Revista Cine

El “boom” del "remake" fílmico: ¿crisis de guiones o algo más?

Publicado el 11 noviembre 2010 por Alfmendiz
Basta echar una mirada a las historias que nos cuentan las producciones cinematográficas para advertir que algo va mal en el trabajo de los guionistas. Esas historias ya nos las sabemos: son remakes de filmes clásicos o europeos (últimamente, también asiáticos) que vuelven a contar el mismo argumento sin ninguna –o muy escasa– variación en el relato.
El caso más reciente es Let me in (2010), dirigida por Matt Reeves: una historia vampírica de dos niños que no encuentran su lugar en el mundo y se comunican por morse a través de las paredes. Es la versión americana de la misma historia que contó el director sueco Tomas Alfredson hace un par de años. Pero no es el único. En 2009 vimos el estreno de Karate Kid, versión idéntica al clásico de 1984; el remake de Pelham 1,2,3, con John Travolta y Denzel Whasington en los papeles que interpretaron Bernard Shaw y Walter Matthau en el filme de 1974; o la cinta El Equipo A, que convierte en thriller prepidante la famosa serie televisiva de los ochenta.
Pero esto es sólo el principio. En agosto se inició el rodaje de Perros de paja, remake del clásico de Sam Peckinpah dirigido en 1971, que ahora interpretará James Marsden en vez de Dustin Hoffman. Y están en fase de pre-producción las versiones “actualizadas” (¿?) de My Fair Lady (con Carey Mulligan en vez de Audrey Hepburn), El increíble hombre menguante (con ¡Eddy Murphy! en el papel que Scott Carey encarnó hace cincuenta años) o Los pájaros, con Naomí Watts en el lugar de Tippy Hedren y –no se lo pierdan– George Clooney en el de Rod Taylor.
¿Cuál es la causa de este “boom” tan fílmicamente explosivo? Muchos aluden a la famosa huelga de guionistas de los años 2007 y 2008: cuando quisieron hacer oír su voz –y, de paso, aumentar sus salarios– argumentando que una película es, antes que nada, una buena historia. Y que sin un buen guión es imposible hacer una película. Es verdad. Aquella huelga lo hizo patente, y fue también la causa de que se echara mano de películas con éxito para volver a contarlas con más fuegos de artificio. Pero hay otras razones…
Recuerdo que, hace años, cuando estudiaba Guión y Producción en la Film School de UCLA, en Los Angeles, le planteé este asunto de la proliferación de remakes a mi profesor de Escritura de Guiones, Set Winston (ganó el Óscar al mejor cortometraje aquel mismo año). No olvidaré nunca su respuesta. Me miró, sonrió y simplemente dijo: “Cuando hay crisis de historias, lo que ha entrado en crisis es la cultura”. Me quedé pensando esa frase. Y entonces comprendí que una sociedad está viva y genera historias –tanto en la literatura como en el cine- cuando tiene valores que le impulsan a contar, a plasmar argumentos interesantes en la pantalla. Toda historia plantea un tema, un valor. Si nuestra cultura entra en crisis –y actualmente lo está, como lo están nuestros valores– entonces no tenemos nada que decir. Y, por lo mismo, tampoco tenemos nada nuevo que contar.

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