El aire, tan espeso como la música,
se colaba despacio y sereno
entre las rejas de la ventana,
bailando junto a las cuerdas cimbreantes
de aquel arpa...
El aire, apenas se recordaba a sí mismo,
siendo ya música cálida y mansa,siendo llama en el hogar humeante,
y aroma de amatista engarzada...
El aire,
clama ahora serenojugando a tensarse con los silencios,
con los recuerdos y con los cabellos de algún ser amante...
Y ya no se aspira más su elemento,
sino fábula dorada,que se cuelga del arco dorado
que sostiene sus cuerdas mansas.
Porque eres, arpa,
el amor mío,y acaparas todas la claves del donaire
cuando tocas tu canción,
mi vida,
la que respiro hondo y no olvido
la que escanciada se nubla
para olvidarme...