El camino

Publicado el 18 noviembre 2016 por Wig

Muévete y el camino aparecerá. Como por arte de magia. Si te estás quieticito, también. El camino siempre aparecerá hagas lo que hagas. Pero si te mueves verás más lejos y medirás mejor las paradas de espera entre estación y estación. Como si fuera un tren, tu emocionabilidad, va dando tumbos de parada en parada, porque siempre uno no puede estar en movimiento. Ni se puede estar siempre estático. Pero es un tren sin vías ni rieles. Así que el vaivén se nota más. También hay literas para descansar un rato cuando el camino es largo y cansa. Pero no duden de que el camino aparecerá. Aparecerá aunque no quieran, como en esas ocasiones que uno quiere que termine. Hay caminos pedregosos a ratos, o no tan a ratos. Dicen que cada uno soporta su cruz, pero no dicen cuánto pesa la de cada uno, pues unas pesan más que otras. Y piensen ahora en el camino y la cruz. Bien termina lo que bien acaba. Y hay cientos de caminos que podemos elegir y de los que podemos retroceder, puesto que es mejor esto último que caerse por un precipicio. O no. A veces es mejor caerse por un precipicio que retroceder. Es más, muchos dirán: retroceder, ¡jamás! Pero esta es una palabra que difícilmente se puede tomar como promesa. Porque nuestras emociones no son constantes, ni eternas; y van variando como varía el tiempo, y éste nunca está quieto, siempre avanzando. No diré inexorable, pero sí segundo a segundo. Y muchos segundos marcan un camino. A seguir. O a observar antes de seguir.