Dice el DRAE sobre el verbo "dedicar", en su segunda acepción, que es: "Dirigir a alguien, como obsequio, un objeto cualquiera, y principalmente una obra literaria o artística." Se acercan días de libros en la calle y de escritores firmando. "¿Puede dedicarme su libro?" Junto a la satisfacción de contar con un lector, el apuro de cómo dedicárselo. Pues si conviene que los lectores respeten ciertas normas antes de lanzarse a la búsqueda de firmas, también los autores han de cuidar de estar a la altura de las expectativas de su público. Los más, salen del paso empleando una fórmula que no comprometa a nada: "A Fulanito, con afecto" -aunque es la primera vez que ve a Fulanito, y no ha tenido tiempo material de crear ningún vínculo afectivo con él-, o algo así. Más peliaguda se pone la cosa si el autor ha tenido cierto roce social previo con el solicitante de dedicatoria. Tal vez este conocido se sienta agraviado si recibe la misma dedicatoria que el lector totalmente desconocido, pero ¿cómo calibrar con exactitud el grado de amistad que les une? ¿Es lícito dedicarlo "A mi amigo Fulanito" si el tal amigo es simplemente el novio fugaz de una amiga, con el que no hemos cruzado más de tres o cuatro frases en nuestra vida? Otras veces es el propio lector el que le dicta prácticamente la dedicatoria al autor: "Dedíqueselo a mi hija Mariví, en el día de su cumpleaños. Porque cumpla muchos más." ¿No sería más lógico que fuese el comprador del libro -y quien lo ofrecerá como regalo- el que inscriba una dedicatoria así? Algunos afortunados escritores poseen habilidad no sólo con las palabras, sino también con el lápiz, y salen del paso trazando algún ingenioso dibujo junto a su firma. Suele llevar algo más de tiempo, pero seguro que les pone en menos compromisos.La versión más cutre de todo esto se da en ciertos casos de autores megabestsellers, a quienes para intentar contentar la demanda de sus fans, los editores hacen firmar un buen número de ejemplares a ciegas, que luego se ponen a la venta con ese "plus".
"A C. Wright Mills,
verdadera voz de Norteamérica, amigo
y compañero en la lucha de Latinoamérica."
Dedicatorias que son declaraciones de principios, como la de Juan Ramón Jiménez, "A la minoría, siempre". Y, algunas veces, dedicatorias más ingeniosas, que nos dicen algo tanto del autor como de la intención de su obra.
"Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona grande. Tengo una seria excusa: esta persona grande es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona grande puede comprender todo: hasta los libros para niños. Tengo una tercera excusa: esta persona grande vive en Francia, donde tiene hambre y frío. Tiene verdadera necesidad de consuelo. Si todas estas excusas no fuesen suficientes, quiero dedicar este libro al niño que esta persona grande fue en otro tiempo. Todas las personas grandes han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan.) Corrijo, pues mi dedicatoria:
A LEON WERTH,
cuando era niño
Es, como ya habrán adivinado, la sentida dedicatoria con que Saint-Exupéry comienza El principito (1943). Creo que es importante recordar la fecha en que fue escrita, porque la mención al hambre y el frío que pasaba Léon Werth no es gratuita. De hecho, en Francia esta obra solo se llegó a publicar a partir de 1946, una vez acabada la guerra.