón", somos títeres de invisibles, poderosas e irracionales fuerzas inconscientes.
¿Por qué todo sale siempre al revés de nuestros afanes? Por la misma razón que no puedes pescar removiendo a gritos el agua: tu propia agitación ahuyenta a los peces. O por lo mismo que no puedes arreglar un reloj con guantes de boxeo: ¡ni siquiera lograrás tocarlo! Etcétera.  De igual modo, el "ruido" y la "desconexión" de nuestro egocentrismo, de nuestro narcisismo sin límites, respecto a una realidad que es esencialmente viva, fluida y misteriosa, matará o, al menos, impedirá "modificarla".
El mundo es como un huevo o una flor: no puede ser mejorado ni reparado. Sólo puede ser cuidado con respeto. Cualquiera que sueñe lo contrario vive aún en la etapa infantil de destripar los juguetes para analizarlos.
Pero entonces, si cualquier cosa que anhelemos -desde la democracia o la igualdad femenina hasta el amor o la salud ideal-, siendo expresiones de nuestro narcisismo, nos conducen inexorablemente a lo contrario, ¿qué podemos hacer para "mejorar" las cosas? ¿Combatir nuestro ego, reprimirlo, etc., tal como intentan la moral y las leyes? Bueno, tal esfuerzo es también  narcisista y nos conduciría a lo mismo...  ¿Entonces...?
Deducidlo vosotros mismos, blogueros/as.

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