Alguien podrá considerar desproporcionada esta afirmación guiado por el espejismo que supone el invento de los “interfaces” que, a modo de un moderno escribano del siglo XXI, nos adecuan los programas al lenguaje que conocemos y que ya pertenece al siglo anterior. Por poner un ejemplo particular que también se ampara en el mundo del ordenador, la situación se asemeja a la de los traductores de idiomas cuyo uso todos sabemos ofrece unos pobres resultados que condicionan mucho el sentido final de nuestras palabras originales, llegando peligrosamente a desvirtuarlas de no tomar muchas precauciones en su corrección (quizás por ello nadie en su sano juicio utilizaría un traductor para redactar una emocionada carta de amor).
No conocer el lenguaje de la programación nos hace dependientes y esclavos de aquellos que si lo manejan y nos manejan a su entera disposición. Y si alguien quiere una prueba de esto, que se pregunte el porqué de los anuncios tan segmentadamente atinados que recibe insistentemente en su ordenador.
Soy consciente de que lo dicho suena a ciencia ficción, la misma que percibió aquel descreído vecino de Gutenberg cuando esté le contó que había inventado una máquina que revolucionaría el mundo de la comunicación…
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro