El caballo que Gadafi regaló a Aznar y las armas que España vendió a Trípoli.

Publicado el 01 marzo 2011 por Santiagomiro

“El Rayo del Líder”, regalo de Gadafi al ex presidente Aznar.


Gadafi recibido por el Rey y por el presidente del Gobierno el 18 de diciembre del 2007. El mismo que ahora es condenado y denostado por todos los organismos internacionales.


Entre el regalo que Gadafi hizo a Aznar, en su visita a Libia en septiembre del 2003, y la visita que Zapatero recibió del líder libio, en junio del 2007, sólo median cuatro años en los que España cambió de Gobierno pero no tanto de política de exteriores. El dictador supo engatusar con sus gestos a dos presidentes españoles de políticas supuestamente opuestas aunque cada vez más de idénticas reacciones. Aznar fue el primer líder occidental en visitar al guía supremo de la Gran Jamahiriya Arabe, en Trípoli, tras el levantamiento de las sanciones impuestas por la ONU. Y, como muestra de agradecimiento, Gadafi le ofreció un caballo de pura sangre. Zapatero, el presidente socialista que consiguió entablar importantes relaciones comerciales con Gadafi. Ambos se sienten orgullosos de ello.
Pero las buena relación entre Libia y España se mejoraron con la subida de los socialistas. “Libia es un país muy importante para la zona del Mediterráneo y para el Magreb”, afirmaba el 1 de septiembre de 2009 Miguel Ángel Moratinos, a la sazón titular de Exteriores. Ese día, Muamar Gadafi celebraba sus 40 años en el poder con una fiesta que costaría 40 millones de dólares a la que también acudieron el italiano, Silvio Berlusconi, el serbio, Boris Tadic, el venezolano Hugo Chávez o el presidente palestino, Mahmud Abás. Moratinos alabó la labor “constructiva” del régimen en la zona. La misma que había citado Aznar en el 2003, al regalarle Gadafi el pura sangre. “Todos los pasos dados por Libia son positivos –aseguraba Aznar–. Libia está haciendo el camino contrario a Cuba, y eso conviene saberlo”. Y los lazos comerciales entre ambos países no dejaban de crecer.
En febrero de 2007, Repsol YPF anunciaba el descubrimiento en Libia del mayor pozo petrolífero de su historia, lo que le iba a permitir duplicar su producción, hasta los 450.000 barriles diarios. Y Libia le proporcinó a España el 13% del total de crudo. En diciembre de ese mismo año, Gadafi hacía su primera visita oficial a España. El presidente libio llegó primero a Sevilla y Málaga con un séquito de 300 personas –incluidas las amazonas vírgenes– y un reguero de lujosos Mercedes. Instaló primero su jaima y recibió a Aznar, que le pidió una exhibición de caballos en directo. Luego, se trasladó a Madrid y fue recibido con todos los honores de Estado. El rey Juan Carlos le devolvió la visita en enero de 2009. Dieciocho meses más tarde, Zapatero visitaba Trípoli y era recibido por el autócrata libio, volviéndose a ver una vez más el pasado 29 de noviembre, con ocasión de la cumbre Unión Europea-África.
“El Rayo del Líder” hoy habita un box de madera colindante con los de Zar, Almirante, Elmer y Bengalí, cuatro lustrosos corceles que le hacen la sombra. Es un caballo pequeño que estira el pescuezo para asomar el hocico por encima de la puerta. El equino que Gadafi regaló a Aznar se asemeja más a un poni que a un caballo de raza árabe. Y, pese a que prometió al líder libio que lo montaría con sumo cuidado y mucho gusto, no creo que Aznar lo hiciera ni siquiera una sola vez. Prefirió endosarlo a la Benemérita y nunca más se supo de él. Sus compañeros de cuadra realizan labores de seguridad, control de masas y orden público, pero “Rayo”, a semejanza de su ex propietario, permanece enclaustrado en su habitáculo de madera, con una mancha involuntaria e imborrable en su piel: el haber pertenecido al dictador libio. Hasta el momento, nadie lo ha utilizado ni siquiera para cualquiera operación rutinaria del Cuerpo.
Por su parte, el presidente Zapatero, embelesado por “el hombre que devolvió la dignidad a su pueblo” y por su supuesto mito “socialista”, recibía con los brazos abiertos por primera vez a Gadafi, en diciembre de 2007, y le agasajaba con una cena. Sus atenciones merecieron la confianza del libio, quien, un año después, comprara armas a España por valor de 3,83 millones de euros. Las mismas bombas, botes de humos, minas, misiles, cartuchos –dicen– que acaba de utilizar contra su pueblo, castigándolo por haberse atrevido a levantarse en rebeldía contra el dictador. Su temperamento iracundo, el mismo que le ha llevado a bombardear a su pueblo bajo la promesa de un paraíso eterno, contrasta con la templanza de “El Rayo del Líder”, regalado a Aznar. Y el jefe del Estado español ya no anda con las mismas florituras, observándole de reojo y alineándose con las grandes potencias contra un Gadafi que ya no engaña a nadie. Son los patinazos de un poder que hoy trata de recomponerse, tras haberse dado un batacazo. En todo caso, una cosa es segura. Y es que los resultados del mismo son los españoles quienes los sufrirán.